El Tío Ale: un día memorable

Casi una hora de intensa actividad de director, intérpretes y público, imbuidos en una experiencia inusual en nuestros tiempos: vibrar, reír, bailar con música clásica de todos los géneros, piano y orquesta, ópera, danza; es decir, una revista de variedades.

Casi una hora de intensa actividad de director, intérpretes y público, imbuidos en una experiencia inusual en nuestros tiempos: vibrar, reír, bailar con música clásica de todos los géneros, piano y orquesta, ópera, danza; es decir, una revista de variedades.

Para muchos fue una preciosa y diferente mañana; sin embargo, quiero destacar que no fue una mañana cualquiera. Considero que el quehacer pedagógico del Maestro Alejandro Gutiérrez no puede ni debe pasar desapercibido. Por circunstancias diversas, he andado tras sus pasos como Director de la Orquesta Sinfónica UCR y, como persona interesada en la educación, lo he visto desplegar conocimiento, entusiasmo, trabajo y compromiso en beneficio de estudiantes, compositores e intérpretes no solo de su cátedra, sino que con una verdadera visión transdisciplinaria ha extendido su quehacer a otras áreas de las Artes Musicales.

Aún más, el 9 de setiembre de 2018 marcará una inflexión en la educación musical de este país.

Son múltiples las quejas de los artistas y compositores de nuestro país sobre la estrechez de oportunidades y espacios, y yo añadiría de mentes abiertas a la plenitud de uno de los placeres más grandes que pueda experimentar el ser humano: la música.

¿Cómo abrir esas mentes en un país entero? Con la niñez de cero años en adelante. A mi lado había una pequeñita de escasos seis meses, oía la música y le faltaban brazos y piernas para moverse, pero su alegría y sonrisa eran verdaderamente contagiosas. Fui al baño y escuché a dos niñas de más o menos 70 años igualmente felices, recordando cómo su padre escuchaba música y ellas de oírla habían desarrollado ese placer.

Cuando miro en la televisión los conciertos multitudinarios de países que, históricamente, han desarrollado ese gusto por la música, que tararean las piezas como si fuera música popular, estoy segura que el Tío Ale marca hoy un hito en nuestras nuevas generaciones. Con él, toda la Universidad de Costa Rica, con una magnífica infraestructura, un soporte técnico y administrativo altamente calificado.

A nosotros, nos queda una tarea: de espectadores tenemos que pasar a público fiel, conocedor, comprometido y participante. ¡Gracias, Tío Ale!

 


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