Opinión

Mario Oliva partió a historizar y a ensayar el Cosmos

La Universidad Nacional, el Instituto de Estudios Latinoamericanos (IDELA), Chile, Costa Rica, Latinoamérica, el planeta y este minúsculo punto de la Galaxia perdió a un gran ser humano. Mario, un maestro de generaciones, excepcional, de pensamiento y acción latinoamericanista, hoy remonta el camino a lo inconmensurable e infinito.

Mario Oliva Medina, profesor de la Universidad Nacional, fue un fecundo investigador, escritor y ensayista nacido en Chile que llegó a Costa Rica en 1976 con un gran trabajo en los estudios sobre América Latina. También se desempeñó como Decano del Centro de Estudios Generales, Vicerrector de Extensión (2010 -2015) y dirigió el Instituto de Estudios Latinoamericanos IDELA (2015-2020).

Las clases con Mario Oliva eran un goce intelectual de la historia de la región, de pintura, poesía y ensayo. Como olvidar sus interesantes “entremeses no escritos” que brotaban naturalmente de su forma particular de recontar las esquinas de la historia. Esa historia no oficial, esa otra olvidada, marginada y sus filtros críticos le daban sentido a estar reviviendo, en primera persona, pasajes del trabajo muralista de Julio Escámez Principio y fin, una obra monumental que adornó la Municipalidad de Chillán y que fue destruido con pico y mazo por las bestias militares, posterior al golpe de Estado de 1973 en Chile. De este hecho erizante de la historia saltaba a otro de tono balsámico sobre una conversación en la cama del hospital de Heredia, donde estuvo acompañando a Julio en su trascender.

Ese encuentro de Mario con Escámez, en los últimos días de uno de los más grandes pintores contemporáneos latinoamericanos, fue un evento que seguramente ayudo a ambos a partir en paz y con el deseo de seguir conversando ahora por siglos, sin la preocupación del calendario y la vida terrenal.

Me imagino que Mario llegó apresurado, de una vez preguntando por Julio y enseñándole el libro con sus obras que con tanto empeño le hizo y con tanta pasión nos narró sus pinturas, murales, grabados o dibujos. Después, seguramente buscará a las personas actoras de su investigación. Sin prisa, pronto estará hablando con Gabriela Mistral o José Martí y le contará partes de sus escritos sobre sus huellas y la influencia de sus pasos por Costa Rica.

Por millones de años en días y noches infinitas volverá a buscar a las personas “insiliadas” de la guerra civil en Costa Rica del 48, para repasar y comprobar sus textos, tendrá atento su pluma y sobre los mismos libros tachará y agregará con la gran mística que lo impulsaba. Lo mismo durante milenios. Tomando “las once chilenas” (té y comida de media tarde), para hablar con los personajes “exiliados, expatriados y los desexiliados” chilenos en Costa Rica sobre todo con aquellos que están por allá desde hace rato y esperan al “historiador de sus vidas” para contar su verdad, ya sin tanto apremio o preocupación.

Seguirán en su lista personas socialistas, artesanas, obreras, sindicalistas, poetas, las del “Repertorio Americano”, las exiliadas de la guerra civil española, las que ahora están solo en sus ensayos y muchas otras voces obviadas y silenciadas.

En una esquina de la galaxia cercana al brazo de Orión se sentará a conocer a los personajes de Cien años de poesía popular y a escuchar “la musa proletaria”, ese género olvidado y marginado de poesía proletaria costarricense, de la primera mitad del siglo XX, que fue producida por obreros y artesanos de la ciudad.

Él se tomará su tiempo para comprobar y escuchar las historias, y buscar las respuestas que surgieron de las investigaciones, minuto a minuto, día por día, siglo por siglo, desde el inicio del universo, galaxia por galaxia, sistema por sistema, planeta por planeta, porque tiempo y pasión son lo que sobrará ahora para ensayar en obras eternas.

Fue su pasión una forma pedagógica que llega directo al corazón, sin necesidad de intermediarse por la razón. Sentir esa pasión y emoción por la historia es lo que más me cautivó y me hicieron retomar mi propio ímpetu por profundizar sobre lo que me gusta historizar y ensayar, ese “realismo del realismo” como catálogo mi ensayo de final de curso sobre Terrorismos a la Tica.

Hay profesores que marcan, que cambian las dimensiones, que rompen esquemas porque trasmiten amor, ese cariño por el saber crítico, que entregan tanto que ilusionan volverlo a pensar, leer sus textos, pero sobre todo estimulan e inspiran para crear. Si bien conocí a Mario por una fracción de su paso de unas cuatro décadas por la UNA, tuve el privilegio de reconocerlo como “el árbol poderoso” dando su mejor semilla que “llega al fruto, al árbol, al infinito bosque que el viento hará cantar”, como escribió Roque Dalton en su poema Ley de Vida.

Un abrazo fuerte a mis profesoras y profesores que construyeron este utópico IDELA, donde me embarqué y remo hoy también como un colega más; por favor les pido que retrasen su trascendencia de este mundo e ir a gozar con Mario, porque se me están yendo tantas personas que quiero y con las que hemos luchado tanto por cambiar el mundo desde y fuera de las aulas.

A Raquel Cruz, Marcos Guevara, Sylvia Carbonell y Mario Oliva que se tomen un café astral y hablen, se van a caer muy bien, nosotros acá tristes, pero por allá van a pasarla bien entretenido.

Salud y hasta siempre, Maestro.

 

Ir al contenido