“Ecoterrorismo” y apología de la violencia

“Evidentemente, ninguna organización o activista del medio ambiente en Costa Rica calza con la definición internacional de terrorismo”

“Toda acción cuyo objetivo sea causar la muerte o graves daños físicos a civiles o no combatientes, cuando dicha acción tenga, por su índole o contexto, el propósito de intimidar a la población u obligar a un gobierno o una organización internacional a hacer o no hacer algo, no puede justificarse por ningún motivo y constituye un acto de terrorismo”.

Esa es la definición aceptada y central a la lucha contra el terrorismo, elaborada en el 2005 por un panel de expertos de la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Se trata de acciones violentas dirigidas contra la población civil, con el propósito de intimidarla o de forzar a los gobiernos a hacer o no hacer.

El fin es infundir miedo. Por eso mismo abundan casos de dictadores que precisamente han tildado a sus opositores como “terroristas”, con el objetivo no sólo de descalificarlos y justificar su persecución, sino de construir un discurso de terror a favor del gobierno.

El terrorismo en los regímenes autoritarios sirve de perfecto caballo de Troya para estigmatizar y perseguir a la oposición política. Ejemplos abundan desde la dictadura nazi en Alemania, el genocidio en Ruanda, las dictaduras militares en América del Sur…

“GRUPITOS ECOTERRORISTAS”

Hablemos de terrorismo entonces.

En diciembre de 1994 Óscar Fallas, María del Mar Cordero y Jaime Bustamante, integrantes de la Asociación Ecologista Costarricense (AECO), murieron en un incendio bastante más que sospechoso, cuyas causas en el informe correspondiente del Organismo de Investigación Judicial (OIJ) se resumieron en “posiblemente debido a la práctica del fumado”, según recuerda Mauricio Álvarez, presidente de la Federación Conservacionista de Costa Rica (Fecon).

Poco después, en julio de 1995, murió en condiciones igualmente extrañas el poeta y ecologista nicaragüense David Maradiaga, también integrante de AECO. Los cuatro habían liderado la lucha por evitar que la multinacional Ston Forestal arrasara el bosque de la península de Osa para sembrar melina.

Maradiaga apareció muerto -luego de estar desaparecido varios días- en el parque Los Mangos de Barrio Luján, justo al frente de las oficinas de la empresa, y los resultados de su autopsia tardaron dos meses.

Esas fechas son coincidentes con el periodo en el que Juan Diego Castro Fernández, candidato presidencial, fungió como ministro de Seguridad del gobierno liberacionista de José María Figueres.

Hoy, más de 20 años después, Castro es candidato presidencial del matonismo y la prepotencia. El pasado martes 16, en un foro con otros candidatos, con grandilocuencia delirante acompañó su posición ecocida de explotar petróleo y oro, con el altisonante canto de que “no vamos a supeditar a las artimañas, negocios y caprichos de los grupitos ecoterroristas, el desarrollo y la producción de este país. Los conozco, los he enfrentado y los he parado”.

Evidentemente, ninguna organización o activista del medio ambiente en Costa Rica calza con la definición internacional de terrorismo, por lo cual el berrinche de Castro es un gesto más de su vocación autoritaria y antidemocrática.

Pero aún más serio es el hecho de que, mientras esas muertes quedaron impunes, Castro se jacta con su aseveración de que “los he enfrentado y los he parado”, a raíz de la cual el candidato presidencial Juan Diego Castro debe responder las siguientes preguntas:

¿Tuvo usted participación o conoció de algún plan para asesinar a los mencionados activistas ecologistas?

De no ser así, ¿a qué tipo de acciones concretamente se refiere cuando dice que “los he enfrentado y los he parado”?

En este caso concreto, las palabras de Castro van más allá de su acostumbrado matonismo colegial y delirios de grandeza, pues se tiñen de amenaza no muy bien velada contra quienes no han hecho más que luchar por la protección de la naturaleza.

Las muertes de AECO tristemente no son las únicas que ha sufrido el ambientalismo a lo largo de los años. En esta nota se consignan los nombres de otras personas ecologistas asesinadas, así como las víctimas de otro tipo de acciones violentas. Que no sean olvidadas.

¿Quiénes son entonces los terroristas? ¿Quién es el que hace una apología de la violencia?

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