José Eduardo Mora, copremiado con el Premio Pío Víquez 2019

“Siempre hay que aspirar a escribir bien”

A distancia, ese hombre silencioso de baja estatura y ojos claros parece que contiene muy bien la enorme pasión que guarda por el periodismo.

A distancia, ese hombre silencioso de baja estatura y ojos claros parece que contiene muy bien la enorme pasión que guarda por el periodismo. Cuando su profesión es el tema en la mesa, hay que tener cuidado de no pestañear, pues su hablar rápido y emocionado podría llevarse algún detalle importante.

Así es José Eduardo Mora, periodista que este año fue reconocido con el Premio Nacional de Periodismo Pío Víquez junto al medio que él considera su casa y escuela: el Semanario UNIVERSIDAD.

Oriundo de Acosta, alguna vez soñó con salir de su pueblo para hacerse periodista, pero el amor por el periodismo lo llevó de vuelta a casa para ejercerlo también desde ahí, con su periódico regional El Jornal.

Acostumbrado a ser quién entrevista y escribe en estas mismas páginas, Mora compartió su sentir sobre este reconocimiento, un poco de su historia y sus valoraciones sobre el periodismo en la actualidad.

¿Cómo nace ese interés por el periodismo?

–Yo quise ser periodista desde que estaba en tercero del colegio, nos dieron una clase de literatura y todos los poetas y escritores que vimos eran periodistas; entonces me empecé a interesar por eso. Yo estaba en un colegio agropecuario, que era como otro mundo. Cuando veía pasar un carro de la prensa, a mí se me quería salir el corazón, entonces ahí manifesté la vocación sin saber por qué. En ese entonces solo la UCR, no habían universidades privadas, en esa época costaba mucho entrar, pero entrabamos como el 10% y colarse en ese grupo era difícil. Hice los requisitos y luego concursé para entrar y entré, así fue como empecé.

Sin tener ninguna experiencia vine al Semanario UNIVERSIDAD y pregunté si podía hacer algo aquí. Pasé con Ana Incer (entonces la Jefa de Redacción) y me dijo “venga mañana”. Al día siguiente vine y Ana me asignó una nota, sobre un casete sobre Isaac Felipe Azofeifa. Esa fue mi primera nota y duré casi cuatro meses haciéndola, porque la hacía y me la devolvían, la hacía y me la devolvían; al final yo perdí toda esperanza de que saliera, y salió como a los cuatro meses.

Entonces se puede decir que esta fue su primera escuela…

–Sin ninguna duda. Aquí empecé así e hice horas estudiante, yo era levantador de texto de Opinión, al tiempo que hacía práctica. Entré haciendo notas de todo tipo, y luego me asignaron, con Rafael Ugalde, a que hiciera con él Deportes. Hubo un momento en que estábamos tan entusiasmados con la sección, que llegamos a tener cinco páginas por edición. El director de entonces nos dijo “a mí el deporte no me interesa, pero si lo hacen bien, tienen todo el espacio que requieran”. Entonces así, hicimos suplementos y demás.

De aquí me fui a La Nación, a trabajar también en Deportes, colaboré siempre con la Dominical. En La Nación trabajé ocho años. Luego pasé a la Agencia EFE; estuve también colaborando en esa época con Europa Press, con Nefer Muñoz; y con Nefer también en IPS. Yo en IPS estuve casi dos años y resto. Luego en 2003, fundamos El Jornal, que lo he combinado con el Semanario.

Ahora que te reconocen con el Pío Víquez, te reconocen la trayectoria y el trabajo que estás haciendo en Cultura principalmente. En ciertos círculos a veces se desprecia lo relativo al deporte, porque se considera algo burdo. ¿Cómo ha sido combinar la cobertura de Cultura y Deportes?

–Siempre parto de este principio: no es la fuente la que define al periodista, es al revés; la seriedad, la responsabilidad y el entusiasmo con que uno asume una fuente es lo que determina la calidad. Y escribir bien, se puede hacer con cualquier fuente. Siempre hay que aspirar a escribir bien, aunque a veces no se logre, esa debe ser la aspiración.

Yo complementé mi formación periodística con la Maestría en Literatura, entonces ahí pude ver un montón de elementos del lenguaje que me han sido muy útiles. El manejo del lenguaje es muy importante para un periodista.

Creo que lo importante es cómo asume uno, con qué vocación asume esas fuentes. Y a mí siempre me ha parecido que todo lo que tiene que ver con la parte humana, es valioso. El fútbol y el deporte en general son valiosos. Una vez le hicimos una entrevista a Rafaél Ángel Pérez, contando él cómo hacía cuatro o cinco horas de camino para ir al Colegio y cómo se convirtió después en el gran maratonista y fondista del país. Ese tipo de historias son importantes.

¿Cómo analiza el periodismo costarricense de la actualidad? ¿Es usted de los que piensa que todo pasado fue mejor?

–No. Siempre hay nuevas herramientas, hay nuevas facilidades, hay gente entusiasta y siempre salen nuevos valores. Pero yo sí creo que vale la pena pensar en cómo está el periodismo nuestro; es decir, a veces uno ve coberturas en los medios audiovisuales que asustan un poco. Estas viendo un noticiero y llevás media hora viendo sucesos, y sucesos a veces mal contados. Por ejemplo, los colegas a veces no saben ni dónde queda tal lugar, confunden lugares básicos. Otra cosa que veo es que hay un gran descuido a la hora de escribir, veo mucho descuido en los periódicos, se ven muchos errores. Eso tiene que ver con que los editores y los filólogos son cada vez menos, o ya no están del todo, entonces ya no hay filtros.

Lo otro es que se ha desatado una especie de empirismo, como ahora no hay ninguna ley que proteja al periodista en verdad, como se eliminó la colegiatura, mucha gente sin ser periodista hace periodismo. Hay un montón de medios que han salido, sin ningún rigor de nada. Entonces yo creo que sí sería muy bueno que la UCR y el mismo Colegio de Periodistas hagan una reflexión, para ver cómo lo estamos haciendo. Obviamente hay casos en que se hace bien, este semanario lo hace bien, por dicha. Pero en general creo que hay que ahondar y revisar cómo lo estamos haciendo, porque hay una gran responsabilidad con el lector, qué tipo de material le estamos dando.

Falta mucho salir a la calle, el periodismo de ir a hablar con la gente, lo hemos perdido. Los medios grandes ya no van a los lugares fuera de la GAM, no van. Reportean por teléfono, pero no es lo mismo. Una bronca en San Marcos de Tarrazú, no es igual si el periodista va y la reportea en el lugar, a si lo hace por teléfono.

Eso le abre una gran oportunidad a los medios regionales…

–Sí, eso es un espacio importantísimo. Pero creo que se necesitan incentivos, porque mantener un medio regional cuesta mucho. Muchas veces se depende de la publicidad estatal, y la publicidad estatal es inestable y está sujeta a un montón de situaciones. Por ejemplo, en Chile, hay una ley que dice que a los medios regionales que cumplan con una serie de requisitos, que lo estén haciendo bien, hay una obligatoriedad del Estado de pautar un porcentaje de publicidad, aquí no pasa eso. Cuesta mucho mantener los medios regionales, pero hoy más que nunca son muy importantes, porque estos medios pueden darse cuenta del problema que hay en la esquina, el problema que afecta a los ciudadanos directamente. Aquí tengo otra queja contra el Colegio de Periodistas, porque casi no hace nada.

Se deberían abrir más espacios, porque los periódicos van recogiendo la historia, los personajes. Nosotros hemos recogido cualquier cantidad de personajes. Por ejemplo, personajes de más de 100 años, hemos hecho más de 15 perfiles, que yo recuerde. Hicimos una vez una serie sobre mujeres trabajadoras, esa fue una serie muy gustada porque era poner en contexto el trabajo de mujeres campesinas en diferentes ámbitos. Los periódicos regionales pueden hacer un grandísimo aporte, pero no estaría mal que les den algún acompañamiento.

¿Qué significa para usted recibir este premio al mismo tiempo que el Semanario UNIVERSIDAD?

–Para mí el Semanario siempre ha sido mi casa, es decir, yo entré aquí como a los 18 años, en esa época en que aquí estaba William Vargas, Manuel Bermúdez, Edín Hernández, Antonio Mora, Rafael Ugalde, estaba Gaetano Pandolfo. Yo era un chiquillo aquí y con ellos empecé a hacer periodismo, entonces para mí siempre fue una escuela, pero se convirtió casi que en mi casa. Yo venía y dejaba aquí mis cosas y me iba para clases, y de clases venía para acá. Conozco la historia del Semanario muy bien, sé las luchas internas y externas que ha dado el periódico, hubo momentos muy tensos y difíciles en el contexto de la Guerra Fría y demás, un periódico siempre comprometido con causas nobles, y entonces para mí es un honor. Y el hecho de que me hayan dado el premio creo que es el reconocimiento a una carrera, a un esfuerzo que empecé muy joven; desde que hice esa primera nota no he dejado de publicar.

Esto es un reconocimiento también a mi familia, si no fuera por ellos yo no hubiera podido estudiar. Es más, si pudiera subir con mi mamá a recibir el premio, subiría con ella, porque esa mujer, sin recursos de nada, peleó para que yo viniera a estudiar, me apoyó junto con mi hermano, me apoyó mucho.


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