Jugando a no ver

¿Por qué es importante el Teatro Nacional?, ¿será por Teatro o por Nacional?

¿Por qué es importante el Teatro Nacional?, ¿será por Teatro o por Nacional?

En Costa Rica, los espacios dedicados a las artes musicales y escénicas son cada vez más pocos. La ausencia de espacios para trabajar y proponer torna a los gremios implicados en actores parcialmente invisibles dentro de la sociedad costarricense. Así mismo, parece que en términos de obra pública no es necesario invertir en aquello que no se ve. A la fecha, la Compañía Nacional de Danza utiliza lo que fue un salón de clase y ensayos (Salón Mireya Barboza) como archivo y bodega, el Taller Nacional de Danza sigue sin reparar sus baños, el Teatro Montes de Oca cerró sus puertas a los espectadores al quedar inhabilitada su sala de funciones. Podría tratarse de una competencia: ¿cuál espacio dedicado a las artes caerá primero?

Las consideraciones del plan integral de conservación del Teatro Nacional, recientemente rechazado en la Asamblea Legislativa, no solo contemplan la vulnerabilidad del edificio, sino que también buscan darle una actualización como espacio de producción artística. La investigación en producción performativa, musical, teatral, dancística, entre muchas otras que alberga un lugar como el Teatro, requiere de una indumentaria la cual a su vez él mismo no ofrece. El plan contempla la protección ante siniestro, un nuevo sistema eléctrico que cumpla con las normas actuales, la colocación de una concha acústica, implementar tecnología en iluminación LED, sistema de seguridad y la mejora de un espacio subestimado que es muy valioso para los gremios de las artes: el nuevo Centro Cultural José Joaquín Vargas Calvo. Este permitiría contar con un teatro de cámara, el cual ampliaría las posibilidades de tipo y estilo en las presentaciones y a su vez funcionaría como sala de ensayos. El Teatro, cualquier teatro, es de gran valor en tanto sea utilizado y entendido como un espacio que puede ir articulando formas de pensamiento y expresión dirigidas a diversos sectores de la sociedad. La actualización es necesaria para la conservación del inmueble, pero también para suplir las necesidades de creadores y espectadores.

Si el  mítico gigante perdiera la batalla: ¿qué pasará con los demás? ¿Cómo podrán los artífices de las artes articular sus trabajos a espacios inexistentes, a espacios desaparecidos? Las oportunidades serán cada vez menos, principalmente si la articulación entre arquitectura, gestión cultural y voluntad política continúa fallando. Más allá de si se quema o no el Teatro, cabe lanzar preguntas dirigidas a exponer la necesidad de adecuación de la infraestructura cultural, entendida como espacio de posibilidades. Cabe cuestionar las condiciones de los espacios escénicos de manera que apunten hacia un espacio que favorezca el crecimiento artístico, educativo y cultural, preguntar si la parte Nacional del Teatro pudiese funcionar como laboratorio de pensamiento y acción para la cultura y las artes del país.

En la Asamblea Legislativa se está jugando a no ver. Pregunto: ¿Cuántos ojos pueden hacer algo invisible? ¿Se convertirá el Teatro en un objeto de deshecho o las artes escénicas se tornarán prácticas innecesarias?

Finalmente: ¿Hemos olvidado como crear arquitectura dedicada a las artes?

(…Y ahora, apostar por la televisión)

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