Objetivo Desarrollo Sostenible #2: Hambre Cero

La necesidad es una fuerza que impulsa la innovación. Para solucionar los problemas de nuestros tiempos y, en especial, el problema del hambre, debemos innovar en  agricultura

La necesidad es una fuerza que impulsa la innovación. Para solucionar los problemas de nuestros tiempos y, en especial, el problema del hambre, debemos innovar en  agricultura.

Según un reporte de las Naciones Unidas, el hambre está creciendo e incide en el avance mundial; la amenaza de no tener un plato de comida asegurado alcanza ya al 26,4% de la población del planeta.  Además, por tercer año consecutivo, más de 100 millones de personas sufren la forma más grave de hambre, y otros 143 millones están a un paso de ese destino. El clima y los desastres naturales han conducido aproximadamente a 29 millones de personas a esta situación (ONU, 2019).

En América Latina, 4,2 millones de personas no tienen qué comer; esto último es básicamente como si toda la población de Costa Rica se estuviera muriendo de hambre. Cuesta imaginarlo, pero es una realidad. El hambre en Costa Rica afecta a menos del 5% de la población, lo que incluye  niños, adultos mayores y personas con discapacidades.

A pesar de que en Costa Rica se ha logrado disminuir considerablemente la brecha alimentaria a principios de siglo XXI, todavía hay muchas personas que no tienen seguridad alimentaria, eso significa que aún hay miles de personas en nuestro país que hoy no pudieron comer y mañana no se sabe. El hambre es una manifestación de la pobreza, pero también constituye una señal de la exclusión de falta de oportunidades y acceso a comida saludable, ya que al mismo tiempo que hay niños con hambre y malnutrición, Costa Rica es el país centroamericano con la cifra más alta de sobrepeso infantil: con un 8,1%. Mientras unos niños se acuestan con hambre, otros se enferman por sobrepeso y sufren problemas cardiovasculares y diabéticos (ONU, 2019).

La exclusión niega a muchas personas el acceso al alimento necesario para una vida saludable, pero también el acceso al conocimiento y las oportunidades para enfrentar el hambre que viene acompañada de la pobreza. Es importante destacar que no todo el que es pobre tiene hambre y que la producción de alimentos naturales es una herramienta fundamental para combatir el hambre y la pobreza. Mi abuelito, por ejemplo, vive sembrando árboles frutales, frijoles, maíz, guineos, bananos y plátanos, y todo tipo de plantas y vegetales; y, gracias a sus esfuerzos y su conocimiento, el hambre no tuvo un efecto negativo en nuestra salud y, por ende, en nuestras vidas. Por su ejemplo, se puede apreciar el valor de producir para la subsistencia, porque si bien el hambre es una condición tan cruel, es peor no tener ninguna herramienta para combatirla. Bien lo reconoce la propia FAO en Agricultura familiar en América Latina y el Caribe: recomendaciones de política (2014) cuando señala  en el prólogo  que  “La agricultura familiar es un sector clave para lograr la erradicación del hambre y el cambio hacia sistemas agrícolas sostenibles en América Latina y el Caribe y el mundo. Los pequeños agricultores son aliados de la seguridad alimentaria y actores protagónicos en el esfuerzo de los países por lograr un futuro sin hambre”.

La experiencia que he recogido en el ámbito familiar me hace pensar que ante la necesidad de producir alimentos para la población más vulnerable de Costa Rica y el mundo, en especial Latinoamérica, es necesario crear nuevos sistemas de producción, basados en la capacidad de amplios sectores de la ruralidad, contraponiendo estas iniciativas a otras  que surgen de explotar a otros sistemas de producción que frecuentemente  resultan ser  insostenibles,  muy dañinos para el ambiente  y que no logran alimentar a todos sin comprometer la vida de los bosques y los mares.

Incluir a los sectores más vulnerables en la producción innovadora y ambiental de alimentos no solo proporciona una vida saludable, sino que puede ayudar al resto del mundo que no tiene qué comer. Debemos usar métodos más eficientes y sostenibles como la hidroponía y la acuicultura, reducir nuestra dependencia de fertilizantes artificiales y pesticidas que afectan a los polinizadores y a los microorganismos que son la base de los ecosistemas.

El hambre nos puede afectar a todos, como ya afecta a 113 millones de personas. Espero que nuestro país logre el Objetivo de Desarrollo Sostenible hambre cero, pero para esto es necesario el esfuerzo conjunto de quienes vivimos en Costa Rica.


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