De Médicos, Pacientes y Simulacros

La Pandemia nos está dejando muchas lecciones sobre los sistemas de salud, y una de ellas es lo mísera que es la formación en salud basada en criterios de lucro.

Sir William Osler médico canadiense mundialmente reconocido, afirmó una vez que ‘estudiar los fenómenos de la enfermedad sin libros es cruzar el mar sin cartas de navegación, mientras que estudiar libros sin pacientes, no es ni tan siquiera embarcar’.

En otras palabras, la enseñanza teórica resulta necesaria como cuestión previa a todo conocimiento científico, pero en el caso de la medicina resultará insuficiente si no va acompañada de la enseñanza práctica. De ahí la importancia y el protagonismo de nuestro docente en la práctica clínica: una forma de enseñanza que realiza la Escuela de Medicina de la Universidad de Costa Rica desde hace cerca de 60 años y que el resultado, sus egresados, nos ha generado el sistema de salud que hoy disfrutamos.

Recientemente, las escuelas de medicina de ciertas universidades privadas, han descartado las rotaciones clínicas de los estudiantes de medicina, esto debido a las directrices tomadas por la Caja Costarricense del Seguro social, que han pospuesto estas prácticas clínicas por la emergencia nacional. Así las cosas, estos centros privados han indicado a los estudiantes que aquellos que quieran continuar sus estudios podrán hacerlo, pero que las prácticas clínicas las realizarán solamente con simuladores o pacientes estandarizados (un actor o persona que simula un cuadro clínico), o en otros escenarios solo con cursos teóricos.

No ha sido hasta ahora mal negocio: la CCSS les ha cobrado a estas instancias privadas montos simbólicos al día por concepto de uso de campos clínicos, y ellas suelen colocar hasta tres estudiantes en dichos campos cada día. Sin embargo, lo típico es que las universidades privadas les cobren grandes sumas de colones a cada estudiante, ¡solo por el concepto de campos clínicos!

La comprensible indignación de los estudiantes por los costos no es única: Harvard, Princeton y Johns Hopkins están por ceder a las exigencias de reembolsos parciales de pagos por la virtualización de los cursos. Pero hay un daño mayor al económico: la simulación clínica permite al estudiante generar destrezas operativas, pero nunca podrá sustituir a la formación clínica práctica. Por ello, muchos estudiantes extranjeros pagan importantes sumas de dinero a las universidades privadas de Costa Rica, para venir y realizar estas prácticas en nuestros hospitales de la CCSS.

La Pandemia nos está dejando muchas lecciones sobre los sistemas de salud, y una de ellas es lo mísera que es la formación en salud basada en criterios de lucro. Es una forma de enseñanza que se ha implantado en muchos países donde la seguridad social que conocemos no existe, sino que la atención de salud es privada o semiprivada.

Solo en esa lógica de maximización de las ganancias desde la misma formación es que puede explicarse que un tratamiento por COVID-19, sin debida cobertura médica, pueda ascender a 50 mil o 70 mil dólares. En muchos casos, y como resulta obvio, esas facturas las tienen que pagar pues… los mismos funcionarios esenciales que deben exponerse en primera línea a la Pandemia. Surge la pregunta: ¿Siente el médico que con esos sobrecobros inhumanos recuperará los cobros abusivos que sufrió en su propia universidad?

Frente a una formación que llamaría de “eje simulacro”, los sistemas solidarios se deben a una formación de “eje ser humano”. Consecuentemente, la Escuela de Medicina de la UCR ha fomentado la empatía social: simular o remedar una enfermedad no es sentir, jamás generará la empatía que se logra exponiéndose a toda la dimensión humana. Y más aún, generará prácticas ciegas a entender la realidad personal, económica y social del paciente.

Y dado que se han suspendido los campos clínicos, ¿significa eso que la UCR ha detenido sus prácticas con pacientes reales? La respuesta es: ¡No!

La Escuela de Medicina junto con las otras unidades de Salud no se han limitado a procurar mantener su calidad curricular (con los desafíos que implica la virtualización), sino que sus profesores, estudiantes y administrativos se han volcado a apoyar la campaña de dotar al personal de salud de Equipo de Protección Personal, y han organizado campañas para mitigar las carencias de poblaciones vulnerables. Se han realizado presentaciones académicas para todo el personal de salud con el fin de aclarar dudas de la Infección y apoyado iniciativas como la del Instituto Clodomiro Picado, entre otras. Asimismo, nuestros estudiantes, colaboran como voluntarios con la línea 1132 y se muestran ansiosos de regresar a los hospitales para ayudar con la atención.

La Pandemia es un problema humano: toca lo social, económico y político, e impone unos desafíos reales para el que ningún simulador va a preparar. La experiencia de nuestros estudiantes de cómo deben lidiar solidariamente con el dolor humano será seguramente la más invaluable de las lecciones que van a aprender en su carrera.

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