Propuesta para mejorar representatividad y proporcionalidad

Costa Rica necesita 143 diputados

El título de esta nota no es un error; el número que usted leyó es correcto

El título de esta nota no es un error; el número que usted leyó es correcto: Costa Rica necesita aumentar la cantidad de representantes hasta completar una cámara de 143 diputados –es decir crear 86 nuevas curules y sumarlas a las 57 que hay actualmente- para que la ciudadanía esté proporcionalmente representada, de acuerdo con la cantidad de población que hoy tiene el país.

Esa es la propuesta desarrollada por Diego González Fernández en su tesis de graduación como licenciado en Derecho de la Universidad de Costa Rica (UCR) y que el Tribunal Supremo de Elecciones publicó posteriormente a través del Instituto de Formación y Estudios en Democracia (IFED), en el libro Aplicación del modelo alemán a la elección de diputados en Costa Rica.

La idea de González -que recoge pensamientos del constituyente originario y un modelo de elección de legisladores en Alemania- es que la cantidad de diputados no debe ser estática sino que requiere aumentar o disminuir según el comportamiento demográfico del país.

González indica, además, que se requiere modificar la forma en la que se eligen esos legisladores y migrar hacia un sistema que permita mayor representatividad y que dé a las minorías oportunidad de acceder a escaños en el Congreso.

Para elaborar este proyecto, el autor parte de conceptos como democracia representativa, representación proporcional y también de fórmulas y cifras que lo diferencian de otros trabajos que se divulgaron con anterioridad.

La propuesta consta de dos etapas: la primera procura recuperar la voluntad original de los constituyentes de 1949, que habían establecido que la cantidad de diputados debía responder a la composición demográfica del país.

En aquel momento, cuando la población era de alrededor de 850.000 personas, se estableció que la Asamblea se conformaría de 45 diputados, pero que, cuando la población pasara de 1.350.000 habitantes, se comenzaría a elegir un nuevo legislador “por cada 30.000 habitantes o residuo mayor de 15.000 por provincia”.

Al final, eso no ocurrió, pues una reforma constitucional, en 1961, definió la cifra estática de 57 miembros para el Congreso.

Un año después de esa reforma la población era ya de 1.352.695 habitantes y siguió en aumento hasta que en el 2011 (año en que se realizó el último censo del país) llegaba a 4.301.712 ciudadanos.

Según González, si se mantuviese la idea del constituyente original, que promovía la representación proporcional, y con base en ese último censo, el país debería tener hoy un congreso compuesto por 143 parlamentarios.

Además de esa referencia, el investigador estimó el promedio de habitantes que son representados por cada diputado en América Latina.

El resultado de ese análisis fue que -en la región- cada diputado representa al 0,70% de la población, mientras que en Costa Rica el promedio es de 1,75% (esto es 85.796 personas por legislador, lo cual significa un aumento de 361,5% desde 1962)

Para que el país alcance el promedio de la región –y para sorpresa de González- se necesitan 143 legisladores, la misma cifra obtenida bajo el pensamiento del constituyente.

El investigador considera que este es el número que permitiría reducir el sentimiento de lejanía que hoy existe entre el ciudadano y su representante, tema que incluso ha sido estudiado por el Programa Estado de la Nación, el cual, en su informe XVI señaló:

“Para empezar, la Asamblea está conformada por 57 diputados, lo que hace materialmente imposible que todos los cantones (81) estén representados de manera permanente en el Poder Legislativo. Por fuerza, siempre habrá cantones que ‘se quedan por fuera’”.

Con base en esos razonamientos, la idea es clara: el país necesita aumentar el número de legisladores para mejorar la representatividad.

¿Cómo hacerlo? Esta es la parte en la que González introduce la aplicación del modelo de elección de la Cámara Baja del Parlamento de Alemania.

El modelo alemán

Actualmente, en Costa Rica las curules legislativas se reparten según la población de las provincias y se eligen los diputados mediante listas cerradas por partido.

El procedimiento de elección planteado por González busca que los costarricenses elijan a los legisladores mediante dos elecciones simultáneas que se complementan.

Una vez definido que se requieren 143 legisladores con base en la población actual, se determina que 72 de ellos serán electos por circunscripciones llamadas uninominales y los otros 71 en una votación de carácter plurinominal.

Para lograrlo, en primer lugar, el país debería dividirse en unas circunscripciones llamadas “uninominales”, que estarían definidas por una zona geográfica y una cantidad de personas que sea proporcional.

En este ejemplo, la media es de 59.746 habitantes con un margen del 30%, es decir, “una circunscripción (uninominal) no podrá tener más de 77.669,8 habitantes, ni menos de 41.822,2”, plantea el autor.

En esas circunscripciones o circuitos electorales, cada partido político tendría un candidato que es de la zona, lo que generaría cercanía con las personas que eventualmente representará.

Por ejemplo, cantones como Escazú, Moravia y Nicoya podrían ser, cada uno, una circunscripción uninominal pues tienen ese margen de población.

Mientras que, en el cantón central de San José, esos circuitos pueden formarse por varios distritos (Carmen, Catedral, Zapote y San Francisco de Dos Ríos pueden formar uno pues juntos alcanzan 54.526 habitantes).

Paralelo a esto, González propone que exista una circunscripción plurinominal compuesta por todos los candidatos de todos los partidos del país. En esta votación, cada partido va a entregar una lista con sus 143 candidatos.

En términos más prácticos, cuando un costarricense vaya a votar, tendrá en sus manos dos papeletas. En una de ellas podrá elegir a un candidato de un partido que considere que lo representa en su zona geográfica más cercana.

Entre tanto, en la otra, podrá votar por una lista bloqueada y cerrada del partido político al que desee apoyar, que puede ser distinto al que eligió en el circuito uninominal.

¿Cómo se forma la Asamblea?

El paso que sigue es ponerles nombres y apellidos a cada uno de los 143 escaños del Congreso.

En primer lugar, la elección plurinominal (en la que los ciudadanos votaron por una lista de un partido político) dirá cuántos espacios ganó cada tendencia.

Para ello, el autor propone utilizar una fórmula electoral de cuotas o restos mayores, llamada Cuota de Hare Modificada, que se emplea actualmente en Costa Rica, y que usa el cociente (votos emitidos entre la cantidad de espacios para asignar), el subcociente y la cifra residual para hacer una distribución proporcional.

En esa fórmula, el subcociente servirá como la barrera para determinar cuáles partidos pueden tener escaños. Al mismo tiempo, si hay partidos que a nivel nacional no obtuvieron votos, pero en los circuitos uninominales tuvieron al menos tres victorias, también podrán acceder a escaños.

En la votación de carácter uninominal (en la que se vota por el candidato de su zona) ganará en cada circunscripción el candidato que obtenga el 40% de los votos.

En caso de no haber ninguno, se debe ir a segunda ronda.

Posteriormente, a los espacios que ganó cada partido en la elección de carácter plurinominal, se restan los elegidos en la vía uninominal. En los espacios restantes con que cuenta cada fracción, se colocarán los candidatos en el orden en que cada partido los había puesto en sus listas.

¿Qué gana el país?

De entrada, la propuesta de González puede ser polémica, pero no es la primera vez que se plantea algo similar en el país.

En octubre del 2016, se presentó en la Asamblea un proyecto de ley trabajado desde el 2012 por el grupo Poder Ciudadano ¡Ya! y que fue acogido por 10 legisladores.

Esa iniciativa ciudadana trata sobre buscar representatividad y mejorar la proporcionalidad. Para ello, diseñaron el modelo de Sistema Mixto Proporcional (SMP), con base en Alemania y Nueva Zelanda, en el cual se hace una lista nacional de 84 legisladores, de los cuales, 42 son elegidos por los distritos electorales y los otros de forma nacional.

Dicha propuesta reconoce que el número de legisladores todavía se quedaría corto, pero advierte que se plantea así “teniendo en cuenta el adverso clima político actual con respecto al tema del aumento del número de congresistas”, según un artículo publicado por la co-fundadora de la agrupación, Abril Gordienko.

También, en enero del 2013, la Comisión de Notables nombrada por la entonces presidenta, Laura Chinchilla (2010-2014), indicó que el país debía aumentar el número de diputados a una cantidad de entre 81 y 87.

Las ideas de ese tipo generaron controversia, pues el debate público se tornó hacia el costo económico de ese incremento en la cantidad de legisladores.

Por ejemplo, actualmente, el país paga anualmente ¢1.990 millones en dietas a los 57 diputados. El presupuesto total de la Asamblea Legislativa es de ¢34.800 millones.

No obstante, en una Encuesta de Actualidad Política realizada en el 2014 por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y el Centro de Investigación y Estudios Políticos (CIEP) de la UCR reveló que el 68,7% (siete de cada diez consultados) de las personas considera que todos los cantones deberían tener un diputado.

Sobre la estructura de las papeletas 81,2% apoyó la opción de construir listas propias y 89,2% dijo que le gustaría poder establecer el orden con que se eligen a los diputados.

Es urgente

La tesis de González se suma a la de algunos diputados y politólogos quienes advierten que este es un cambio necesario en Costa Rica.

Para el politólogo Gustavo Araya, la propuesta de González responde al problema de que el sistema de elección de diputados que se emplea actualmente fue pensado en otra realidad nacional.

“Hay cantones que se quedan sin representación, que son ciertas zonas del país que han estado tradicionalmente excluidas”, señala Araya.

Además, considera que es “un error” considerar esta idea en términos del aumento en el costo económico. “Con 143 buenas y buenos diputados con una cultura política buena, que tengan que rendirle cuentas a la ciudadanía, que estén obligados a tomar decisiones, obligados a llegar a consensos, es mucho más económico que tener diputados que se creen todos sabios, todos poderosos, que no le deben cuentas a nadie”.

Similar criterio expresó Felipe Alpízar, director del CIEP, quien considera que si el representante está más cerca de su base electoral-política, puede responder mejor a ese electorado.

Además, sostiene que “un Congreso más grande funciona mejor que uno pequeño”.

“Por ejemplo, puede haber más comisiones. Si usted es diputado y quiere estar en 10 comisiones, tiene que estar en una comisión media mañana, pero si usted tiene 150 diputados (en total) y tiene las mismas 10 comisiones, su partido tiene más representantes y usted puede decir: ‘yo voy a ambiente y vaya usted a asuntos económicos’”.

No obstante, Alpízar coincide con Araya en resaltar que el cambio no puede ser solo en la cantidad de legisladores.

“Habría que ordenar el debate en el plenario, poner plazos, controlar mejor el uso de la palabra, evitar que haya esas participaciones de un diputado por tres días seguidos o que se presenten mil mociones. Todo eso debería cambiar en el reglamento legislativo”, puntualizó el director del CIEP.

Para Alpízar, además, se debe también instaurar la reelección legislativa consecutiva.

“Es el principal mecanismo que existe en la democracia para hacer que las personas rindan cuentas, no solo a nivel parlamentario sino presidencial también. Porque si soy diputado y no hay perspectiva de que pueda ser reelecto, no tengo por qué darle cuentas a nadie”, apuntó.

Para el diputado liberacionista y precandidato a la presidencia de la República, Antonio Álvarez, el país necesita migrar hacia un sistema parlamentario (en el que el Poder Ejecutivo proviene del Parlamento).

“Garantiza que si un partido no tiene mayoría en el Parlamento tiene necesariamente que hacer acuerdos, que tienen que ser transparentes a los ojos del país. Creo que Costa Rica está más que maduro para ir a un sistema parlamentario”.

Sobre el modelo alemán planteado por González para el país, Álvarez estimó que es un “proceso complicado” y que, si al electorado le parece complicado, será difícil que se sume.

“Lo segundo es que incrementaría en mucho el número de diputados y creo es un tema que la opinión pública no aceptaría”.

Mientras, el diputado y fundador del Partido Acción Ciudadana, Ottón Solís, expresó estar de acuerdo con la lógica de la elección por distritos que combine la representatividad con la proporcionalidad. A la vez indicó que discrepa de elevar la cantidad de legisladores.

“Porque yo veo que hay mucho diputado ausente hoy en día y cuando están todos en el plenario empiezan a pelear y a hablar y hablar”, manifestó Solís.


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