A la CIDH no la tocan…

Hablar es muy fácil. Pero llegar a la raíz del problema es harina de otro costal, o al menos ser más preciso en un asunto

Hablar es muy fácil. Pero llegar a la raíz del problema es harina de otro costal, o al menos ser más preciso en un asunto de interés público, de manera integral.  De ahí que llama la atención que el reportaje sobre la crisis financiera de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), publicado en la edición 2135 de UNIVERSIDAD, no menciona que ese organismo hemisférico tiene en sus manos el caso del impune atentado terrorista de La Penca desde hace 10 años y 8 meses y aún NO lo admite.

Sin embargo, casi nadie pregunta públicamente a ese organismo por qué no le da luz verde, y menos mencionar a la CIDH como responsable de la prolongación de la impunidad por más de una década, de la primera conferencia de prensa del mundo atacada por terroristas. Como periodista sobreviviente, eso significa para mí una década perdida…  Solo especulaciones, “venta” ilusiones y excusas de todo tipo.  Nunca nadie hubiera esperado algo así de la CIDH, máxime si se analiza el prestigio del que gozó años atrás.

Obvio que los activistas de los derechos humanos hablan y defienden la rendición de cuentas, la libertad de expresión, el legítimo derecho de acceso a la justicia nacional e internacional, la transparencia, la lucha contra la violencia y hasta de la integridad de los periodistas y otros profesionales que afrontan situaciones riesgosas o persecuciones y censuras, según la naturaleza de sus funciones, así como campesinos despojados de sus tierras, estudiantes desparecidos, presos o torturados de manera extrajudicial y hasta personas obligadas al exilio para salvar sus vidas.

Por eso y más, es lamentable que cuando se habla de la CIDH en Costa Rica, ahora con más frecuencia por la crisis financiera que la afecta,  nunca la relacionan directamente con el atentado de La Penca; y menos esperar que interroguen a sus representantes sobre por qué este delito de lesa humanidad, denunciado por el Colegio de Periodistas en el 2005, cuando la impunidad era de 21 años no pasa el filtro de la admisión, mientras que otros, de menor cuantía, los admite y por recomendación de la CIDH, la Corte IDH los eleva a juicio internacional, que es la única opción que tenemos las víctimas de La Penca.

Si algún ámbito se debe ser parejo es, precisamente, en el de los derechos humanos, al menos en teoría.  Confieso que me asombró el reportaje de este semanario sobre la CIDH, en virtud de la omisión del enorme y polémico caso de La Penca y su misterioso estancamiento en Washington D.C.  La omisión de la CIDH también la evidenciaron el pasado 30 de mayo, por el 32 aniversario de la tragedia,  la Defensoría de los Habitantes, el Presidente de la República, Luis Guillermo Solís, y el autor de la demanda interpuesta en ese organismo adscrito a la Organización de Estados de América (OEA), el Colegio de Periodistas, pese a sus mensajes solidarios. ¡Increíble!

Esos actores se identificaron con la causa de La Penca; todos pidieron justicia, pero ninguno puntualizó dónde hay que demandar esa justicia para un delito tan añejo. Ninguno profundizó en que la desfinanciada CIDH es la responsable del futuro legal de los 16 costarricenses que vivimos el infierno en vida llamado La Penca, así como reporteros y personal de apoyo de la prensa internacional que también cubría la guerra de los “contras” orquestada por el entonces Presidente de Estados Unidos,  Ronald Reagan, con el apoyo directo de la Central de Inteligencia Americana (CIA, por su  sigla en inglés).

Si 10 años y 8 meses de estudio y “freno de mano” no son suficientes para exigir a la CIDH rendición de cuentas, a los cuatro vientos, por este crimen de lesa humanidad, ocurrido el 30 de mayo de 1984, en la selva de La Penca, Nicaragua, en la ribera norte del río San Juan, no sé qué  elementos adicionales necesitan para actuar de forma clara, contundente y directa,  sin pecados de omisión, por consideración a los sobrevivientes de ese histórico atentado terrorista y las familias dolientes. No sé cuál es el miedo, o si serán los cálculos de algunos para una etapa posterior en la citada comisión. De ser así, les tocó la peor época para hacer números.  Sea cual sea la razón del silencio (¿cómplice?) en relación con la CIDH,  las coincidencias de no tocarla en lo que respecta al crimen de guerra de La Penca saltan a la vista.

El año pasado el Relator de Libertad de Expresión de la Comisión visitó el Colegio de Periodistas y siendo esta entidad la autora de la demanda, ninguno de sus directores le preguntó nada de manera pública acerca del “avance” de La Penca, ni publicaron nada específico en ese sentido. Y para el 12 de setiembre pasado, cuando se conmemoró el décimo aniversario de la valiente denuncia del Colegio en el 2005, no se realizó ninguna actividad, pero ni un comunicado de prensa. Otro factor por lo que muchos profesionales y estudiantes de comunicación desconocen el vía crucis que nos ha tocado a los afectados del “pencazo”. Pero meses después, el Colegio de Periodistas anunció un rosario del Niño. Entonces me pregunté ¿qué clase de colegio profesional es aquel que ignora el décimo aniversario de su propia denuncia en defensa de los derechos humanos, y después anuncia un rezo por su red interna? ¡Qué par de ofensas del Colegio para los sobrevivientes de La Penca y las familias de quienes han partido!

Algo parecido leí en el reportaje de UNIVERSIDAD, donde la Defensora de los Habitantes manifiesta que planeaba una audiencia en la CIDH para tratar el problema de la violencia obstétrica, y eso está bien, aparte de que, por supuesto, ella apoya las medidas cautelares que la CIDH determinó por la violencia que suscitó defensa de las tierras de la población indígena de Salitre. Yo también… ¿Y sobre la presión, divulgación, cabildeo, rendición de cuentas y activismo fuerte que merece el sonado caso de La Penca, qué hacen  y dicen públicamente la Defensoría, el presidente Solís, el Colegio de Periodistas y el Semanario UNIVERSIDAD?

Si tocan el impune atentado, es por encima. Pensar que profundizarán en la presunta responsabilidad de la CIDH por ser vendedora de ilusiones y  dilatar la impunidad del caso por más de una década, es una verdadera utopía. La tónica es recetar silencios misteriosos, al tiempo que la CIDH contradice sus postulados, nutre la impunidad y quizás brinde más pretextos por la falta de presupuesto que la aqueja ahora.  ¿Hasta cuándo?

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