Elecciones en Austria y Venezuela

Dos mundos en busca de un camino

Agobiado por una grave crisis económica y sometido a renovadas presiones políticas, el gobierno de Nicolás Maduro

Agobiado por una grave crisis económica y sometido a renovadas presiones políticas, el gobierno de Nicolás Maduro logró un triunfo en las elecciones regionales celebradas el domingo en Venezuela.

Del otro lado del mundo, los ojos estaban puestos en las elecciones austríacas, donde las predicciones de un triunfo de la derecha se confirmaron. El joven canciller Sebastian Kurz, de 31 años, líder del Partido Popular, desalojó a sus colegas socialdemócratas, cuyo gobierno de coalición integraba el poder.

Kurz Obtuvo casi 32% de los votos que probablemente se sumarán a los cerca de 27% del también muy conservador Partido Liberal para formar gobierno.

Como en diversos países europeos, entre ellos Alemania, Francia y España, la derecha gobierna desde hace años con políticas extremas, que han alimentado el surgimiento de corrientes xenófobas también de derecha, con las que, en algunos casos, como en Austria, se disponen a gobernar. En Austria, decía en reciente entrevista Laurenz Ennser-Jedenastik, politólogo de la Universidad de Viena, “una cooperación con la extrema derecha no ha sido nunca tabú».

Termómetro electoral

Tras el barrido del panorama electoral en las elecciones parlamentarias del 2015, recuperado en las recientes y polémicas elecciones constituyentes, las elecciones de gobernadores en los 23 estados de Venezuela eran consideradas un buen termómetro de la temperatura política del país.

Tras cuatro meses de protestas de la oposición, con un saldo de más de 120 muertos, y dos meses de tregua, la BBC decía, el viernes pasado, a solo dos días de las elecciones, que estas eran una “nueva batalla entre dos frentes polarizados”.

Y agregaba: “Las encuestas dan como favorito a la oposición de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), que acude unida en torno a candidatos unitarios, y podría ganar hasta 18 de las 23 gobernaciones. Para ello, según los analistas, el nivel de participación será decisivo”.

En todo caso, se daba por seguro que el gobierno perdería gobernaciones, pues el 2012 había triunfado en 20 de los 23 estados.

Los resultados fueron distintos y, como es habitual, puestos en duda por la oposición cuando pierde.

Con una participación de 61,1%, considerada elevada para este tipo de elecciones regionales, el Partido Socialista Unificado de Venezuela (PSUV) ganó 17 gobernaciones.

Tal como previó la BBC, el oficialismo perdió gobernaciones. La oposición, que gobernaba en tres estados, ganó otros tres, si se confirma la ventaja que mantenía en el estado de Bolívar, el único donde quedaba pendiente un resultado definitivo; Pero no los 18 con que especulaban.

En centros clave, como Zulia, estado con mayor número de votantes, Juan Pablo Guanipa, de la oposición, con poco más de 693 mil votos, se impuso con una diferencia de 60 mil sobre Francisco Arias Cárdenas, del PSUV.

En Miranda, donde se ubica Caracas, gobernada por el líder opositor Enrique Capriles en los últimos ocho años, ganó el candidato del PSUV, Héctor Gutiérrez, con casi 75 mil votos de diferencia sobre su rival, Carlos Ocariz.

En Lara, cuarto estado con más electores y uno de los gobernandos por la oposición, Henry Falcón buscaba un tercer mandato. Fue derrotado por Carmen Meléndez, militar, exministra de Defensa del gobierno de Maduro.

El líder opositor y presidente del parlamento venezolano, Julio Borges, había previsto un “terremoto político”, una conquista de 12, 13, 14, 15, 16, 17 y 18 gobernaciones por la oposición que haría irreversible “un cambio completo y democrático” en el país. Los resultados, finalmente, no confirmaron sus expectativas.

Sentimientos encontrados

No dejan de sorprender los resultados electorales en Venezuela. Centro de la atención de los grandes medios cuando la oposición trataba de tomar las calles, el proceso electoral no acapara la misma atención, sobre todo cuando gana el Gobierno.

Las sensaciones contradictorias que despierta el proceso político quedan expresadas en el testimonio publicado también por la BBC: Xavier, mototaxista de una línea en los alrededores de Plaza Altamira, centro de las protestas opositoras en Caracas, “tiene sentimientos encontrados”.

“En las protestas se hacía buena plata, porque como no había transporte, uno hacía carrera y carrera. Pero lo que hicieron… No, no era el modo. Así, con esas protestas, no llegan a ningún lado. Ahora hay calma. Pero los problemas siguen estando ahí”, afirma.

Esto quizás explica, en parte, los resultados del domingo pasado. La fuerza de la oposición está en la crisis económica, como explica Humberto Márquez, en un artículo para la revista uruguaya Brecha.

“El contexto económico para esta elección es de crisis. La marca principal es la inflación, sin cifras oficiales desde hace dos años pero la más alta del planeta, según fuentes no gubernamentales.

La firma de consultores Ecoanalítica la ubica en 525 por ciento para 2016 y cree que en 2017 cerrará en 1.400 por ciento, después de que en agosto –un mes de vacaciones escolares y bajo consumo, tradicionalmente de inflación baja– alcanzara 35 por ciento, marcando la mayor alza mensual en la historia económica venezolana”.

En el bienio 2016-2017, agregó, “los precios se han duplicado cada cuatro meses, y el área más sensible es la de los alimentos. A la carestía se suma la escasez, lo que da lugar a largas colas de compradores de productos esenciales de la dieta, tales como leche, harinas, aceite, azúcar, arroz o café, abriéndose campo a especuladores que venden cada quilogramo a un precio diez o 20 veces mayor que su valor nominal”.

A esas cifras desoladoras se suma el precio del dólar. Entre las diversas tasas oficiales hay una de 10 bolívares por dólar, que en el mercado negro, se cotiza a más de 25 mil bolívares, lo que se transforma no solo en una fuente de gran inestabilidad, sino de corrupción, pues los que tienen acceso a dólares oficiales (funcionarios, pero también empresarios) cuentan con una fuente de enriquecimiento rápido.

Ofensiva internacional

El Gobierno de Venezuela enfrenta una ofensiva internacional en su contra, como la expresada por el presidente norteamericano Donald Trump. El 6 de octubre, en vísperas de las elecciones, en un acto de la Casa Blanca, reiteró su rechazo a “la represión socialista y llamamos a la restauración de la democracia y de las libertades de los ciudadanos venezolanos”.

Tanto Estados Unidos como Canadá han aplicado sanciones a Venezuela, las mismas que está considerando la Unión Europea, a iniciativa de España. Habrá que ver qué harán ahora, conocidos los resultados electorales.

Del mismo modo, convertido en representante de las demandas de la oposición venezolana, el Secretario General de la Organización de Estados Americanos (OEA), Luis Almagro, promueve la investigación de un “panel de expertos” que pretende llevar los gobernantes venezolanos a la Corte Penal internacional, bajo la acusación de “genocidio”.

En todo caso, la OEA no puede acusar un Estado ante la corte. Tendría que hacerlo otro Estado miembro, algo que nunca ha ocurrido hasta hoy.

El otro mundo

Las tensiones políticas no se expresan solo en América Latina. Por el contrario, el escenario político europeo se ve empujado cada vez más hacia la derecha, con los más diversos representantes del sector que gobiernan algunos de los principales países europeos.

La reciente elección alemana debilitó la derecha demócrata cristiana, pero dio fuerza a otro sector, xenófobo, transformado en tercera fuerza política del país, ante el derrumbe de una socialdemocracia también sometida a los intereses conservadores.

Algo parecido ocurrió el domingo en Austria, donde dos fuerza de extrema derecha se aprestaron a gobernar, de acuerdo con las informaciones difundidas luego de conocerse los resultados.

Kurz, de 31 años, descrito como un líder “con una imagen de modernidad, un discurso muy firme sobre la inmigración y con promesas de recortes fiscales”, se asemeja a la imagen del nuevo presidente francés, Emmanuel Macron, joven y conservador como él, dispuestos a llevar a Europa hasta límites hasta hace poco insospechados.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

(Créditos: Archivo)


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