Los tejedores del Bicentenario

Ottón Solís, hombre fuerte del Partido Acción Ciudadana (PAC), interpretaba la aplastante victoria del nuevo presidente electo, Carlos Alvarado, como una “nueva oportunidad”_para_su_agrupación_en_la_lucha_a_favor_de la transparencia.

Si bien Solís da en el clavo, el 60% de votos obtenido por el colega Alvarado permite, además, preguntarse qué pasará en política con miras a las elecciones de 2022 y las festividades del Bicentenario de la independencia de España.

En el PAC llegaron fuerzas en declive, según las elecciones de febrero pasado, que ven en Alvarado la oportunidad para “resucitar”, como el Ave Fénix, con miras al 2022, en un ambiente dónde no se profundizaron temas de fondo, que, por lo que parece, es el reclamo de quienes eligieron a Alvarado. Más que un voto asertivo a favor del PAC, es un sufragio duro y desafiante. Quiero decir que, por encima de las diferencias religiosas y creencias sexuales comentadas durante toda la segunda ronda –presentándonos una “sociedad fragmentada”–, esta fragmentación tiene otras causas. Los costarricenses votaron, además, contra Fabricio Alvarado, a quien favorecieron en las elecciones de febrero pasado, al conocer su oposición al matrimonio igualitario y tras percatarse de sus planes contra el ICE (cogeneración privada de energía), el alineamiento suyo al Trumpfacismo en política exterior, sus simpatías confesas a privatizar cada vez más la seguridad social, su posición a favor de no ir a las causas del déficit fiscal –reduciendo aún más el Estado– y las restricciones financieras a la universidades públicas (para favorecer el negocio privado), entre otros temas.

Esto hizo que jóvenes y veteranos de Foro por Costa Rica, entre otros, dieran un nuevo impulso al PAC para que ganase por barrida. Es decir, son votantes que conocen perfectamente los mandos medios y altos, y, especialmente, donde está incrustada la corrupción. Ellos saben por qué y quiénes controlan las filas y las listas de espera en la Caja. Este votante sabe más que los propios políticos se imaginan; por ejemplo, por qué las obras de infraestructura duran años para ser levantadas y casi todas ellas valen un precio al principio y al final tienen otro, siempre para arriba.

El arrollador triunfo de Alvarado nos indica que quieren una política exterior de convivencia con el resto de América Latina, sin injerencismos, en contraste con lo que ofrecía Fabricio. Este votante da al PAC “una segunda oportunidad”, pero levanta la mano contra el sistema tributario regresivo que produce el 64% de lo recaudado mediante impuestos indirectos, del cual el 42% es por el tributo de ventas. No quiere el fraude fiscal que algunos inescrupulosos empresarios privados practican por un 8.22 % en relación con el Producto Interno Bruto (PIB), del cual un 4.23% proviene de la renta y otro 2.36% de escamotear el impuesto de ventas. La subfacturación en intercambio comercial llega a un 38.8 % del PIB, según el Bloque Unitario Sindical y Social

Es una segunda oportunidad para el PAC sí comprende dos aspectos fundamentales. Por un lado, que el costarricense apoyó una “revolución ética” que implica inclusión social, igualdad de oportunidades, seguridad social y ciudadana; esta última controlada por un estado fuerte que revierta lo que hemos regalado a mares, la sobraría, y promueva la implacabilidad con la corrupción. Por otro lado, que el PAC tuvo el respaldo abrumador porque ven en esta agrupación la opción viable para que revertir los nefastos resultados de modismos económicos; jamás como el resucitador de aquellos que no pierden de vista el 2022. Si eso lo comprende, tendrá claro que, por encima de acuerdos entre cúpulas –necesarios en casos como estos–, quedó obligado a tejer “quirúrgicamente” los distintos sectores atrofiados por los políticos tradicionales.

Este votante del PAC pide protagonismo y participación en la democracia, que va más allá de la mera democracia representativa, aunque esto asuste a muchos. Solo el PAC es ahora el responsable de que este país no se nos desboque y caiga en otros peligrosos fundamentalismos. Por eso, comparto plenamente las palabras de mi siempre apreciado filósofo y exprofesor de derecho, Francisco Antonio Pacheco, cuando se preguntaba por el futuro de Costa Rica y señalaba que “cada uno deberá reflexionar cómo hemos llegado a esta situación y preguntarse por nuestro futuro político. ¿Estamos frente  a una tragedia sin remedio para Costa Rica? Pienso que nos queda una esperanza, no para esta elección, sino para el futuro: está libre el centro, un centro izquierda, moderno y libre de ataduras, consagrado a lograr el bienestar del mayor número” (La Nación 9/3/2018). Sin embargo, difiero con usted con respecto a qué pasaría si su partido encontrara el líder que necesita. Liberación Nacional abandonó el sitio que le correspondía históricamente: los signos de los tiempos, donde el bien común ahora es sálvese quien pueda, lo confundieron, profesor.

 


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