Glenn Greenwald

Sérgio Moro busca criminalizar nuestro trabajo

El periodista y abogado estadunidense Glenn Greenwald se dio a conocer por revelar los programas de vigilancia de la norteamericana Agencia de Seguridad Nacional (NSA)

El periodista y abogado estadunidense Glenn Greenwald se dio a conocer por revelar los programas de vigilancia de la norteamericana Agencia de Seguridad Nacional (NSA), con la información proporcionada por el analista Edward Snowden, caso que narra en su libro Sin lugar donde esconderse. Actualmente reside en Brasil y fundó, en 2014, la plataforma The Intercept, que ha filtrado conversaciones que revelan el sesgo de los oficiales anticorrupción en Brasil, incluyendo al actual ministro de Justicia, Sérgio Moro.

Las publicaciones, basadas ​​en documentos y mensajes de texto provenientes de una fuente anónima, revelan extractos de conversaciones privadas entre los fiscales a cargo del caso del expresidente Luiz Inácio Lula da Silva. The Intercept afirma que los mensajes resaltan que el juez que supervisó el juicio, el actual ministro de Justicia de Brasil, Sérgio Moro, ha sido parcial y orientó inadecuadamente a los fiscales para que investigaran a Lula por soborno.

En la siguiente entrevista con Pierre Le-Duff de France 24, explica algunos pormenores de esa investigación que aún tiene mucho por revelar.

Después de que algunos miembros del Congreso pidieron su detención, incluso su deportación, y surgieron amenazas de muerte en las redes sociales, ¿aún se siente seguro en Brasil?

— No me siento completamente seguro. Desde el principio, el ministro de Justicia, Sérgio Moro, el principal interesado de nuestra investigación, ha estado utilizando un lenguaje que busca criminalizar nuestro trabajo, llamándonos “aliados de los piratas informáticos” y nunca refiriéndose a nosotros como periodistas.

Luego, el presidente Bolsonaro, durante tres días, pidió que me encarcelaran. Llegaron después una serie de amenazas de muerte y todo tipo de mentiras muy sucias sobre mi familia y mis allegados. Así que implementamos un importante esquema de seguridad y estamos rodeados de abogados.

Salí de Brasil hace dos semanas para visitar a mi familia en Estados Unidos. Podría haberme quedado e informar desde allí, pero no lo hice. Regresé a Brasil porque creo que es importante enfrentar estos riesgos, para demostrar que la democracia brasileña sigue siendo viable y que los periodistas tienen derecho a informar.

Sufrió de represalias después de revelar los programas de vigilancia de la NSA, ¿esperaba semejante reacción después de que se filtrase información sobre el Lava Jato?

—Sí. Empezando, sabíamos que la persona cuya corrupción estábamos exponiendo, Sérgio Moro, es, o al menos era, la persona más popular y querida en Brasil debido a una falsa imagen mediática que se construyó con mucho cuidado en los últimos cinco años. Entonces, sabíamos que enojaría a mucha gente.

Más allá de eso, es un actor extremadamente importante para el Gobierno de Bolsonaro. Es una garantía de legitimidad para el poder y una fuente de confianza para las clases medias. Fue escogido como la persona encargada de prevenir cualquier acto de corrupción, cualquier vulneración de la democracia y con el propósito de empujar a ciertos sectores a sentirse cómodos con el Gobierno de Bolsonaro. Entonces, por supuesto, sabíamos que este tipo de revelaciones iba a enojar a un gran número de personas, especialmente a las que ejercen el poder (…) y que nos traería muchos riesgos y amenazas.

Además, no existe realmente una tradición o cultura para este tipo de informes en Brasil – unas filtraciones a gran escala de comunicaciones de autoridades – como ya salieron en Estados Unidos con Snowden y en otros países con el trabajo Wikileaks. Todo eso me hizo saber que esto será muy controvertido, que traería muchos riesgos y muchas amenazas. Así que no puedo decir que me sorprenda lo que está sucediendo.

¿Puede contarnos sobre el proceso de análisis del material que obtuvieron? ¿Cómo lo realizaron?

—La primera pregunta que uno se hace es: “¿Es esto de interés público?” Era obvio para nosotros desde el principio que el material revelaba irregularidades muy graves por parte de una de las personas más poderosas del país, sino la más poderosa. Entonces esa pregunta fue bastante fácil de responder.

La segunda pregunta, más difícil, que luego surge es: “¿será auténtico este material? ¿Es viable? ¿Podemos estar seguros de que lo que estamos publicando es realmente original? Ese proceso necesitó mucho trabajo. Tuve el mismo desafío cuando obtuve los archivos de Edward Snowden. Tuvimos entonces que preguntarnos: “¿cómo sabemos que estos documentos, obviamente impactantes, son reales? ¿Cómo asegurarnos de que no fueron falsificados?”

La clave fue encontrar filtraciones de conversaciones entre los fiscales y nuestros reporteros, y así pudimos comparar esas conversaciones con las que todavía estaban en los teléfonos de nuestros reporteros y pudimos ver que eran idénticas, palabra por palabra.

Consultamos también fuentes que conocen de cerca la operación “Lava Jato” que tienen mucha información confidencial, y pudieron confirmar los datos. También con expertos que nos corroboraran que las discusiones técnicas acerca del “Lava Jato” solo pudieron haberlas tenido personas con mucho conocimiento del tema.

Una vez que se aclaran estos dos puntos, el interés público y la autenticidad, uno no solo tiene el derecho, sino ante todo el deber de periodista de divulgar el material.

Más de dos meses después del comienzo de las revelaciones, ¿cuánto queda por venir? ¿Aparecen otros miembros del Gobierno en las filtraciones?

— No hablaré sobre material que aún no hemos publicado porque sería irresponsable. Falta pasar por el proceso editorial. Lo que puedo decir es que estamos más cerca del principio que del final. Hay muchas historias, que considero extremadamente importantes y explosivas, en las que estamos trabajando actualmente, tanto por nosotros mismos como en colaboración con otros medios. No estamos cerca del final de las revelaciones.

Entonces, ¿no se publicó ni el 50% de los elementos?

—Definitivamente menos del 50%.

¿Qué opina sobre la reacción de la opinión pública ante el asunto?

—Creo que ha superado hasta nuestras mayores expectativas. Obviamente nos preocupaba que las personas no quisieran escuchar información incriminatoria sobre alguien a quien daban casi una importancia religiosa en Brasil. Sin embargo, durante la primera semana de publicación, la gente estaba tan impactada por las revelaciones que dos de los más importantes medios conservadores, la revista Veja y el periódico Estadão publicaron editoriales muy duros en contra de Moro, pidiendo su renuncia. De hecho, Veja se convirtió en nuestro socio periodístico.

Luego, a raíz de las revelaciones, Sérgio Moro empezó a perder popularidad en las encuestas de aprobación. La opinión pública ha estado cambiando, no solo sobre él, sino toda la investigación del “Lava Jato”.

Las autoridades lo acusan de ser un activista. ¿Cómo se posicionaría políticamente?

—Siempre pensé que los periodistas no deberían pretender ser lo que no son. Tienen opiniones sobre debates políticos como cualquier otro ser humano. Los periodistas son subjetivos. No somos computadoras. No somos máquinas. Percibimos el mundo a través de nuestro lente subjetivo y, de hecho, creo que es perjudicial para el periodismo que los comunicadores pretendan no tener opiniones, cuando el público sabe que eso es falso. Entonces, mi opinión siempre ha sido que, como periodista, es importante ser honesto sobre las cosas en las que usted cree. Soy periodista, abogado y ciudadano, y me parece escandaloso que un juez trabaje en secreto con los fiscales, lo que considero como una grave corrupción de la Justicia.

Adicionalmente, extendimos los archivos a múltiples medios de comunicación, precisamente para evitar que la gente afirme que estamos ocultando cosas.

Al publicar gradualmente chats privados, ¿está tratando de influir en la agenda del Gobierno?

—Realmente, no hay otra forma de procesar esta información. La única opción alternativa sería publicar todo, sin análisis, tal como lo hizo WikiLeaks, lo cual es irresponsable. No obstante, tampoco sería ético quedarse con todo. Para mí, cuando la información está lista, se publica.

Además, revelar todo al mismo tiempo no deja a nadie asimilar semejante cantidad de información. Usamos el mismo método periodístico utilizado en la investigación de la NSA, trabajando con medios de todo el mundo.

El Congreso brasileño aprobó un proyecto de ley sobre abuso de autoridad. Tras reunirse con Sérgio Moro, Jair Bolsonaro afirmó que lo vetará. ¿Es un texto diseñado para luchar contra abusos como los revelados por el “Lava Jato”?

—Según tengo entendido, Sérgio Moro quiere que Bolsonaro vete la mayor parte de la ley, sino toda la ley, pero no creo que haya una respuesta definitiva todavía.

Este proyecto de ley ha estado pendiente desde algún tiempo. Actores de todas las tendencias políticas consideran que los jueces y fiscales abusaron de su autoridad durante esta investigación, y que todos deben rendir cuentas por sus acciones, tanto jueces como fiscales o policías. El propósito de esta ley precisamente es castigar el tipo de abuso de autoridad que cometió Sérgio Moro.

Tomado de France 24


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