Max Ulloa y la restauración de la fuente (In Memoriam)

Conocí al artista Max Ulloa, de la manera más inaudita. En el año 2012, yo pretendía saludar a la persona que hizo la segunda restauración

Conocí al artista Max Ulloa Royo, de la manera más inaudita. En el año 2012, yo pretendía saludar a la persona que hizo la segunda restauración (1991) de la mítica fuente Cupido y el Cisne, y todos los dedos apuntaban a Max. Nadie me daba razón de su casa, hasta que una voz piadosa me dijo: “don Max vive en Cartago, esta es su dirección”. Aquellas señas, a la tica, me resultaron improbables. Decían que Max vivía en la cuadra suroeste del Convento de los padres Capuchinos, en una pequeña ciudadela, cuyas casas fueron construidas, después del terremoto de 1910.

Casi convencido de que esa dirección tenía que ser errónea, hasta allá llevé mis pasos. Toqué el timbre y me abrió un amable señor. “¿Aquí vive don Max Ulloa, el escultor?”. “El mismo. ¿En qué le puedo servir?” Y desde ese día nos hicimos amigos, una amistad, siempre fundida a los hierros de la fuente, porque aunque al principio solo de ella hablábamos, con el tiempo me fue mostrando su universo de artista lleno de esculturas, pinturas, exposiciones, y también su taller. Max no era un restaurador profesional. Pero un curso especializado en metalurgia, impartido en el Instituto Tecnológico de Costa Rica, más sus notables dotes de escultor, lo convirtieron en la persona idónea para asumir aquel reto de ejecutar la segunda restauración de la obra (la primera la hicieron los ingenieros Jorge Mario Delgado Madrigal y Herbert Nanne Michaud, cuando Cupido y el Cisne se afincó en la facultad de Agronomía, en 1973).

Que Max Ulloa viviera en esa casa me pareció inverosímil, porque cuando yo era un niño viví, junto con mis padres y hermanos, en esa misma casa, mejor dicho, en la misma propiedad, a finales de la década de 1960. Era aquella una bella vivienda de madera, que dio lugar a esta nueva casa donde ahora vivía Max con su esposa. Y para mi sorpresa, cuando ellos construyeron esta casa decidieron conservar tres elementos de la antigua vivienda, que yo recordaba con precisión: una mata de tuna de 4 metros, en el frente de la casa; y en la parte posterior, un árbol de naranja agria, y una larga pared de pinotea, perfectamente conservada.

Una vez que conté al incrédulo y sonriente Max aquella feliz coincidencia de la casa (nunca lo sentí convencido de ello), nos pusimos a hablar de la fuente. Entonces su voz tan suave y cadenciosa subió de tono y emoción, para responder todas mis preguntas. “Tuve que modelar muchas piezas pequeñas para sustituir hojitas y raíces de la taza y del fuste de la fuente, que estaban quebradas; las fundimos en el taller industrial Villanea, en San José. La fuente estaba en muy mal estado, en especial el cisne, pero dichosamente pudimos rescatarla y ponerla a funcionar, con su respectiva bomba. La entregamos en un color negro azulado, que se obtuvo por el método de pavonado, es decir oxidación por calor. Fueron seis meses de intenso trabajo, porque además la soldadura de hierro colado es muy delicada, pues se debe trabajar a muy bajo amperaje. El método de “Sandblasting” (limpieza abrasiva), que prepara las piezas para recibir la pintura, lo hicimos en la empresa Westomatic, en Ochomogo”. Ese día, en la casa de Max, recibí un apasionante curso condensado de restauración en hierro. Nunca olvidaré aquellas palabras y el impresionante nivel de precisión, para rescatar cada detalle de su labor.

Esa segunda restauración de la fuente formó parte del proyecto de construcción de la plaza frente a la Biblioteca Carlos Monge Alfaro. A finales de 1991 la fuente quedó en el sitio actual, y la plaza se inauguró el 27 de febrero de 1992.

Mi última visita a la casa de Max fue una semana antes de que falleciera (2 de marzo pasado), a causa de una larga y penosa enfermedad, que desde hace meses lo había alejado de su taller y de su trabajo. Afortunadamente su obra, dentro y fuera de Costa Rica, es muy amplia y conocida. Cupido y el Cisne también lleva en su historia, la huella del gran artista y mejor ser humano que fue don Max Ulloa Royo.


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