Epidemias en tiempos salubres y más

La miseria que golpea a la población mundial viene contagiada con epidemias como el hambre, el desempleo, escasez de vivienda y vestido, inseguridad…

La pandemia del coronavirus COVID-19 iluminó y despertó la conciencia de mucha gente aclarándole la realidad de la situación política, social y económica, asimismo polarizó aún más las diferencias socioeconómicas de la población mundial, como lo demuestran los criterios de Donald Trump en EE.UU., Nayid Bukele en El Salvador, Daniel Ortega de Nicaragua, y don Carlos Alvarado, quién aprovechó la crisis de la pandemia para sus propósitos políticos ajenos a la salud del pueblo, aunque no pueda eludirla. Por un lado, la  utilizó para esparcir propaganda política gratuita diaria en todos los medios de comunicación masiva invitando a todos los ministros de su Gabinete; con préstamos del BID logró ampliar las brechas sociales distribuyendo enormes recursos económicos a empresarios poderosos y Cámaras Patronales, y repartiendo paupérrimos bonos a la gran masa de desempleados y sectores más necesitados. Las encuestas no mienten.

El Presidente, en su afán de romper récords alcanzó el mayor índice de desempleo de la historia patria cercano al 20%, acumula cinco causas penales como lo detalla el Diario Extra en la edición del jueves 18 de junio; elevó el déficit fiscal a Ȼ1.049.419 millones, el 2,95% del Producto Interno Bruto (PIB), el más alto en los últimos siete años. La deuda del Gobierno Central con respecto al PIB supera los Ȼ22 mil millones, cifra que resulta insostenible como lo declaró la Contraloría General de la República. A la vez, Alvarado se codea con los usureros bancos internacionales solicitándoles préstamos que agigantarán aún más la impagable deuda externa, pero ese dinero no será distribuido equitativamente entre los distintos sectores de la sociedad, por el contrario, servirán para ampliar las brechas sociales y económicas. Con “cortinas de humo”, Presidencia hace política ofreciendo becas sin contenido para desempleados y otorga los ‘bonos Proteger’, mientras los desempleados y las necesidades de la población siguen en ascenso.

La miseria que golpea a la población mundial viene contagiada con epidemias como el hambre, el desempleo, escasez de vivienda y vestido, inseguridad… De esos horrores muchos hemos participado en algún grado; por ejemplo, al iniciar un trabajo, el salario apenas alcanza para medio alimentarse. Tener “casa propia” es una ilusión poco realista que está lejos del alcance de cualquier trabajador que ostenta un salario mínimo. La mayoría de la población laboral gana salarios mínimos muy bajos, otro sector recibe pensiones muy bajas y no contributivas insuficientes para llevar una vida digna, cerca del 20% de la gente está desempleada, otros sufren el subempleo y hay quienes recibieron recortes de jornadas y salarios; hay miles de trabajadores informales que laboran en los campos y calles de las siete provincias del país. Desde que tengo conocimiento, ningún Presidente de Costa Rica ha gobernado para beneficiar a esa empobrecida población.

De acuerdo con el diccionario de la Real Academia Española, “epidemia” es cualquier tipo de “mal o daño que se expande en forma intensa e indiscriminada…” y que “se propaga acometiendo simultáneamente a gran número de personas”. Esa definición implica que las epidemias más grotescas y fatales son producto del ser humano, sus guerras, sus odios, su afán de posesión expansión y dominio… La Peste Negra, el Cólera, la Gripe Española, el COVID-19, la Bomba Atómica, las Guerras Mundiales, así como todas las guerras ocurridas por la insensatez humana, son epidemias creadas por el hombre contra el hombre. Se supone que la política es el arte de gobernar bien, y gobernar es la ciencia de servir indiscriminadamente a la gente; no obstante, las grandes poblaciones son víctimas de epidemias de hambre y miseria creadas por las clases políticas y adineradas.

La pandemia da un paso más pues no respeta fronteras, arrasan todo a su paso. Es la globalización de la epidemia, fin último del neoliberalismo político-económico. En este escenario cada quien se salva por sí solo, de modo que solo el que tiene dinero para pagar cama y respirador artificial tendrá atención médica humanitaria, esas son las reglas del sistema. En todo caso, Trump recomienda tomar cucharadas de insecticida y otros venenos para combatir el contagio. Para Daniel Ortega Saavedra el problema se resuelve ignorando la pandemia y la sumatoria de muertos.

El COVID-19 amenaza al mundo y a cada nación en particular, dejando una lección que obliga a reflexionar sobre el futuro del ser humano y sus retorcidas reglas éticas y morales, señalando una vez más que no existen leyes naturales que conduzcan a la humanidad a formar un orden jerárquico estricto que justifique las diferencias sociales por color de piel, raza, credo político, religioso, o económico. Del mismo modo, las epidemias en tiempos de sanidad son fruto del curso equivocado de la humanidad, son producto de guerras, odios, afán de riquezas, vanos egoísmos, vanidad, arrogancia y demás perversiones humanas. Las epidemias del mundo son consecuencia inequívoca de la agresión del ser humano contra la naturaleza: deforestación, contaminación del medio ambiente, bosques, ríos, aire, de la desintegración de la capa de ozono, exterminio de especies animales y vegetales, guerras fratricidas a lo largo de la historia de la humanidad, guerras mundiales por el dominio de tierras y países… La Naturaleza no atenta contra sí misma, es el hombre el gran depredador que atenta contra ella consumiendo sus nutrientes y agotando sus recursos, provocándole toda clase de pestes y calamidades. Por desgracia, parece que los que han dirigido y dirigen hoy el destino de las Naciones no piensan rectificar su torpe voluntad.

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