La guerra (siempre es la misma)

Coinciden en la cartelera dos ‘superproducciones’ que abordan la guerra, la del pasado y la del futuro, desde perspectivas que, sin ser originales

Coinciden en la cartelera dos ‘superproducciones’ que abordan la guerra, la del pasado y la del futuro, desde perspectivas que, sin ser originales, son al menos inusuales.

Quiso la agenda de estrenos que coincidieran en cartelera dos superproducciones hollywoodenses que abordan un mismo asunto, uno de los más tratados por los cineastas: la guerra. Es un abordaje que comienza desde los títulos: Dunkirk (Dunkerke, 2017), de Christopher Nolan, remite a la retirada de los ejércitos inglés y francés en el primer año de la Segunda Guerra Mundial, después de una desastrosa campaña contra los alemanes, y War for the Planet of the Apes (Guerra por el planeta de los simios, 2017), de Matt Reeves, el tercer capítulo de la nueva trilogía, a partir de la fábula concebida por el novelista francés Pierre Boulle.

Ambos filmes que interesan a cierto público cinéfilo: mereciéndolo o no, Nolan es el más aplaudido de los cineastas de superproducciones que ha aparecido en los últimos tres lustros, con títulos como Batman: The Dark Knight Rises (El caballero oscuro, 2008) e Inception (El origen, 2010). En cuanto al de Reeves, hace parte de una saga que comenzó con el clásico de la ciencia ficción Planet of the Apes (El planeta de los simios, 1968), de Franklin J. Schaffner, y que ha revivido para el público contemporáneo con dos piezas en 2011 y 2014.

Reunidas en el presente artículo estas dos películas, para las que abundarán tanto defensores como detractores, invitan a reflexionar sobre el cine bélico, la dinámica del cine de Hollywood y la diferencia que puede darse en la repetición.

Distintos heroísmos

Dunkerke no es un filme bélico convencional. Desde la primera secuencia, la cámara escoge a un protagonista sin ninguna cualidad especial, Tommy (el actor Fionn Whitehead), entre un grupo de soldados ingleses que deambula por las desiertas calles de un puerto sitiado. El elegido es Tommy, pero pudo ser cualquier otro que consiguiera lo que él: huir.

Casi por accidente esquiva una ráfaga de ametralladora que mata a sus compañeros, y logra resguardarse detrás de la barricada de los aliados franceses. Empieza una historia cuyo heroísmo radica en la sobrevivencia; el qué de la narración, la retirada en circunstancias vulnerables, se aleja de lo usual en el cine bélico.

No por ello deja de ser una obra hollywoodense: la construcción de los personajes es la corriente (el estoico soldado, el sabio oficial, el solidario civil, el audaz aviador) y el sofisticado juego con la temporalidad, que es casi una firma en la cinematografía de Christopher Nolan, no es otra cosa que el sacar provecho de las posibilidades del montaje paralelo, desarrollado desde hace un siglo.

Las palabras no abundan, y cuando aparecen, lo cierto es que sobran: Dunkerke es una potente pieza audiovisual, que se sirve de pocos diálogos y de unas impresionantes fotografía y edición sonora. La aventura de Tommy, que se desarrolla en las playas de Dunkerke, se alterna con otras dos, más habituales en los filmes bélicos: la del señor Dawson (Mark Rylance), un marinero de fines de semana que cruza el canal de La Mancha para ayudar en la evacuación de los soldados británicos, y la de Farrier (Tom Hardy), un piloto que enfrenta los cazas alemanes que acechan los barcos ingleses.

La fábula post-apocalíptica de Guerra por el planeta de los simios se expresa en cambio como un filme bélico bastante convencional. Como la película de Nolan, esta otra narra el accidentado regreso al hogar, en este caso a una tierra en la que los simios no vean amenazada su existencia por los humanos.

Pieza cinéfila, la película de Reeves presenta los enfrentamientos en la selva y la nieve, así como un campo de concentración en el que no cabe la misericordia, en medio de guiños al Kubrick de Full Metal Jacket (Nacido para matar, 1987) y al Coppola de Apocalypse Now (Apocalipsis ahora, 1979).

Si bien el guion muestra algunas inconsistencias, se trata también de una experiencia audiovisual sólida, en la que la palabra pasa a un segundo plano, tanto por la espectacularidad de la narración, como por el énfasis que brinda el argumento a la mudez de los simios, quienes se comunican por señas.

Este detalle conlleva una reflexión antropológica (la palabra como definición de lo humano) que domina los encuentros entre el protagonista, Caesar, líder de los simios, y el antagonista, el demente coronel del ejército estadounidense (Woody Harrelson).

Diferencia y repetición

Desde sus inicios en la segunda década del siglo XX, el cine de Hollywood nunca se ha expresado como una forma homogénea. Existen por supuesto rasgos que se mantienen constantes, pero también variaciones, unas más sutiles que otras, tanto en los procedimientos narrativos y argumentales, como en los recursos con los que se apela al espectador. Ocurre así en estas dos películas.

Los juegos temporales de Dunkerke nos remiten a algo tan añejo como Intolerance (Intolerancia, 1916), de D. W. Griffith, y los abordajes de la angustia del soldado y la fragilidad del cuerpo humano lo sitúan al lado de la recordada apertura de Saving Private Ryan (Salvando al soldado Ryan, 1998), de Steven Spielberg, o del clímax de Titanic (1997), de James Cameron.

Se distingue por la invisibilidad del antagonista, del que el relato da cuenta a través de aquello que padecen los protagonistas, sin presentarlo directamente; apenas nombrado, el ejército alemán solo aparece a través de las balas que impactan en los soldados ingleses o las bombas que caen sobre los barcos. Dunkerke no recrea la batalla, sino la angustia ante la muerte inminente.

También Guerra por el planeta de los simios trastoca la convención del cine bélico y de ciencia ficción, pidiendo al espectador que tome partido en contra del bando de los seres humanos, antagonistas de este filme, rompiendo con la operación de empatía habitual. El procedimiento no es inédito: un filme tan exitoso como Avatar (2009), de James Cameron, situaba también a los seres humanos como antagonistas.

Dunkerke es una película muy superior a Guerra por el planeta de los simios: se fija objetivos formales más ambiciosos y sabe cumplirlos. Puede que Nolan no sea el genio que algunos pintan: su cine es efectista y falsamente profundo; sin embargo, además de efectista, es efectivo en el uso de premisas que despiertan la curiosidad, el despliegue de recursos formales y técnicos y la ejecución de experiencias sensoriales.

La apuesta formal de Guerra por el planeta de los simios es menos arriesgada, y se sirve de personajes y giros argumentales que rozan el cliché. Es en cambio más rica para el análisis ideológico de lo bélico: mientras que Dunkerke se ofrece como una experiencia de los sentidos que da por sentada la necesidad de la guerra y acuerpa el discurso patriotero, el guion de Reeves y Bomback es claramente antibélico y presenta a la institución militar como un conjunto de dementes.

Asimismo, la que se anunciaba como una confrontación entre dos especies distintas por la sobrevivencia en la Tierra, se revela finalmente como una batalla entre facciones humanas, con los simios como testigos. Se confirma así la autodestructiva antropología que subyace en este filme que cierra por ahora la saga del Planeta de los simios.

Fichas técnicas

Dunkirk (Dunkerke). Dirección y guion: Christopher Nolan. Fotografía: Hoyte van Hoytema. Música: Hans Zimmer. Con Fionn Whitehead, Cillian Murphy, Mark Rylance, Kenneth Branagh, Tom Hardy. Estados Unidos, 2017.

War for the Planet of the Apes (La guerra por el planeta de los simios). Dirección: Matt Reeves. Guion: Mark Bomback y Reeves. Fotografía: Michael Seresin. Música: Michael Giacchino. Con Andy Serkis, Woody Harrelson, Steve Zahn. Estados Unidos, 2017.

 

0 comments