Director del Institute for Multiparty Democracy

“Bukele necesita una constituyente que le permita reelegirse”

La crisis política que vivió El Salvador ha mostrado la cara no democrática de Bukele y su discurso de antipartidismo, según director de organismo.

Juan Meléndez, salvadoreño, es el director ejecutivo del Netherlands Institute for Multiparty Democracy (NIMD) en ese país. Arquitecto de formación, hizo una maestría en Desarrollo Humano en la Universidad Católica de Chile.

La NIMD es una institución orientada a promover espacios de diálogo con los partidos políticos y con el parlamento. Trabaja en 28 países en el mundo; en Centroamérica lo hace especialmente en El Salvador, Guatemala, Honduras. Un componente fuerte de su trabajo es una escuela de formación para la democracia y el trabajo con movimientos sociales.

UNIVERSIDAD conversó con él, quien desde su sede en San Salvador acompaña de cerca el desarrollo de los acontecimientos políticos. Bukele necesita una constituyente que le permita reelegirse, explicó, en una entrevista en la que se refiere a los primeros meses de gobierno del presidente salvadoreño.

El presidente Bukele ha hecho de su programa contra la violencia en El Salvador el objetivo fundamental de su gobierno. ¿Está claro lo que quiere implementar? En su opinión, ¿es el camino para reducir las estadísticas de crímenes en el país?

—El presidente Bukele ha enfatizado en sus planes de seguridad. Sin embargo, no tenemos claridad sobre cuáles son los componentes de esos planes.

El plan de control territorial que presentó tiene diferentes fases. La primera es la coerción, similar a la de anteriores gobiernos; luego viene la inversión social y, finalmente, una fase orientada más hacia el empleo.

Sin embargo la presentación de este plan se hizo en PowerPoint, no tenemos un documento que describa a ciencia cierta el contenido de esos componentes.

Se trata de la continuación de los planes de mano dura, planes coercitivos como los que han empleado gobiernos anteriores: golpear y luego sobar a la población. Ahora está trabajando en el equipamiento de la policía y del ejército, con cascos, armas, chalecos antibalas. Pero no sabemos nada más que esto. No tenemos claridad sobre lo que pretende a más largo plazo.

Lo primero que hizo el presidente Bukele fue un combate frontal a las maras para recuperar espacios públicos. Lo segundo fue la dotación de servicios básicos a sectores de la población; lo tercero la construcción y equipamiento de estructuras sociales; y, finalmente, la formación de capacidades, de desarrollo profesional.

Es cierto que en estos primeros meses de gobierno ha habido una reducción de los homicidios. Pero muchos periodistas y personas conocedoras del tema afirman que podría deberse a que se ha hecho una tregua con las pandillas.

Bukele ha venido anunciando un proyecto de largo plazo y, para eso, necesita este “golpe de Estado”.

Bukele reivindica el éxito de sus iniciativas para combatir a las pandillas en estos pocos meses de gobierno. ¿Ha sido un éxito su programa?

—Hay una reducción de los homicidios, pero no sabemos si es resultado del plan. Entendemos que pueden estar por ahí las razones reales de la baja de homicidios.

El presidente ha invertido mucho en comunicación a los jóvenes para disuadirlos de meterse en las pandillas. Hay una campaña enfatizando lo negativo que es estar en las pandillas. Pero no han bajado, por ejemplo, las actividades de extorsión con que las pandillas consiguen recursos para su financiamiento. Pasó lo mismo en 2012 con gobierno de Mauricio Funes.

La asamblea ha aprobado recursos para los proyectos del presidente, entre ellos dos préstamos con el mismo BCIE y ha aumentado en un 20% el presupuesto de seguridad, sobre todo de la policía y del ejército.

Pero el BCIE ha estado involucrado en casos de corrupción en El Salvador, en construcción de carreteras y la construcción de un hospital.

 En estos casi nueve meses de gobierno, ¿qué otros aspectos de su programa ha adoptado Bukele? ¿Cuáles son las medidas más relevantes, desde su perspectiva?

—Una de las cosas más interesantes es la política exterior. Ha sido una política poco clara. Había indicios de que iba a estar alineada con la de los Estados Unidos. Bukele expulsó la embajada de Venezuela, acusó de dictadores a los presidentes de Nicaragua y Honduras y no los invitó a los actos de toma de posesión.

Luego hizo visita a Asia, a Japón y a China, donde estableció una fuerte cooperación, pero no muy distinta a la que China establece con otros países, incluyendo la donación de un estadio de fútbol. Eso descuadró a Estados Unidos.

Una segunda medida fue una campaña para abastecer de agua potable a muchas comunidades. Se abrieron pozos que, sin embargo, no cumplían con especificaciones técnicas. No hubo una buena planificación y se generó un problema de abastecimiento en San Salvador.

Lo tercero fue el anuncio de un plan de despegue económico. Bukele llamó a una conferencia de prensa, pero solo anunció el inicio de la elaboración del plan.

Dentro de un año –el 28 de febrero del 2021– habrá elecciones legislativas en El Salvador. Es probable que Bukele logre entonces un apoyo mayoritario, que hoy no tiene. ¿Es necesario amenazar con el cierre del actual Congreso para avanzar con sus proyectos?

—Para su proyecto de largo plazo creo que sí es necesario. ¿Si no, por qué estaría haciendo este movimiento o autogolpe? Porque quiere convocar a una Asamblea Constituyente para reelegirse en 2024.

Desde la campaña electoral y toma de posesión, en junio pasado, Bukele ha venido anunciando un proyecto de largo plazo y, para eso, necesita este “golpe de Estado”.

Bukele tendría que convocar una Asamblea constituyente para poder reelegirse, pues hoy está prohibida la reelección sucesiva.

Las próximas elecciones legislativas posiblemente obtenga una mayoría simple. Si espera hasta 2021 esta asamblea convocará una constituyente y tendrá que esperar hasta las elecciones del 2024 para llamar a una segunda votación. Pero en 2024 son también las elecciones presidenciales y él no se podría presentar.

¿La propuesta de Bukele de tomar del Congreso cuenta con el apoyo total de las fuerzas armadas? ¿Hay voces disidentes?

—Hasta el momento no hay voces disidentes. Parece que cuenta con la unanimidad del Estado Mayor. Las fuerzas armadas respondieron el pasado domingo a su llamado, la policía también. Ambos juraron lealtad al presidente.

Pero no creo que se arriesguen a ir en contra de la resolución de la Sala de lo Constitucional, que ordenó a Bukele respetar la separación de poderes, porque esto rompería definitivamente el orden constitucional en El Salvador.

El domingo pasado (2) los diputados no llegaron a la sesión convocada por Bukele. Solo había 28 diputados de 84. No hubo mayoría y eso fue clave para evitar el golpe.

Tampoco hubo el apoyo popular esperado. Bukele nunca logró un apoyo masivo en sus llamados. Trajo gente acarreada en buses de fuerzas armadas y de Gobierno. No creo que logre tampoco ahora un movimiento masivo.

También fue muy importante el papel de la comunidad internacional, tanto de Estados Unidos como de la Unión Europea. Eso evitó el golpe de Estado.

Pero en redes sociales se está ha arengado a la gente, llamando a una insurrección popular.

Finalmente, ¿qué se puede esperar del desarrollo de esta crisis en El Salvador?

—Podríamos destacar tres cosas. En primer lugar, esto ha servido para desenmascarar qué tipo de gobernante es Bukele y el tipo de personas que lo rodean. Ya sabemos cuáles son sus intenciones; no son necesariamente democráticas. Él no reconoce a la oposición. Su principal discurso es el antipartidismo.

Lo segundo es la pérdida de confianza de la comunidad internacional, y eso es lo más duro. Si bien a nivel local no ha bajado su popularidad, la confianza que había ganado con esas giras internacionales se ha perdido rápidamente, incluso entre los países europeos. No es la misma persona que era hace un mes. La sociedad civil se está organizando de nuevo.

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