Cultura

Una mujer lidera la Dirección de Bandas casi dos siglos después de fundada

A principio de año, la gestora cultural Ana Carboni fue nombrada directora de la Dirección de Bandas, una institución con cerca de 200 años de labor continúa dedicada a la música de concierto en cada provincia costarricense.

Los cimientos solidificados por 200 años de historia viva se resquebrajaron, y finalmente una mujer lidera la Dirección de Bandas (DB) del Ministerio de Cultura y Juventud (MCJ).

A inicios de este pandémico 2021, la gestora cultural y administradora de las artes escénicas, Ana Carboni, fue llamada a poner su cabeza y cuerpo de mujer para dirigir la institución casi bicentenaria, emblema republicano de nuestro país con ascendencia militar.

Graduada del Conservatorio de Música de la Universidad de Costa Rica y con una maestría en administración de las Artes Escénicas de la Universidad de Columbia de Nueva York, Carboni ha liderado procesos de gestión y producción cultural en varias entidades artísticas del MCJ, así como en instancias privadas.

Su primera experiencia fue con la Orquesta Sinfónica Nacional (OSN) en calidad de productora, y le siguieron las direcciones del Festival de las Artes, el Museo de Formas Espacios y Sonidos, el Centro Cultural Costarricense Norteamericano, el Teatro Popular Melico Salazar y la Compañía Lírica Nacional. También trabajó en la Asociación Pro Hospital Nacional de Niños.

“No es de extrañar que, si las bandas están principalmente conformadas por hombres, los directores hayan sido siempre hombres”, Ana Carboni.

Carboni destaca que, con excepción de la OSN, siempre ha laborado en puestos de confianza y con distintas administraciones del poder Ejecutivo, independientemente de los colores partidistas. “Me siento muy contenta de que en diferentes gobiernos siempre se ha confiado en mí para algún puesto o dirección”.

Ella lo atribuye a su “gran vocación de servicio”, ímpetu que la caracteriza en sus labores, ya que le apasiona trabajar en el ámbito público por la magnitud de los proyectos que puede proponer y ejecutar.

“Lo que podés hacer es ilimitado si tenés los recursos o si podés recaudarlos; podés hacer cosas enormes como los festivales, podés llevar a la Orquesta Sinfónica Nacional a otros países… hay muchas posibilidades a pesar de que los presupuestos se han visto muy recortados”, señala.

Institución compleja

Hace seis meses, respondió al llamado de dirigir una institución cargada de testosterona, pues está compuesta en un 70 % por hombres.

Asumir este puesto para Carboni es retador, pues la dinámica institucional de la Dirección de Bandas es compleja, tiene poco personal administrativo, con solo seis funcionarios dedicados a esas labores y que se suman a 197 músicos distribuidos en cada agrupación.

“La institución es compleja porque pertenece al Ministerio de Cultura directamente, es decir, no fue creada por una ley ni un decreto, entonces las bandas carecen de los departamentos que nos ayudan a trabajar, como recursos humanos, financiero contable, auditoría, etc.”, explica Carboni.

Cada provincia tiene su banda, es decir, son siete en total. Carboni detalla que la agrupación de San José es la más grande y la de Limón la más pequeña. Todas implementan una programación, conciertos y demás actividades artísticas —que en este periodo no han sido presenciales—, y sus propias coordinaciones con entidades locales y municipalidades.

Una sola persona productora se encarga de apoyar la ejecución de las actividades, además de gestionar la comunicación, entre otras responsabilidades.

En esta dinámica austera de funcionamiento, los directores y subdirectores artísticos de cada banda son fundamentales, pues autogestionan sus actividades para salir adelante.

A esto se aúnan las limitaciones presupuestarias, debido a que la DB tiene un presupuesto de producción acotado para la magnitud de la institución.

El monto asciende a 500 millones de colones, de los cuales 80 millones de colones corresponden al rubro de transporte. “Como pertenecemos al Ministerio, nos dan apoyo en muchas áreas que no podemos enfrentar, y hay un balance”, enfatiza Carboni.

La estructura es pequeña y eficiente en el cumplimiento de su misión y visión, así como en su labor de extensión cultural, pues responde a las mismas responsabilidades y obligaciones que una entidad grande: presentaciones de informes y presupuestos, procesos de proveeduría y legal, y planificación y ejecución de proyectos musicales. “Es sumamente demandante”, reconoce.

Sin embargo, ver colmados los espacios de presentación de las actividades musicales le retribuye con creces de manera simbólica: “me gusta ver el teatro lleno, la iglesia llena, la plaza llena de público, la gente participando en los talleres”.

Mujeres (en)bandadas

“En donde hay una fisura entra la luz», canta Leonard Cohen. En 1845 se fundó por decreto las Bandas de Conciertos de Costa Rica; 176 años después Carboni, en su puesto de dirección, rompe con el mandato aparentemente inamovible de una institución liderada por hombres.

Carboni pone en contexto que las bandas tradicionalmente han sido conformadas por hombres, puesto que tienen un origen militar, y que hasta hace poco tiempo se integró la primera mujer, Margaret Chinchilla, como flautista de la Banda de Conciertos de San José.

Después de ese hecho histórico empiezan a ingresar otras músicas, entre ellas, Pilar Redondo, primera subdirectora de la Banda de Cartago. “No es de extrañar que, si las bandas están principalmente conformadas por hombres, los directores hayan sido siempre hombres”.

Es un resquicio iluminado por un 30% de mujeres que constituyen las bandas, y aún no se vislumbran mayores posibilidades de variar sustancialmente esa proporción que provoca que en la Banda de Limón, por ejemplo, haya solamente dos mujeres y en la de Guanacaste una.

La explicación a esta disparidad viene de que las agrupaciones integran músicos por plazas del servicio civil.

“Si necesitás músicos porque alguien renuncia o se pensiona, se hacen audiciones en las cuales las personas están detrás de una cortina y el jurado no sabe si es una mujer o un hombre: entonces, gana el mejor músico o música, pero no por el sexo, sino por la calidad de su ejecución”, aclara Carboni.

Por esta razón, los nuevos integrantes no son mujeres o hombres, sino él o la mejor ejecutante. “En el caso de los directores y subdirectores hay oportunidad de conocerlos porque el jurado debe verlos en su actividad musical; pero yo, particularmente, no he tenido la oportunidad de hacer una audición, la primera que vamos a hacer es en setiembre para la Banda de Limón, y sé que hay una mujer candidata”.

Una de las propuestas para destacar la participación de las mujeres en la música es el proyecto de la Vicepresidencia de la República y el Centro Nacional de la Música (CNM), que consiste en conformar una orquesta de mujeres para realizar conciertos puntuales.

A esta agrupación, la DB le va a proporcionar 13 de sus integrantes, una o dos por banda, para que estén representadas todas las provincias.

“Es algo muy bonito para nuestras artistas, porque además de haber sido seleccionadas en representación de sus bandas y de todas las demás mujeres, van a tener la oportunidad de participar en un ensamble diferente”, valoró Carboni.

Asimismo, para el año entrante la DB retomaría la idea de constituir una banda de mujeres para realizar algunos conciertos.

Al igual que el semillero que implica el Sistema Nacional de Educación Musical (SINEM), la banda de conciertos de mujeres “siembra semillitas en las mujeres que ven mujeres tocando, pues podrán pensar y decir: yo también puedo estudiar un instrumento, y las motivará a seguir adelante”.

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