Entrevista al director teatral Luis Fernando Gómez

Lo legal, lo justo y lo patriarcal

El Teatro Nacional estrena el viernes 10 de marzo la tragedia griega La Orestíada de Esquilo, bajo la dirección de Luis Fernando Gómez.

Han pasado alrededor 2.500 años desde que se presentó por primera vez en la antigua Grecia La Orestíada del dramaturgo trágico Esquilo (524 a 456 a. de C.).

En el 2017, el actor, maestro y director Luis Fernando Gómez la pone en escena para examinar sin ambages al patriarcado -que para desgracia de las mujeres no ha perdido vigencia-, al estado de derecho y el principio de justicia, que para él no son la misma cosa.

La Orestíada de Esquilo se presenta en El Teatro Nacional del viernes 10 al domingo 19 de marzo

 

 

 

 

 

 

 

Con 24 actores en escena, Gómez realiza el montaje en el marco del programa “Érase una vez…” del Teatro Nacional y el Ministerio de Educación Pública, y que en esta ocasión en conjunto con la Corte Suprema de Justicia, apuesta por llevarles a los estudiantes la trilogía griega.

El montaje podrá ser apreciado en el Teatro Nacional a partir del viernes 10 al domingo 19 de marzo en funciones de miércoles a sábado a las 8 p.m. y los domingos a las 5 p.m. Los precios de las entradas van desde los ₡15.000 en butaca, hasta los ₡ 6.400 en galería.

“Ojalá que la gente que venga a verla por lo menos hable tres minutos de la obra”, se esperanzó Gómez, quien para hilvanar una tetralogía tomó las tres obras de Esquilo Agamenón, Las Coéforas y Las Euménides, y a manera de prólogo, el texto Ifigenia en Aulis del también dramaturgo griego Eurípides.

Gómez consideró necesario montar las cuatro obras para que el público pudiera contextualizar las razones de esta saga de una familia mitológica y maldita, protagonista de una serie de actos homicidas en contra de sus propios miembros, eso sí, profetizados por el oráculo y siguiendo el ajusticiamiento bajo la ley de la sangre.

Es así como en cerca de dos horas, el público podrá conocer o revisitar (si es que ya conoce la historia) el sacrificio de la joven Ifigenia en manos de su padre el rey Agamenón, el asesinato de Agamenón por su esposa Clitemnestra, madre de Ifigenia para vengarla, y el matricidio de Orestes, hijo de Agamenón y Clitemnestra, quien termina matando a su madre por haberle dado muerte a su padre. Menuda tragedia.

Aunque el horror de la violencia de esta versión de la ley del talión se expone de manera cruda, las obras hablan sobre cómo ese orden vengativo es transformado en otro, en el que se institucionaliza: la legalidad (como la conocemos hoy), mediante la cual los acusados de crímenes deben tener derecho a un juicio imparcial.

Hasta ahí, todo suena bastante justo. Sin embargo, lo que no cambia sino que se profundiza en la tetralogía es el orden del patriarcado que condena, degrada e insulta a la mujer por considerarla inferior frente a los actos heroicos de los hombres, que lograron -y han logrado- imponer y justificar su poder sobre las mujeres, hasta la fecha.

Puesto así, la conversación con el director de La Orestíada fue justa y necesaria. En entrevista con UNIVERSIDAD antes del ensayo para la prensa, Gómez comentó: “esas son las tesis de Esquilo, no las mías. Lo que quisiera es que la gente intuya que detrás de ese texto hay un gran creador”.

El personaje de Ifigenia es muy importante para la madre, Clitemnestra,  quien asesina a su esposo Agamenón por el sacrificio de su hija.

Ana Clara Carranza y Leonardo Perucci interpretan a Clitemnestra y Agamenón en la tragedia griega La Orestíada.

 

 

 

 

 

 

 

 

-Ifigenia es inmolada en favor del ejército para que pueda continuar la marcha hacia Troya. Eurípides pone responsable de esa inmolación a Agamenón.  Eso es bastante interesante porque la dimensión humana que adquiere Clitemnestra es otra, ya no es la vieja mala en una visión casi misógina, aunque tampoco es una santa porque termina siendo una tirana, usurpando el poder de Agamenón. Entonces hay una evolución dramática de los personajes, hasta el mismo Orestes que se ve obligado a matar a su madre por la ley de la sangre, termina siendo un héroe trágico. Yo cuando hago la adaptación, no pongo una sola palabra mía, yo soy fiel y hago un trabajo muy exhaustivo sobre los textos de Eurípides y Esquilo. Destaco y pongo el acento en el tema de La Orestíada que es la institucionalización de la legalidad. Los inicios del estado de derecho, el derecho que tiene todo acusado a ser juzgado, a que se defienda, a que se compruebe el delito. En el fondo la historia es la abolición de la ley sangre por sangre y el sometimiento a una legalidad que se debe respetar. Y que culmina con el nacimiento mitológico de la institución de la ley con la diosa Atenea.

¿Aún así es una ley que está supeditada a los dioses?

-Es que todo el origen de la legalidad tiene un origen divino. Siempre las leyes las dan los dioses, en todas las civilizaciones no solo en la griega. Actualmente se jura sobre la Biblia, pero hay que hacer una diferencia entre legalidad y justicia, no son lo mismo.

Porque la legalidad es una convención…

-Totalmente, y es interesada, pero define un orden y aleja la justicia de la venganza, el odio, el temor, pero eso no quiere decir que la legalidad sea la justicia. Por eso yo no escondo el origen mítico de esta institucionalización de la legalidad y en el mismo juicio que se hace en escena los argumentos que da la defensa, muchas veces uno se da cuenta que legalidad se equivoca rotundamente.

La diosa Atenea dice que la decisión del juzgado quedó empatada pero que ella vota por absolver a Orestes, es decir que está tomando partido.

-Ahí hay un pequeño error y lo he discutido con los actores: el problema no es Orestes sino la ley de la sangre por sangre. Lo que Atenea desecha es esa ley, y por eso absuelve a Orestes de la ley de la sangre, que lo que quiere decir es que no porque él mató tienen que matarlo a él, que es una carrera irracional.  Es cierto que el arrepentimiento de Orestes le mueve el corazón a Atenea -los dioses griegos son muy humanos- y ella lo que hace es votar a favor de la ley de la abolición de la sangre y la instauración que ahí ella misma hace de un nuevo tipo de orden legal. El origen divino de la ley está todavía incluso en la nuestra. Todavía hay abogados que hablan del derecho natural y de la ley de Dios.

¿El ejercicio de la justicia está separado de la legalidad, según decías?

-Lo que pasa es que el sistema de la legalidad podríamos considerarlo una aproximación a lo justo, imperfecto pero perfectible. En la medida en que los hombres dentro de un justo orden social promuevan un justo orden legal nos vamos a ir aproximando a una justicia más real, más efectiva, pero siempre será una aproximación. Lo que sí me parece un desastre es volver a la ley de la sangre, a que cualquiera se toma la ley en sus manos.

Pero la gente -estados incluso- aún recurre a la ley de la sangre…

-Y eso tiene muchas explicaciones. Defender la institucionalidad de la legalidad no es avalarla, se debe criticar siempre para mejorarla; lo que no se debe hacer es destruir todo orden porque tenés el caos y el caos es la barbarie. La misma Atenea subraya que sean los jueces incorruptos e imparciales. Ella da una serie de órdenes a los hombres por las que todavía estamos luchando. Yo creo que en una época como la que vivimos con tantos problemas de la institución legal, con tantos hechos violentos y sanguinarios, una reflexión sobre esto sería muy provechosa.

¿Qué pasa con Clitemnestra, cómo es el tratamiento del personaje que proponés?

En la trilogía de Esquilo La Orestíada, el nuevo orden basado en la institucionalización de la legalidad toma el lugar del viejo orden que sigue la ley de la sangre

-Yo respeté la línea de acción tanto de Eurípides como de Esquilo, las fundí porque calzan perfectamente pero no remarqué ningún acento, eso se da solo en la historia. Lo que sí pasa es que al introducir Ifigenia en Aulis la dimensión humana de Clitemnestra y Agamenón, y por lo tanto contradictoria, se hace muy evidente, porque también se tiende a ver a Agamenón como el guerrero y aquí vemos a un hombre que también tiene su falla trágica, porque son humanos y sufren.

Se justifica a Agamenón con su poderío de macho, se culpabiliza a Clitemnestra y Orestes está en su derecho de matar a su madre.

-Eso que planteás es otro de los subtemas de la obra y lo he hablado mucho con los actores. Esas son las tesis de Esquilo, no las mías. La Orestíada representa el triunfo del patriarcado,  la instauración del patriarca y también las leyes se hacen a favor del patriarca. Mucha gente se va a revolcar en la silla y eso es lo que quiero. Eso incluso está planteado a nivel mitológico: las erinias, que son los espíritus, las furias de la venganza que tienen que matar a Orestes son destronadas, son las que defienden a la madre, que Atenea destrona porque ella representa a los dioses del nuevo orden patriarcal.

Atenea dice en algún momento que es proclive a lo varonil…

-Los argumentos son de un machismo terrible, y por eso se absuelve a Orestes, pero esa es la historia, decirlo de otra manera es falso, es engañarnos. Qué bonito que se ponga en evidencia, y qué terrible es oírlo en boca de un dios (una diosa).  Eso nos demuestra primero que lo legal no siempre es justo y que tampoco la legalidad tiene que ver muchas veces con la verdad. Lo legal es una convención interesada pero que pone cierto orden, y claro, hay convenciones de convenciones.

Atenea plantea al final cómo se debe desarrollar ese nuevo orden.

-Yo quise que la obra terminara con un himno a la justicia, donde se proclaman ciertas cosas que deberían ser básicas: los jueces honestos e imparciales, que reine la paz y la igualdad, es decir, hay ciertos parámetros humanos que siguen siendo aspiraciones válidas.

¿Estos textos dramatúrgicos son como manifiestos del autor de lo que sucedía en ese momento?

-Es muy importante eso que estás diciendo y eso tiene que ver con lo evolución de la tragedia porque nace al calor de celebraciones religiosas y al principio estaba bajo la custodia de la religión dionisíaca; poco a poco se va independizando y aunque por sus temas conserva el carácter mitológico, los griegos -que eran unos bandidos en eso-, son capaces de agarrar como pretexto el tema mitológico y hablar de la actualidad.



Ana Clara Carranza, actriz: “Clitemnestra es como si fuera el monstruo”

“Cuando me llaman a hacer esta tragedia y Clitemnestra, dije: voy al fondo del arquetipo a ver cómo funciona. Encima es un personaje como si fuera el monstruo, pero es muy contradictorio y he sentido mi útero y mis ovarios revolcándose, en parte por el final, porque supuestamente es un final feliz y me parece lo peor. Cuando veo que dejan a Orestes libre, que estoy de acuerdo con que sea así, pero ni siquiera nombran la muerte de las dos mujeres (Ifigenia y Clitemnestra), no importan nada, solo importan las de los hombres. Ella (Clitemnestra) tiene su cuota de responsabilidad como la tiene cada uno, no estoy salvando a ninguno, porque lo maravilloso de estos personajes es que no hay un bueno ni un malo. Esta obra me ha evidenciado que es el principio del juego de las bases de lo que nosotros vivimos.

Entonces digo: ¡despertemos de esta locura que hemos creado!  Es terrorífica y todos tenemos una cuota de responsabilidad, no importa si jugamos de víctimas o del asesino.  Todos somos capaces de matar como de crear y esa es nuestra decisión y la hemos puesto siempre fuera: o por los dioses o por el gobierno, por la familia. Ese patriarcado somos todos que jugamos un papel, consciente o inconscientemente nos pusimos de acuerdo. Todos decidimos estar jugando a esto. No me importa si la persona es hombre o mujer, hay que aprender a respetar la diferencia. Es un recordatorio más allá del estado de derecho, de dejar yo de juzgar y a que la justicia logre trascender todos esos formalismos que nos causan dolor.



¿Estado de derecho?

Qué: La Orestíada, bajo la dirección de Luis Fernando Gómez

Dónde: Teatro Nacional

Funciones: viernes 10 y sábado 11 de marzo 8 p.m.; domingo 12 de marzo 5 p. m.; miércoles 15, jueves 16, viernes 17 y sábado 18 de marzo, 8 p. m.; domingo 19 de marzo, 5 p.m.
Precios: Butaca ₡15.000,00, ₡ 12.000,00. Luneta ₡ 12.000 y ₡ 9.600. Palcos ₡ 10.000 y      ₡ 8.000. Galería ₡8.000 y ₡ 6.400.

Descuento estudiantes y ciudadanos de oro

Más información: Tel. 2010-1100

Ficha artística

Dirección y dramaturgia: Luis Fernando Gómez León.

Asistencia de dirección: Jahel Palmero Alvarado.

Escenografía y realización: David Vargas García.

Vestuario, mantenimiento, confección y lavandería: Rolando Trejos Solano.

Músico compositor: Carlos Escalante Macaya.

Iluminador: Pablo Piedra Matamoros.

Utilero, mantenimiento, confección: David Vargas García.

Diseño de video escena: Norman Fuentes Sauma “Tito”.

Maquillador-estilista: Adriana Alvarado Blanco.

Lingüista – Correctora de estilo: Elsa Avgustovna Atencio Brunelli.

Asesoría Coreográfica: Ireni Stamou.

 

Elenco

Agamenón: Leonardo Perucci

Clitemnestra: Ana Clara Carranza.

Crisipo: Stoyan Vladich Vladich

Heraldo: José María Elizondo

Casandra: Metzi Hovenga

Egisto, Calcas: Mariano González

Mensajero: Luis Daell Barth

Ifigenia: Nereida Rojas González

Orestes: Bernardo Barquero

Electra: Adriana Alvarado

Corifeo: Jahel Palmero

Nodriza: Ana María Barrionuevo

Pílades: Diego Alejandro Ureña

Apolo: José Gustavo Castro Chacón

Atenea: Ivonne Brenes

Coro: Jahel Palmero, Lolita Aguilar, Laura Montero, Miriam Calderón, Metzi Hovenga, Nereida Rojas González, Adriana Alvarado, Ana María Barrionuevo, Jocksan Granados  Rodríguez, Juan Porras Madrigal, William Hernández, Esteban Alonso León, Johnny Montero Avilés y Jorge Castro Fonseca.



 

 

 

 


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