Investigación de las universidades de los Países Bajos

El COVID-19 también enferma a los intestinos

En particular se constató la propensión del intestino delgado para ser infectado y la incidencia genética del virus.

Si bien el COVID-19 ha sido identificado como un mal particularmente respiratorio que afecta los pulmones, desde mediados de marzo se observó también que la diarrea y molestias gastrointestinales se presentan como síntomas en algunos casos.

Ahora, un equipo multidisciplinario y compuesto por especialistas de varias instituciones y universidades de los Países Bajos demostró que el intestino delgado presenta una alta propensión a ser infectado por el coronavirus SARS-CoV-2.

A través de un estudio publicado por la revista Science el pasado 1 de mayo, el virólogo Mart Lamers y otros especialistas informaron sobre el hallazgo de que la encima receptora en el cuerpo humano del coronavirus, denominada encima 2 (ACE2), “es expresada en niveles altos” en unas células que forman parte de los tejidos de los intestinos, llamadas enterocitos.

El equipo de investigación combinó el trabajo de especialistas del Centro Médico Erasmo, de Rotterdam; de Utrecht; la Real Academia de Artes y Ciencias, de Utrecht; la Universidad de Maastrich, la Universidad Centro Médico de Utrecht, y la Fundación Médica Hartwig, de Amsterdam.

Mediante el empleo de novedosas técnicas de investigación y experimentación, este equipo científico logró demostrar no sólo la propensión de las células especializadas denominadas enterocitos para ser infectadas, sino que determinaron la incidencia genética del virus para reproducirse en ellas.

En miniatura

Los holandeses lo que hicieron para experimentar sobre la propagación del virus, fue la construcción de organoides del intestino delgado humano.

Se trata de una técnica relativamente reciente. Esos organoides son cultivos tridimensionales de tejidos derivados de células madre, las cuales tienen la capacidad de dividirse indefinidamente y la ciencia ha aprendido cómo crear ambientes adecuados para que éstas células se organicen y puedan crear, de alguna manera, órganos en miniatura.

En este caso, se comprobó la infección de los enterocitos tanto por el coronavirus SARS original como por el SARS-CoV-2. “Consecuentemente, conjuntos significativos de partículas virales infecciosas fueron detectados”, apunta el estudio.

“Por lo tanto -señala la investigación-, el epitelio intestinal sustenta la replicación del SARS-CoV-2 y los organoides de intestinos delgados humanos sirven como modelos experimentales de la infección y biología del coronavirus”. El “epitelio” es un término que designa un conjunto de células, usualmente en las paredes de órganos internos.

Precisamente, los organoides del intestino delgado humano se construyeron a partir de células madre epiteliales, las cuales se pueden expandir de forma indefinida en cultivos en tres dimensiones que contienen todos los tipos de células proliferativas y diferenciadas del epitelio.

Los organoides correspondieron a una región del intestino delgado llamada el íleon y se crearon cuatro diferentes condiciones de cultivo. En los cuatro casos se observó infección de los tejidos tanto por el coronavirus SARS original como por el SARS-CoV-2.

“En términos generales, tasas comparables de infección viral se observaron en los organoides cultivados en todas las condiciones planteadas. Típicamente notamos coloración en blanco de componentes virales en células individuales a las 24 horas. A las 60 horas, el número de células infectadas había aumentado dramáticamente”, señalan los investigadores en el artículo publicado.

Para comprobar los resultados, se realizó un segundo experimento en el que la infección se repitió en  la misma línea de organoide ileal analizado tras 72 horas.

Luego se llevó a cabo aún una prueba más, “un experimento limitado y cualitativo” con un microscopio confocal, es decir, que tiene la capacidad de crear imágenes tridimensionales. Este análisis “demostró la capacidad de infección de otras dos líneas disponibles en el laboratorio”, provenientes de donantes independientes y de otra sección del intestino, denominada el duodeno.

Sin embargo, el estudio también implicó análisis genético, particularmente del ácido ribonucléico mensajero (ARNm), encargado de transmitir la información genética del ácido desoxirribonucléico (ADN) desde el núcleo de las células.

Al respecto, apuntaron que “el ARN viral puede ser encontrado en limpias rectales, incluso después de que pruebas nasofaríngeas dieran negativo”, lo cual implica la existencia, además de una infección gastro intestinal, de una ruta de transmisión fecal-oral.

El análisis mostró que las partículas infecciosas de los virus y el ARN viral “aumentaron a niveles significativos para ambos virus y en todas las condiciones de cultivo” .

En las conclusiones, el artículo publicado resume entonces que el SARS original (SARS-CoV) y el  SARS-CoV-2 infectan enterocitos en modelos de organoides intestinales humanos y que el análisis genético del comportamiento del ARNm “sugiere que bajos niveles de la encima ACE2 pueden ser suficientes para dar entrada a los virus”.

Por otra parte, los científicos también observaron que el SARS-CoV-2 es el tercer coronavirus altamente patogénico en saltar a los humanos en menos de 20 años, luego del SARS-CoV (2002-2004) y el síndrome respiratorio de Oriente Medio (MERS-CoV), detectado en 2012.

De acuerdo con el equipo investigador, ese hecho “sugiere que es probable que nuevas propagaciones de coronavirus zoonóticos (es decir, transmitidos de animales a humanos) se produzcan en el futuro”. Por ello, lanzan la voz de alarma, pues “la información disponible sobre la patogénesis (origen y desarrollo de las enfermedades) y la transmisión de los coronavirus es limitada”.


¡Lávese las manos!

Este hallazgo de los científicos holandeses es importante pues ayuda a comprender mejor las características y capacidades infecciosas del nuevo coronavirus, lo cual tendrá implicaciones importantes en la atención de casos, dentro o fuera de unidades de cuidado intensivo y hospitales.

Sin embargo, en términos de la vida cotidiana, no implica un cambio sustancial en las medidas preventivas ante el avance del virus para la población, pues significa que se debe enfatizar aún más el lavado obsesivo de manos.

El pasado 25 de abril, el Ministerio de Salud informó sobre una “baja sustancial” en los casos de diarrea en el país, en lo cual “pudieron incidir” las medidas de higiene implementadas por la población para prevenir el COVID-19.

La información divulgada detalló que al cerrar la semana epidemiológica número 14, el 4 de abril, el país contó un total de 65.892 casos de diarrea, mientras que a la misma fecha del año pasado se contabilizaron más de 90 mil, es decir, una reducción de más de 25 mil casos que constituye un 28% menos.

Las regiones con mayor incidencia son la Central Sur con 21.875 y la Central Norte con 8.492 casos. Las autoridades de Salud aprovecharon para recordar a la población la importancia de mantener las medidas de higiene y acciones preventivas que contribuyan a evitar la aparición de casos de diarreas, como, de nuevo, el lavado de manos pero también de frutas y vegetales. Al mismo tiempo se reiteró la recomendación de consumir alimentos con registro sanitario o en lugares con permiso sanitario de funcionamiento.


 

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