Cultura

La noche convida músicas varias

Nueva producción de Syntagma Musicum ofrece rarezas, tesoros y secretos.

Como lo hace desde mediados de los años 90, Syntagma Musicum planta cara a este cáustico 2020 con el lanzamiento de una nueva producción discográfica, Convidando está la noche, que —según proclama el mismo texto del disco— “invita a descubrir un repertorio entretenido y lleno de contrastes”, el cual visibiliza “una serie de compositores que, por diversas razones, no han sido incorporados al repertorio canónico”.

En efecto, en los panteones institucionalizados no guardaron lugar para Elisabeth Jacquet de La Guerre, compositora francesa de los siglos XVII y XVIII, cuya ópera Céphale et Procris (Céfalo y Procris, 1694) es ofrecida al público como una suite en las primeras cinco pistas de la producción.

“Tiene valor importante por ser de una mujer compositora” observó la soprano y docente Zamira Barquero, voz sine qua non de este grupo. Recordó que al abocarse a la música de esos siglos, Syntagma Musicum se ocupa de un repertorio europeo y sus alcances en América Latina durante la época de la colonización, que se expresaron sobre todo a través de la música religiosa.

Barquero detalló que la música del barroco europeo, al atravesar el charco Atlántico, “se impregna sobre todo en la música religiosa y después en los cantos populares, en toda la expresión popular”.

Vía la música eclesiástica, entonces, la expresión artística barroca europea dejó una influencia en las manifestaciones musicales populares de este continente durante el periodo. “Nuestros países se nutrieron de esa música. Hay gran cantidad de obras de la época de la colonia que no se han tocado y que está escrita, no es música oral tradicional, y falta mucho por interpretar en América Latina”.

Syntagma Musicum también es conformado por Kattia Calderón Retana, en las flautas dulces, el oboísta José Ángel Ábrego, en los violines Peter Nitsche Osterman y Grace Marín, la fagotista Isabel Jeremías Lafuente, el percusionista y marimbista Gerardo Duarte y la cembalista María Clara Vargas.

Un poco de recreación

La primera parte del disco, además de Jacquet de La Guerre, también ofrece obras de compositores no tan divulgados, los italianos Andrea Grossi y Andrea Falconieri, el francés André Danican Philidor y el valenciano Joaquín García de Antonio.

Luego, la segunda parte del disco está dedicada a compositores europeos que se trasladaron al nuevo continente, así como a los criollos que lograron desarrollar sus carreras ligados a las catedrales de centros urbanos de la América colonial.

Aparecen entonces el italiano Domenico Zipoli, quien realizó labor en Argentina, el también italiano pero que más bien se movió hacia México, Ignacio de Jerusalem, el guatemalteco Rafael Antonio Castellanos, el peruano José de Orejón y Aparicio y el mexicano Juan García de Zéspedes.

El repertorio de Convidando está la noche incluye dos obras anónimas, incluida una pieza de transmisión oral de Costa Rica: Las raíces del marango.

La segunda parte del disco está dedicada a compositores europeos que se trasladaron al nuevo continente, así como a los criollos que lograron desarrollar sus carreras ligados a las catedrales de centros urbanos de la América colonial, Zamira Barquero.

Barquero destacó que no se trata de obras escritas para la instrumentación del grupo, pero cuando se trata de la música de este periodo, el registro escrito no es tan profuso o detallado como se quisiera, lo cual felizmente implica que los grupos dedicados a este particular repertorio “podamos recrearnos un poco”.

“El intérprete siempre está recreándose y recreando la música, si no lo hace no entiende lo que es ser músico ni lo que es ser artista. La formalidad nunca ha existido en la música, lo que existe es una relación con el autor, no lo podemos sacar de su contexto. Todos jugamos, sentimos el ritmo, la melodía, el texto, la alegría, las sensaciones, los matices”.

La soprano puntualizó que en la música de este repertorio, “una de las cosas lindas es que en mi caso como cantante lírica, acercarme a esta música me lleva a simplificar un poco la emisión vocal, tratar de hacerlo más sencillo. Es una de las dificultades. Por eso hay cantantes que se especializan en este repertorio”.

“Precisamente porque me gusta jugar con esta música, que no está dentro de los cánones estrictos de lo que alguien pueda llamar música barroca, trato de interpretarla respetando mi voz e interpretación, respetando cómo el conjunto trabaja el repertorio”, añadió.

Reconoció así que “como cantante me salgo un poco” de la búsqueda de una interpretación apegada a las normas de la época. “Aquí le estoy diciendo un secreto”, dijo, entre risas.

Para Barquero, la música es algo que se aprehende “en términos que van más allá de lo cotidiano, es lo lindo del arte. Siempre le dije a mis alumnos, cuando yo deje de cantar lo más difícil es que no hay nada que sustituya el quehacer musical. Por eso no le puedo poner palabras, el quehacer musical lleva muchas sensaciones intrínsecas. Desgraciadamente solo un artista sabe cómo se siente, pero los que no lo son quieren quitarle un poco el valor a este quehacer”.

Costarrica un tanto silenciosa

El hecho de que se haya incluido una pieza anónima de Costa Rica, obedece a que en el país no se ha encontrado registro escrito de partituras de la época colonial.

María Clara Vargas explicó que si bien en algunos países se ha publicado bastante, como México, Guatemala o la región denominada la Chiquitanía, entre Bolivia  y Ecuador, en otros apenas se empieza a publicar, por lo que el trabajo para realizar un disco como Convidando está la Noche inicia con “todo un proceso de búsqueda, para finalmente tener las partituras”.

Posteriormente, sigue “toda la etapa de preparación del material, que tiene que ser muy cuidado, porque a la hora de grabar tiene que salir bien todo el mundo, para que quede la mejor versión posible”.

Vargas ha llevado a cabo amplios trabajos de historia del desarrollo musical en el país. Ante la pregunta de si la ausencia de registro de música colonial en Costa Rica se debe a que había poca actividad o poco interés en conservarla, Vargas recordó un artículo académico que elaboró junto al historiador Eduardo Madrigal, “De Rituales y Festividades: Música colonial en la provincia de Costarrica”.

“Básicamente —detalló Vargas— la conclusión a la que llegamos es que en Costa Rica sí hubo practica de músicos tocando, pero no ha quedado registro de partituras”. Dijo que se trata de un fenómeno multicausal para el que se pueden plantear varias explicaciones, una de ellas es que a diferencia de otras colonias, el proceso de urbanización y colonización fue mucho más tardío. Por ejemplo, Ciudad de México fue fundada en 1.521, mientras que la de San José se dio durante la primera mitad del siglo XVIII.

Otro elemento relevante es que a diferencia de otras colonias, la corona española no tenía mucho interés en Costa Rica, “no había tanto oro, plata o indígenas, que eran las fuentes de riqueza para la corona, fue una colonia despoblada, pobre, marginada. La música se hacía en centros importantes y en las grandes iglesias”.

Relató que, aún a principios del siglo XIX, cuando se necesitaban músicos se pedían a Nicaragua.

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