Opinión

El otoño del periopatriarca

La entrevista a Carlos Morales que el Semanario UNIVERSIDAD publicó en su edición 2229 no puede ser más desconcertante y ofensivo.

La entrevista a Carlos Morales que el Semanario UNIVERSIDAD publicó en su edición 2229 no puede ser más desconcertante y ofensivo. Cuesta entender cómo el mismo medio que hubo de despedirlo por hostigador sexual lo entrevista ahora como si fuera santa palabra en lo que a valoración del periodismo en Costa Rica se refiere. No sé qué criterios usó la jefatura de redacción para autorizar su publicación. ¿No hay otras figuras destacadas en el periodismo de nuestro país con suficiente trayectoria y experiencia para discutir la situación y calidad de este en la Costa Rica actual?

Pero a lo que realmente quiero referirme es a las expresiones desafortunadas que lanza Morales y a los prejuicios que este transmite. Yo pensaba que esa manera de referirse a los hechos y luchas sociales, esa forma de juzgarlos, estaba superada, y que, por lo menos, el Semanario estaba al tanto de ello.

Primero que nada, una empieza a sospechar que la cosa no va bien cuando la reseña de vida que introduce la entrevista se cuida mucho de mencionar su faceta de novelista, a pesar de tener a su haber el Premio Nacional de Novela del 2008. ¿Será acaso porque la famosa “novela” premiada no es más que un muestrario de su misoginia, machismo y lesbofobia? ¿No será acaso porque esta no es más que –como él mismo lo reconoció en otra entrevista– una “sacada de clavo” después de haber salido del Semanario a raíz del comprobado caso de hostigamiento sexual arriba mencionado? Perdón, pero aun cuando la entrevista es sobre periodismo, nadie obvia un premio nacional en su currículum, aunque este sea de novela. Al contrario, mencionarlo le haría aparecer como un hombre más interesante, polifacético, ¿o no?

Segundo, hay pasajes en esa entrevista que exudan machismo y homolesbitransfobia. “Luego empezaron a llegar a la prensa muchachitos que venían a jugar con el lenguaje, porque usaban un lenguaje afelpado, lleno de dulzura, amariconado, contrario a lo que es el servicio informativo, eso fue lo que llamé periodismo corrongo.” Atención, costarricenses de todas las edades, a ver si lo entienden de una vez: el periodismo es cosa de machos. Si el lenguaje no suena suficientemente macho, según los parámetros del patriarca, es una mariconada y ser maricón desautoriza para el servicio informativo. Una no puede dejar de sacar conclusiones.

Tercero, y siguiendo con sus fobias y anacronismos, resulta que las luchas sociales identitarias son parte de una especie de conspiración contra “el buen periodismo”. Este señor, con todo y lo buen periodista que se supone que es, no se ha enterado de que, aunque la clase sigue siendo importante, las luchas sociales contemporáneas se dan en muchos ámbitos y ante el horizonte de la interseccionalidad. Por el contrario, él, como buen macho de la vieja izquierda, no puede ver muy lejos y resulta que es el movimiento LGBTI, entre otros,  quien tiene que cargar con las culpas del periodismo que a él no le gusta: “Lo que pasa es que la profesión nuestra tenía un gran poder. (…) Entonces otros tenían que tomar los medios, apoderarse de ellos. Infiltrar gente (…) la causa de los LGBTI está tremendamente infiltrada. (…) No tengo nada contra ellos, pero los medios le han dado un despliegue asombroso.” ¿En serio?

En resumen, es evidente que Carlos Morales es incapaz de revisar sus privilegios. El desparpajo con que sigue luciendo su misoginia, su machismo y su fobia a la población LGBTI ponen en evidencia que, como macho que se respeta, cree ser dueño de la más absoluta verdad. Antes de terminar, no puedo dejar de señalar la condescendencia del entrevistador, José Eduardo Mora, para con su entrevistado. Por todo lo anteriormente apuntado, esta entrevista y su contexto debe mantenerse en los archivos de los estudios feministas, de mujeres y de género en Costa Rica, ya que ilustra muy bien cómo los pactos entre machos sirven para legitimarse entre sí y librarse de responsabilidades por los daños infligidos.

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