Rescatista en Nicaragua

“Yo sentí el odio de estos antimotines cuando me golpeaban”

 La ola de protestas del 28 de mayo en Managua, Nicaragua, terminó con dos muertes y más de 40 heridos, entre estos dos rescatistas voluntarios.

“A mí me golpearon con puños, me dieron yo no sé ni con qué. Ando en el pómulo izquierdo una herida abierta, no sé ni con qué, y a mis amigos los pateaban, los pateaban en el piso y los levantaron como a cualquier delincuente”.

Estas son las palabras de Alonso García, rescatista voluntario, que hace unas semanas brindó atención médica a más de 25 jóvenes en medio de un enfrentamiento entre ciudadanos y oficiales antimotines a un costado de la Rotonda Rubén Darío en Managua, Nicaragua.

García, junto con otros siete paramédicos voluntarios, montó el  28 de mayo un centro médico dentro de la tienda de conveniencia de la Gasolinera Puma, donde socorrieron a heridos por aproximadamente ocho horas, tiempo que duró el conflicto.

El enfrentamiento se originó a las afueras de la Universidad de Ingeniería (UNI), ubicada a unos 300 metros de la rotonda, cuando un grupo de paramilitares, escuadrones de choque y miembros de la Unión Nacional de Estudiantes de Nicaragua (UNEN), aliados al Gobierno, atacaron las instalaciones.

Durante el enfrentamiento, miembros de la sociedad civil quemaron las instalaciones de La Nueva Radio Ya!, acción que resultó en el despliegue de cientos de operativos antimotines.

“Y cuando se estaba desarrollando el incendio de La Nueva Radio Ya!, como 20 minutos después viene un contingente de como 200 antimotines del lado este y del lado oeste, en camionetas, disparando a quien estuviera allí, niños, vendedores, personas que estaban ahí”, recuerdó el rescatista García.

El enfrentamiento con los oficiales antimotines se trasladó hasta la Gasolinera Puma, lugar donde García y sus colegas se instalaron.

Afuera de la tienda de conveniencia ubicada en la gasolinera, la represión policial tomó control de las calles. Según relató Juan Daniel Treminio, periodista que cubría el evento, los operativos antimotines disparaban con balas de plomo y a discreción.

Para protegerse de las ráfagas, Treminio y otros colegas entraron a la tienda para protegerse. Siguiendo a la prensa, jóvenes empezaron a resguardarse en el establecimiento y a montar barricadas.

En los minutos siguientes, los operativos antimotines arremetieron contra la tienda y rompieron las ventanas del inmueble, para luego abordar el lugar y sustraer a los manifestantes.

“Nosotros como periodistas también fuimos agredidos cuando estábamos adentro de la Gasolinera Puma y dispararon al establecimiento con AK 47; incluso yo estuve frente al primer vidrio que un impacto de bala reventó”, confirmó el periodista.

García relató que las fuerzas antimotines entraron de manera agresiva a la tienda, llevándose a un joven baleado y a otros tres en estado de observación. Después fueron a golpear al grupo de médicos.

Además de los fuertes golpes, los operativos trataron de llevarse a Alonso García y a dos de sus colegas presos. García junto con otro doctor, forcejearon con los oficiales y lograron escapar. Sin embargo, Fernando López, paramédico voluntario, no corrió con tanta suerte y fue tomado por las fuerzas antimotines y puesto, junto a otros jóvenes universitarios, en una camioneta rumbo al Complejo Policial Plaza El Sol.

“Ellos arremeten contra nosotros, contra Alonso, el doctor y a mí, nos empiezan a golpear y a decirnos un montón de cosas. Se llevaron todas mis pertenencias, todo mi botiquín, todo mi material médico y equipo telefónico. Nos golpearon, a García lo dejaron muy muy golpeado, al doctor y a mí también nos golpearon bastante, al final solamente a mi persona fue a quien trasladaron”, comentó López.

Tanto García como el resto de médicos, trataron de enseñar sus carnés oficiales; sin embargo, los policías respondieron con más golpes y una vez en el piso, García vio cómo se llevaban a su colega. En el momento sabía exactamente a dónde lo llevarían: al Chipote.

“Ellos le llaman Auxilio Judicial, pero es un centro de torturas básicamente, ya se ha evidenciado. Y para allá iba yo, pero en algún momento ellos me golpearon y yo caí al piso, forcejearon y con mi peso no me pudieron mover y ya se iban entonces me pudieron dejar, gracias a Dios. Pero se llevaron a uno de los colegas”, agregó García.

Yo sentí el odio de estos antimotines cuando me golpeaban, de que nosotros no teníamos por qué estar ayudando a los ‘vándálicos’. [..] Yo pues, lógicamente temeroso, el miedo es natural y el miedo estaba ahí”, concluyó el rescatista.

Por ahí de las 5:40 de la tarde los operativos antimotines se retiran con cuatro camionetas llenas de detenidos, de acuerdo con testigos podían llegar a más de 25 personas. García y sus colegas se retiraron a una casa cercana donde estos atendieron las heridas del rescatista.

Juan Carlos Solís, director del Hospital Bautista, confirmó que ese día se reportaron 42 heridos, en su mayoría estudiantes, y 1 fallecido por herida de arma de fuego en ese centro médico. Este número se sumaba a los más de 100 fallecidos reportados por el Centro Nicaragüense de Derechos Humanos (Cenidh) en el momento (el número ahora asciende a 131).

En un comunicado de prensa emitido por la Policía Nacional Nicaragüense se argumenta que los oficiales restablecieron el orden público para “garantizar la libre circulación de las personas y el acceso de unidades de bomberos a extinguir el incendio provocado por delincuentes en las instalaciones de Tu Nueva Radio Ya!” El comunicado también menciona la muerte del suboficial, Douglas José Mendiolas Viales, lesionado con un impacto de bala en la frente.

 Al Chipote, ida y vuelta

El paramédico voluntario, Fernando López, fue tirado a la tina de una camioneta junto a otros manifestantes detenidos tras los disturbios generados a los alrededores de la Gasolinera Puma el 28 de Mayo.

Previo a su detención, López fue abordado y golpeado por miembros del escuadrón antimotines, quienes lo despojaron de sus bienes personales.

Una vez en la camioneta, los oficiales pasaron golpeando y amenazando verbalmente a los manifestantes detenidos. López cuenta que en su caso particular recibió codazos y puñetazos, pero que a otros les daban con la culata de la escopeta. Estos golpes eran aleatorios en su mayoría, pero también respondían a los movimientos de los detenidos, según cuenta el paramédico.

El abuso de las fuerzas antimotines no terminaba ahí, ya que además de los golpes, arremetían verbal y psicológicamente contra los detenidos. “A un niño de 15 año le estuvieron diciendo un montón de cosas, que era un culicagado, un culo rosado, que lo iban a violar y muchas cosas más. Una persona se defecó, un señor de unos 35 años se defecó de tantos golpes que le habían dado en el traslado”, afirmó López.

Los insultos continuaron en Plaza El Sol, donde los pusieron a mirar contra el piso con las manos en la cabeza por media hora. Después, una microbús blindada transportó a López y a otros 15 detenidos al Chipote, centro penitenciario del que ya años atrás se ha denunciado el uso de la tortura.

Una vez en el Chipote, a López lo pasaron a una celda preventiva y, de dos en dos, oficiales los empezaron a interrogar durante 45 minutos con respecto a su afiliación con el movimiento de estudiantes, su razón de estar ahí y si eran parte de la “logística” de las operaciones vandálicas.

Después del interrogatorio, a López lo llevaron a otra celda preventiva, alejado de los estudiantes, que estaban en celdas normales. Fue liberado a eso de las 11 de la noche. Según López, el resto de estudiantes fueron liberados al día siguiente a eso de las 10 a.m. “Estaba muy muy positivo de que iba a lograr salir bien”, aseguró el paramédico.

No obstante, admite que a petición de su familia y por temas de seguridad no ha vuelto a brindar ayuda médica desde su arresto.


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