Entrevista a Lola Fernández, pintora

“Yo siempre he pintado lo que yo he querido”

“Variaciones lineales” se titula la exposición de la artista plástica Lola Fernández que el Museo de Arte Costarricense mantiene abierta hasta el 18 de noviembre.

Lola Fernández

La artista visual Lola Fernández Caballero prefiere romper las reglas, experimentar, adquirir conocimiento para salirse del canasto de aquello que aprende. La pintora ha sido consecuente con esa visión del arte que practica hasta la fecha, con 92 años que sigue contando.
En su casa de Barrio Amón, doña Lola abre su hogar a UNIVERSIDAD una tarde de octubre, soleada y silenciosa.

En el estudio ubicado en un segundo piso y que está colmado de cuadros, testimonio de sus variados estilos y temáticas, el río Torres se escucha en el fondo crecido por la lluvias, y las puertas del balcón que dan al jardín frontal –también colmado de árboles y plantas que crecen donde pueden y quieren– estaban cerradas ensombreciendo la amplia habitación.

De estatura pequeña, lentes y pelo corto, y vestida con una camisa blanca, pantalones azules, y un collar largo color turquesa, doña Lola sonríe y ríe mucho a lo largo de la conversación, a propósito de los acontecimientos vitales que va narrando con su forma dicharachera de hablar.

De igual modo, se entusiasma al enlistar las plantas y los árboles sembrados en el jardín –cas, limones dulces, naranjas, guineos, llama del bosque “que da esas flores tan lindas”, mango–, así como al mostrar las orquídeas que florecen guindadas de las ramas.

Es raro estar en medio de la capital bulliciosa y crispada sin percibir el ruido y la tensión citadina; sin embargo, ese barrio con su rotonda y cercanía al Parque Simón Bolívar y al río circundado por una tupida y húmeda vegetación (con todo y los catres viejos y perros muertos que doña Lola ha visto pasar por la correntada) es una verdadera excepción a la regla.

También, la misma doña Lola es una o varias excepciones a su propia regla, pues a lo largo de su trayectoria ha procurado migrar no solo físicamente entre Ginebra –de donde es oriundo su esposo, Jean Pierre Guillermet, recientemente fallecido– y San José, así como su natal Cartagena, sino que ha transitado por distintos estilos en su quehacer plástico sin obviar los métodos y las técnicas de aprendizaje artístico.

Doña Lola ha sido rigurosa con su formación, pero no ha querido comprometerse de por vida con ninguna manera de expresión creativa.

“Los acrílicos en blanco y negro de esta exposición son diferentes a mis otras pinturas figurativas; son más audaces y rompen con el buen dibujo académico buscando mayor expresividad y dramatismo, sobre todo, en las manos. Son riesgosos esos cambios, como cuando presenté hace algunos años en una exposición varios relieves, y se publicó en un periódico: ‘se murió Lola como pintora”, relató.

¿Por qué?
–Supongo porque estaban acostumbrados a mis cuadros con mucho color o porque cambié mi técnica.

La obra en relieve de la muestra “Variaciones lineales” la creó en la década de los setentas “como una forma de explorar el volumen desde la línea, interesada en referentes como la herencia de las culturas precolombinas, los petroglifos y los volúmenes de la escultura en piedra”, explica la curadora María José Chavarría en los textos que acompañan la exposición en el Ministerio de Arte Costarricense (MAC).

La muestra consta de 34 piezas creadas con técnicas como el óleo, técnicas mixtas y dibujo, entre otros.

A la vez, la muestra presenta dibujos en tinta sobre papel que doña Lola llama apuntes: “son apuntes espontáneos que en cierta medida reflejan mi trayectoria y la búsqueda de nuevas ideas para mis cuadros”. Asimismo, la exhibición incluye otra colección de cuadros, de un metro cuadrado aproximadamente, en blanco y negro, que contrasta con la obra colorida que también pinta y en la cual los tonos rojos encienden los lienzos.

¿Por qué le gusta crear en blanco y negro?
–Porque el blanco y negro son muy contundentes; además, hay una cantidad de sutilezas interesantes en estos.

En la serie de obras sin color, la figura humana es protagonista, y, en los fondos negros, doña Lola dibuja aves blancas. “Me gusta mucho ese tema (las aves) “, detalló, mientras auguró que por su simpleza estas obras no gustarán.

Y, aunque así fuera, la artista reiteró que nunca ha hecho arte para que a la gente le guste, “sino lo que me va naciendo en cada momento y me gusta cambiar. En aquel tiempo cuando yo surgí eso era fatal, uno tenía que tener estilo y quedarse toda la vida en ese estilo. Lo curioso es que la gente siempre me reconoce haga lo que haga”.

Nacida en la cálida y vistosa Cartagena de Colombia, doña Lola llegó con sus padres a Costa Rica de cuatro años.

¿Siempre vivió acá en esta parte de San José?
–Vivíamos en el Barrio La Soledad y después nos pasamos a la Avenida Segunda, en una cuadra maravillosa donde conocí gente muy especial: mi casa colindaba con la de don Joaquín García Monge, con el cual tenía una lindísima amistad; en la esquina, vivía el pintor Enrique Echandi y, diagonal, Carmen Naranjo. Luego me fui para Barrio Amón, que es un barrio encantador. Tenemos una buena relación con los vecinos y hasta un grupo de WhatsApp para seguridad y otro de noticias especialmente (culturales).

¿Cuánto ha cambiado San José para usted?
–La vida era más tranquila y más sencilla, no había tanto peligro ni eso de atravesar San José con tanta gente para allá y para acá. Era plácido. A las 5 de la tarde, en mi juventud, se iba uno muy bien vestido a la Avenida Central; iba uno caminando y se encontraba a todo el mundo. Era muy sana la vida, había mucha vida social.

Desde chiquilla, doña Lola se pasaba haciendo dibujitos y la maestra le decía que le ilustrara los cuadernos de clase vida.

Al terminar el colegio, ingresó a la Academia de Bellas Artes de la Universidad de Costa Rica y eligió escultura. “A los 3 meses, le dije a Quico Quirós, quien era el director, que quería cambiarme a la sección de pintura y aceptó. Para mí fue mejor pues creo que no hubiera sido buena escultora”, relató.

Luego de terminar la carrera sintió que le faltaba formación e ingresó a la Escuela de Bellas Artes de la Universidad Nacional de Bogotá, donde obtuvo el título de Especialización en Pintura. “Fue maravilloso para mí porque encontré el nivel de enseñanza muy alto. Me sorprendió que trabajaban la figura en tamaño natural; entonces, le dije al profesor que no estaba preparada y le solicité hacer primero detalles, como manos y pie. Luego compré la tabla y comencé los dibujos completos en tamaño natural”, recordó.

Posteriormente, con una beca de la UNESCO, viajó a la India y a Japón, entre otros países recorridos, que la transformaron en otra persona de manera sutil.

En India permaneció tres meses. “Fue un shock tremendo; ver aquella miseria era impactante. Hubo un momento en que no pude aguantar esas diferencias, porque algunas personas me invitaban en el sitio y yo veía su gran fastuosidad. Incluso, pensé en renunciar, pero alguien me sugirió hablar con un sacerdote amigo que me dijo que yo estaba ahí por algo y que visitara otras ciudades de ese inmenso país tan interesante”, aseveró.

Doña Lola tomó un avión y fue bajando por el centro del país hasta llegar a Madrás, donde se encontró otra realidad. “Es otra dimensión, una pobreza distinta, más digna; vi la verdadera India, que tiene una diversidad impresionante, muchas facetas, idiomas y maneras de vestir distintas. Iba a conocer y tomaba mis apuntes”, afirmó.

Japón, en cambio, la impresionó estéticamente. “Me sirvió mucho captar la síntesis, la simplicidad de esa cultura, esa delicadeza y finura imposible de adquirir porque se tiene que nacer allá”, contó doña Lola.

Cuando regresó al país se dedicó, a la docencia, la cual ejerció 32 años en la Universidad de Costa Rica. En 1954, el Gobierno italiano le otorgó una beca para estudiar en la Academia de Bellas Artes de Florencia en Italia.

Posteriormente, casada tuvo la oportunidad de quedarse en Suiza, y, a pesar de que a su esposo le costó adaptarse en Costa Rica, lograron encontrar una fórmula justa de vivir yendo de allá para acá. “Tuve dos hijos buenísimos. Mi esposo murió el año pasado y me ha costado mucho superarlo, lo que pasa es que lo disimulo”, explicó.

La exposición Variaciones lineales de Lola Fernández comprende una serie de obras con acento en la línea y la ausencia del color.

¿Cuál fue el camino que siguió como pintora? ¿Le gustaba experimentar, salirse de la regla?
–Uno no es la misma a los 20, 40, 60, jamás; es imposible. Eso se refleja en la pintura, uno va variando. La tendencia mundial es que el pintor sea reconocido por un estilo y muchos ahí permanecen.

¿Hay un riesgo en eso?
–Total, pero en realidad a mí lo que me interesa es pintar y gozar yo, y expresarme, y no lo que las otras personas piensen. Yo siempre he pintado lo que yo he querido y sorpresivamente siempre hay un grupo al que le gusta.

¿Puede describir las líneas pictóricas que ha seguido? Se le asocia, por ejemplo, con el arte abstracto.
–Con el arte abstracto tuve una idea que siempre dije y es que eso no existe, todo representa algo; unas cosas son obvias y otras en la naturaleza siempre están: usted coge un pedazo de hoja o una ala de una mariposa y las amplía y ve un montón de cosas ahí que están en la naturaleza; no se ven a primera vista, pero están ahí. En el arte abstracto siempre figura algo, solo que está oculto.

¿Y el uso del color o del blanco y negro?
–Habrá gente que lo criticará porque siempre les ha gustado los colores que yo uso, que sea vivo, sobre todo que he usado mucho el rojo que a mucha gente le encanta. Pero también me han gustado los grises; es por tiempos que voy usando, depende de la situación, del tema, el estado de ánimo. Me gusta experimentar, esa es la verdad, y no hacer siempre lo mismo. Yo hubiera sufrido muchísimo haciendo siempre lo mismo; por eso no he vivido de la pintura, he trabajado en otra cosa. No tengo la pintura como motivo de subsistir porque me da la impresión que en ciertos momentos hay que hacer concesiones.

Ha sido muy prolífica como pintora.
–Por eso tengo esta cantidad aquí. Pintaba todos los días, muchas horas de noche. Todavía sigo siendo noctámbula, me acuesto tardísimo, a las 2 de la mañana. La noche se presta; cuando está todo tranquilo, estoy aquí en el estudio pintando.

¿Cómo percibe el movimiento pictórico actual en Costa Rica?
–Lo desconozco bastante, porque antes había más unión entre las generaciones. Los jóvenes no tienen interés en conocer a los pintores más viejos y voy muy poco a las exposiciones actuales. En cuanto a lo que llaman arte contemporáneo, a mí me tiene aburrida porque tengo años de años ver las mismas cosas en todo el mundo: el pedazo de madera, poner la piedrita por acá. Para mí está estacionado. Por supuesto, hay cosas extraordinarias también.

¿Cuándo era profesora qué le interesaba enseñarles a sus alumnos?
–Primero que fueran auténticos y que tuvieran la herramienta, que aprendieran a jugar y pintar, que tuvieran sentido del color; todas cosas necesarias para poder expresarse bien. Ahora, lo que quieran expresar es muy personal, pero no irse por la moda, la tendencia. No es porque uno siempre quiere ser original, porque eso es muy difícil, sino más personal. Yo les diría a los jóvenes que tenga pasión, que sea lo principal que quieren hacer en la vida. También sacrificarse, practicar mucho y tratar de hacerlo bien; no eso del arte efímero, porque lo interesante es que perdure por un tiempo. Muchos pensarán que qué vieja más antigua, pero a mí no me importa porque de por sí soy antigua, pero a mí no me importa porque, de por sí, soy vieja pero no antigua.

Al término de varias horas de conversación en el que convidó a un refresco de piña y unos sándwiches de pepino y mayonesa coronados con una aceituna, doña Lola se decidió a abrir las puertas del balcón que dan al jardín. De repente, se escuchó la respiración de la ciudad y la luz de las 5 de la tarde irrumpió el entorno.

Doña Lola cuenta que antes podía ver los celajes, pero que ahora los tapa un edificio en construcción. El olor de la Reina de la noche se esparció mientras explicaba que en el jardín ‟ hay de todo: árboles, matas, enredaderas, a lo tico”.

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