60 años de la Unión Europea:

Un proyecto soñado se cae a pedazos

Reunidos en Bruselas, los jefes de Estado y de Gobierno de 27, de los 28 países de la Unión Europea

Reunidos en Bruselas, los jefes de Estado y de Gobierno de 27, de los 28 países de la Unión Europea, discutieron el viernes pasado los detalles de la “Declaración de Roma” para celebrar el tratado que dio origen, el 25 de marzo de 1957, a la Comunidad Económica Europea.

Fue hace 60 años. Europa apenas se recuperaba de una guerra que hacía tan solo 15 años la había dejado exhausta y devastada. Y se enfrentaba a una desafiante Unión Soviética.

Pero en la reunión de la semana pasada faltaba uno: Gran Bretaña. La primer ministro Theresa May, presente en la cumbre europea celebrada el día anterior, no asistió a la reunión informal del viernes en que los otros 27 revisaron el contenido de un texto que aspira a relanzar un proyecto que hace aguas por todos lados.

A dos velocidades

“La idea es que estamos unidos, pero en la diversidad”, recordó la canciller alemana, Angela Merkel, refiriéndose al contenido del texto que darán a conocer en Roma, la semana próxima.

Se trata de una idea alemana, apoyada por la Francia de François Hollande: la de una Europa a dos velocidades. Unos están en condiciones de avanzar más rápido que los demás, argumentó Hollande, en defensa de una tesis que provoca tensiones entre los miembros de la Unión Europea.

Se trata de medidas en las áreas de defensa, la zona euro, la armonización fiscal y social, entre otros, en los que algunos países parecen listos para avanzar rápido, mientras otros irán más lentamente.

Pero la propuesta no gusta a todos. No faltan quienes ven en el proyecto la cristalización de las ambiciones de una gran Alemania.

“Ahora mismo Alemania está menos inquieta por la negociación del Brexit (el proceso de salida de Gran Bretaña de la Unión Europea) que por tomar los mandos de la UE. Lo que vamos a ver en los próximos años va a ser a Alemania ocupando los principales puestos de responsabilidad. El continente, al final, es la Gran Alemania”, afirman “fuentes europeas” citadas por la corresponsal del diario español La Vanguardia en Bruselas, Beatriz Navarro.

El presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, exprimer ministro de Luxemburgo y miembro del conservador Partido Popular Social Cristiano, intentó calmar los ánimos. Algunos de nuestros colegas –afirmó– ven en la propuesta del desarrollo de una Europa a múltiples velocidades “cómo introducir una nueva línea divisoria, un tipo de nuevo telón de acero entre el este y el oeste. Esa no es la intención”, aseguró.

Pero la aclaración no fue suficiente. Los países del Este europeo, los que pertenecieron a la esfera de influencia rusa y que se incorporaron a la Unión Europea luego de la desintegración de la Unión Soviética, son los más inquietos.

Europa del Este y los Balcanes

Hungría, República Checa, Eslovaquia y Polonia –que conforman el Grupo de Visegrado–, temen ser reducidos a socios de segunda clase en esa nueva arquitextura de la UE. En general, los países del Este y Centro europeo ven con preocupación la propuesta, pero enfrentan también conflictivas situaciones políticas internas.

Una rápida revisión muestra tensiones en Bulgaria, donde el 26 de marzo se celebran elecciones anticipadas –las terceras, desde 2013– y Rumania, sumergida desde hace un mes en manifestaciones contra la corrupción. Preocupa la debilidad de las instituciones y de los partidos políticos en los dos países.

Hungría, por su parte, intenta cerrar con violencia las puertas a la migración, mientras la UE mira con desconfianza lo que estima como un acercamiento del primer ministro Víctor Orban a Moscú.

Pero Polonia es la que ha reaccionado de forma más airada en esta cita de Bruselas, ante la reelección del exprimer ministro polaco Donald Tusk como presidente del Consejo Europeo, el órgano que reúne a los jefes de Estado y de gobierno de la UE. El Gobierno conservador de Polonia estima que Tusk no actúa con imparcialidad desde su cargo europeo y fue el único país que votó en contra de su reelección. “Ahora sabemos qué la es unaUnión Europea actuando bajo los dictados de Berlín”, reaccionó el ministro de Asuntos Extranjeros polaco, Witold Waszczykowski.

Por si fuera poco, la situación en los Balcanes despierta inquietud en la UE. La corresponsal de La Vanguardia lo señaló afirmando que los Balcanes, “patio trasero de Europa”, “no cesa de producir noticias preocupantes: intentos de golpes de Estado con elementos rusos en Montenegro, tensiones interétnicas en Macedonia, la amenaza de Kosovo de suspender el diálogo de reconciliación con Serbia, que le acusa de buscar la guerra con su plan de crear su propio ejército…”

La situación es “profundamente preocupante”, dijo la semana pasada la alta representante de Política Exterior europea, Federica Mogherini. “Los Balcanes pueden convertirse fácilmente en un tablero de ajedrez donde jugar grandes juegos de poder”, afirmó, luego de una gira por los seis países de la región, en la que enfrentó algunas protestas.

Ante este escenario, el Consejo Europeo del pasado 9 de marzo, luego de discutir sobre la “frágil situación en la región”, reafirmó “su apoyo inequívoco a la perspectiva europea de los Balcanes occidentales”, sin hacer referencia, sin embargo, a las expectativas de esos países de incorporarse a la UE.

La economía

El Grexit –la posibilidad de que Grecia se sume a Gran Bretaña en la retirada de la UE– sigue estando en la agenda europea, ante la evidencia de que el país no podrá cumplir sus compromisos, asumidos para hacer frente a una deuda externa imposible de pagar.

Pero es en las elecciones que se celebrarán en Holanda el miércoles 15 de marzo, donde están puestas las miradas más inmediatas de los líderes políticos europeos, ante unos resultados que podrían transformar en primera fuerza política del país el partido del antieuropeísta Geert Wilders. Pese a que los analistas financieros le conceden pocas posibilidades de formar Gobierno, en un escenario político muy fragmentado, en un país donde, tradicionalmente, han gobernando amplias coaliciones, un triunfo de Wilders generaría nuevas tensiones en Europa y podría reforzar la posición de su colega francesa, Marine Le Pen, en las elecciones de mayo próximo.

Si bien los datos económicos son, aparentemente, bastante positivos en Holanda, tras unos años de políticas de austeridad, estudios recientes muestran un escenario algo distinto, como lo señaló el economista español Juan Torres. Las cifras son positivas: el paro es del 5,4%, el déficit público del 1%, la deuda pública representa el 63% del PIB y la cuenta exterior registra casi un 10% de superávit.

“Pero detrás de ellas hay un panorama muy negro, que ha producido cambios políticos, y auténticos demonios que están a punto de salir plenamente a la luz en las elecciones generales del próximo 15 de marzo”, estimó Torres.

Según ha señalado el propio Banco Central holandés, agregó, “si a la tasa de paro oficial se le suman los trabajadores desanimados, que ya no buscan trabajo, y los que trabajan a tiempo parcial contra su voluntad, porque quisieran trabajar más horas, el paro sería tres veces mayor que el oficial, el 16%”. Y el porcentaje de empleos seguros ha caído del 56,8%, en 2008; al 30,5%, en 2015, mientras el empleo temporal ya supera el 20% del total.

Las cifras podrían explicar, en parte, el descontento que ha permitido al partido de Wilders aspirar a ser la primera fuerza política del país.

Una mirada al escenario económico europeo agrega, además, preocupaciones sobre la situación de su primera potencia, Alemania, donde se advierte una consistente caída de los gastos del consumidor. El volumen de ventas al detalle, afirmó Carl Weinberg, economista jefe de la reconocida firma consultora High Frequency Economics, ha venido cayendo desde su pico más alto, de mediados del 2015. Esa caída ha sido estrepitosa en los últimos seis meses, y la situación podría no ser tan sólida como algunos estiman.


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