La ilusión post pandemia

El nuevo orden post pandemia, la nueva realidad, la vida después del coronavirus, ¿qué quedará?

Si partimos de la realidad del antes y el presente, el futuro no será muy diferente, somos una sociedad de producción, consumo y ganancias. Posiblemente el esfuerzo como país, el sufrimiento por los que se quedaron sin trabajo, y desde luego los contagiados y las muertes nos sensibilizan mucho más que lo normal. A lo mejor, los usos y costumbres de estrechar la mano de un amigo, el beso en la mejilla como saludo cariñoso o el abrazo desaparecerá, pero lo que es la estructura económica seguirá y se mantendrá.
La realidad es que el sector más rico del país, lo primero que ha hecho es protegerse y consecuentemente blindar el sistema que les produce ganancias, aquí y en el mundo, por ejemplo, en Argentina, se discute vía parlamentaria, la creación de un impuesto a los grandes capitales del 1% para ayudar a la salud social a combatir la pandemia, pero está entrabado por legisladores que representan a esa clase en el parlamento. En México, a los grandes millonarios se les solicitó que voluntariamente aportaran algo para paliar el hambre de los más pobres, muchos ubicados en el sector informal, algunos aportaron, otros corrieron a pagar sus impuestos que adeudaban y unos pocos saldaron los impuestos de todo el año como forma de cooperar. El grupo Azteca, el segundo o tercero más rico del país, se opuso a estas contribuciones y más bien se pronunció por eliminar toda restricción, y que se diera la apertura inmediata del sector productivo y comercial.
En Costa Rica no hubo ni ley ni solicitud pública para que los grandes millonarios aportaran algo de sus riquezas con el fin de ayudar a combatir la pandemia, ciertamente algunos donaron algo, la Toyota prestó cinco vehículos de su “rent a car” para transportar medicina, téngase en cuenta que el sector turismo está paralizado y por ende sus vehículos de “rent a car”. Posiblemente se hayan dado otras donaciones que desconocemos.
Sin embargo, la organización oficial de los ricos del país, la Uccaep, venía presionando antes del coronavirus para que el déficit fiscal fuera resuelto con el recorte del gasto público. Con su trasnochada posición, la solución que dan a los problemas del país es vender el Estado. Se habló de vender Fanal, privatizar Recope y desaparecer el Inamu. Ahora vuelven a la carga y hasta han sugerido vender el Banco de Costa Rica para financiar la deuda que está adquiriendo la CCSS por enfrentar la pandemia.
Pareciera que encontraron en el presidente Carlos Alvarado a una persona débil, indecisa, la presión es fuerte contra los que “no producen”, los empleados públicos, según ellos, solo generan gasto, su propio dicho: nosotros somos los que producimos la riqueza del país.
No más empezando la pandemia, saltó de esa organización de los ricos la propuesta de que se le rebajara el 25% del salario al sector público, que no se pague el aguinaldo y una de la más falaz por su ignorancia: que se elimine el salario escolar. Finalmente para complacerlos en algo, el gobierno decidió congelar los futuros incentivos salariales y congelar los aumentos salariales por cuatro años.
Contrariamente, ese sector de grandes empresarios no se comprometió en nada, nada que signifique obligación. “Doy lo que yo quiero”, algo parecido a una limosna o caridad. Nunca un esfuerzo nacional.
Reconozco que algunas empresas han sostenido la planilla completa a pesar de la situación difícil, pero una buena cantidad han despedido a sus trabajadores o le dan el 50% del salario, ha sido el Estado con el bono Proteger o la Comisión Nacional de Emergencias con ayuda alimentaria las que han salido en solidaridad con los cesados.
Con la agresividad que protegen sus fortunas en estos momentos y aprovechando la crisis de la pandemia para quedar mejor posicionados, no creo que la estructura productiva económica del país vaya a variar nada, por el contrario, puede variar para ser más inflexible y sacar mayores ganancias.
Es muy poco lo que se ha hecho por establecer novedosas relaciones de comercio, de producción o de intercambio entre las personas, las que han surgido, pronto serán absorbidas por la fuerza del mercado.
Siendo optimista, el confinamiento dio tiempo para pensar y ojalá para dejar atrás ambiciones políticas personales, posiblemente las relaciones entre los humanos será más apreciada, más valorada. Puede ser que se dé un brote de unidad para enfrentar las políticas propuestas por Uccaep, el confinamiento debe servir para liberar las ideas.

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