Cuerpos que bailan para domesticar la pandemia

Los artistas de la danza y el baile popular domestican la pandemia poniendo el cuerpo, la reflexión y la creatividad para enfrentar los desafíos que implica el cierre radical de los espacios públicos donde desarrollan su actividad.

Practicar la danza y el baile popular en medio de la crisis por el COVID-19 es un ejercicio creativo de gran dificultad, siendo, como lo es, un arte de contacto, de cuerpo con cuerpo, mirada con mirada, de respiración colectiva.

“Nuestro trabajo en esencia es estar presente, el trabajo con la corporalidad es muy humano, siempre estamos expuestos a los olores, a los sudores”, explica Hazel González, directora de Danza Universitaria de la Universidad de Costa Rica.

La presencia absoluta en escena, antes columna vertebral del hecho dancístico, en este contexto crítico se ha convertido, paradójicamente, en algo parecido a su talón de aquiles; por lo tanto, la necesidad de virtualizar la práctica tiene un carácter de urgencia.

Así, en medio de la crisis cultural y económica causada por la pandemia, los trabajadores de la danza han respondido con pragmatismo y viendo oportunidades en la amenaza.

De este modo desarrollan estrategias no solo de sobrevivencia, centradas en la necesidad primaria de llevar el sustento a sus hogares, sino en proponer formas para abordar su quehacer con una perspectiva realista e integral.

Desde elaborar tutoriales para entrenar a la gente hasta crear coreográfias grupales —pero construidas individualmente por el confinamiento—, las formas, herramientas y soportes alternativos para enseñar, producir, mostrar, compartir y pensar la danza son muy diversas e incluso en algunas ocasiones no tan eficaces.

Y es que también se trata de un asunto de ensayo y error, un ejercicio en que estar dispuestos a alfabetizarse tecnológicamente, a acelerar la curva de aprendizaje y romper las barreras generacionales se impone.

Menos sofisticado, a la vez se relaciona con la atención y respeto a las medidas protocolarias de salud, como usar una simple careta de plástico —que para muchos en este momento es un elemento básico e indispensable del código de vestimenta—, convertida en un verdadero obstáculo para enseñar a bailar un bolero.

El nivel de detalle y rigurosidad que conlleva cambiar de manera radical el abordaje de la disciplina es asombroso, tan asombroso como esa capacidad desarrollada por los bailarines para pensar y mover su cuerpo con ritmo, fuerza, elasticidad, coordinación, expresividad, emoción y compromiso. Con tanta belleza, al fin y al cabo.


 

Hazel González, directora de Danza Universitaria. Bailar en distintos frentes

Al igual que les ocurrió a cientos de artistas del quehacer dancístico nacional al declararse la emergencia nacional provocada por el virus COVID-19 en Costa Rica, a Danza Universitaria (Danza U) se le vino abajo el cronograma de trabajo planificado con la rigurosidad que caracteriza a la agrupación.

“La pandemia nos cayó una semana antes de iniciar el Festival Paréntesis, cuando ya teníamos gente que había comprado boletos, que venían desde Austria y Canadá; con comunidades involucradas; una convocatoria de artistas independientes que iban a hacer remunerados”, cuenta Hazel González, directora de Danza U.

La compañía se fue a trabajar a la casa y cerraron el estudio donde entrenan y crean. González se sorprende de haber pensado al principio que la situación iba a durar un mes, y que luego se fuera extendiendo hasta este momento en que vaticina que la crisis se prolongará dos años, aproximadamente.

Ante este panorama, Danza U reaccionó rápidamente a la llamada “nueva normalidad” y planteó e implementó varias estrategias institucionales para abordar su trabajo.

“Teníamos que crear una forma de mantenernos cohesionados y saludables y eso implicaba darle continuidad al entrenamiento porque somos personas acostumbradas a trabajar con las prácticas corporales diariamente”.

Otro de los objetivos fue seguir aportando, con un sentido ético, con la presencia de la UCR a la comunidad nacional que necesita no solo médicos o ingenieros, sino a los artistas con sus saberes.

A partir de esta “nueva normalidad” tan rotunda, algunas de las interrogantes fueron cómo mantener la convivencia de manera virtual, cuáles serían las alternativas metodológicas que permitan continuar con los procesos artísticos como la creación de coreografías, así como las opciones para sostener los vínculos con las comunidades.

González reitera que era fundamental reaccionar de manera consistente y sólida, y surgieron metodologías que resolvían desde cuántos metros cuadrados debe tener alguien para entrenarse individualmente, cómo es el piso, hasta el acceso y la conectividad a Internet, y cuáles aparatos (computadoras o móviles) se usan.

Danza U tomó en cuenta todos esos detalles porque sus integrantes se imaginaron y pensaron el nuevo contexto relacionado con “ese pequeño mundo en que los chicos y chicas iban a trabajar”, como lo expresó González.

A la vez se valoraron elementos como la calidad de los materiales audiovisuales y cómo generarlos con los teléfonos celulares y el uso de las aplicaciones para realizar reuniones laborales en grupo, entre otros aspectos tecnológicos.

González destaca, por otro lado, el mandato y compromiso de poner al servicio estrategias para mejorar la salud a las personas que trabajan en “la calle” o hacen teletrabajo, la calidad de la respiración, ejercicios de estiramiento y masajes, con el fin de mantenerse estables.

Otro aspecto de extrema importancia señalado por González es que el arte es una necesidad y frente al aumento de los problemas y enfermedades mentales en esta crisis, el trabajo dancístico es vital con su aporte en el terreno de lo simbólico, lo poético, lo metafórico, la creatividad y lo lúdico.

Para González, si bien es cierto que la columna vertebral del fenómeno dancístico son las presentaciones en vivo en un escenario, Danza U estaba preparado para reaccionar a la crisis con eficacia, ya que en los últimos años trabajan en otras dimensiones y posibilidades del quehacer, como la salud y la educación en prácticas de desarrollo integral de las poblaciones.

“No vamos a estar en un teatro, no vamos a bailar, es rudo porque es parte esencial del trabajo que hacemos, es parte de la tradición; pero teníamos muchas puertas abiertas. Eso tiene que ver con qué pensás que es la danza, si se queda como un fenómeno escénico nada más, con la generación de patrimonio de obras coreográficas, o si también generamos otras experiencia que han permitido que el grupo reaccionara y se amoldara rápido a la crisis”.


Acción Danza U frente a la pandemia:

*Danza U entrena en casa: entrenamiento de los bailarines.

*Movete en casa con Danza U: cápsulas en línea para poner al servicio de la población salud.

*Procesos Danza U: continuación de los procesos artísticos de creación a partir de la virtualidad y promoción de la reflexión en torno al cuerpo del bailarín.

*Lo teórico Danza U: espacio para la investigación y construcción del marco teórico del trabajo de la agrupación con la comunidad en la actual coyuntura, así como a lo largo de diez años.

Danza U Acción: publicar el material patrimonio y la herencia coreográfica audiovisual de danza U disponible para el público.

*Comunidades en línea con Danza U: cursos con diversidad de poblaciones como la adulta mayor, entre otras, en distintos tipos de baile, con cobertura en Guanacaste, Limón, Golfito, Turrialba, Montes de Oca; Fundamentes y el Posgrado de especialidad médicas de la UCR para apoyar a la gente que atiende la emergencia por el COVID-19.

*Convenio con el Ministerio de Educación Pública para la creación de contenidos que serán divulgados por el Canal de las Artes del MEP. El trabajo se realizará en dos líneas: ¿Y vos por qué bailás?, una convocatoria para participar en un video en el cual estudiantes responden la pregunta; y Movimiento total, para la generación de videos-tutoriales con artistas independientes.


En época de pandemia, Anatradanza llevó a cabo el festival en línea Danza Virtual, en el que convocó a trabajadores de la danza a participar con coreografías sobre el confinamiento social. (Foto: Juan Leiva).

Carolina Valenzuela, miembro de Anatradanza. Vamos al teatro

En la actual coyuntura de crisis, la asociación Anatradanza, que aglutina a parte del gremio de los trabajadores de la danza, implementa el proyecto Vamos al teatro, una campaña en formato de video dirigida al público en general para provocar confianza y estimular el regreso a las salas de danza, teatro, salas de exhibición y museos.

Este llamado dirigido a la solidaridad y gusto por las artes escénicas presenciales se pretende lograr a través de una producción audiovisual sobre el proceso de creación de dos esculturas por parte de la reconocida artista visual Leda Astorga.

Las dos esculturas son reconocimientos que Anatradanza otorgará en octubre próximo en el Festival de Coreógrafos, a los dos bailarines (hombre y mujer) más destacados por la calidad de su interpretación.

Los personajes escultóricos de Astorga representan la danza y las artes escénicas que, de acuerdo con Carolina Valenzuela, miembro de Anatradanza, intentan generar un sentimiento positivo de esperanza por el retorno del arte escénico y la afluencia de público presencial a los escenarios.

Valenzuela hace la salvedad de que la campaña es válida aún cuando no se pudieran abrir esos espacios como está previsto en el cronograma de instituciones o agrupaciones como el Teatro Nacional, las salas del Centro Nacional de la Cultura (Cenac), Gráfica Génesis, La Alhambra, Teatro de Artes Dramáticas, Eugene O’Neill, Auditorio Nacional, Auditorio Humboldt, entre otros, que se sumen a la campaña.

“Si no se van a abrir los teatros igual se va a invitar al público a asistir virtualmente a las funciones”, señaló Valenzuela.

Anatradanza ha estado muy activa durante la crisis sanitaria, cultural y económica, pues participa en la Red de Emergencia Cultural 2020-2021 que procura mejorar las condiciones de las personas trabajadoras de la cultura.

Esta organización recientemente distribuyó vía Internet un manifiesto con varias demandas y peticiones al mandatario de la República, Carlos Alvarado, a la jerarca del Ministerio de Cultura y Juventud, Sylvie Durán, y a los diputados de la Asamblea Legislativa.

Asimismo realizó un festival denominado Danza Virtual, mediante el cual convocó a artistas de la danza a participar con coreografías grabadas en videos para ser divulgados a través de Facebook. Los seleccionados fueron remunerados por Anatrandaza por sus trabajos.

De acuerdo con Valenzuela, el mundo estaba caminando hacia la visualización de la artes escénicas y la música a través de plataformas tecnológicas. “Este salto se aceleró con la pandemia, y es algo que se va a quedar, va a formar parte para siempre de nuestro quehacer como bailarines, con los talleres virtuales y la presentación de espectáculos en línea, que de algún modo democratiza el acceso porque rompe distancias y desplazamientos”.


Ligia Torijano, de la compañía La Cuna de Swing Criollo, afirma que no se le puede desmeritar por no saber cómo utilizar bien una plataforma virtual o una aplicación cuando da clases. (Foto: Carlos Esteban Solís).

Ligia Torijano, Compañía La Cuna del Swing. Baile popular en línea y (dis)pareja

Hay un alto grado de dificultad para dar talleres virtuales de baile popular. Ligia Torijano, de la compañía La Cuna del Swing, es un botón de muestra fehaciente.

La directora de la célebre agrupación explicó que en sus clases debe trabajar con pareja y dar las indicaciones “de los pasos del hombre y la mujer”, mostrándose de frente a la persona que está del otro lado de la computadora o móvil.

“Al estar de frente varían las posiciones, porque se trabaja en espejo, mi pie izquierdo es el derecho de la otra persona y el izquierdo es el derecho”. Esto para los descoordinados puede significar un martirio.

En esta época de pandemia, Torijano ofrece el curso de swing criollo y bolero vía Facebook Live. En una clase reciente, minutos ante tuvo una sensación de ansiedad que calmó con Passiflora.

Para Torijano la experiencia de dar clases virtuales es un motivo de estrés. El problema más serio, dijo, “es enredarte en tus propios mecates”.

Quienes han aprendido a bailar con Torijano la respetan como profesora porque ha desarrollado una buena metodología, “pero una computadora te pone a prueba y piensan que una no sabe nada porque no podés usar una herramienta”.

Torijano afirmó que no se le puede desmeritar por no saber cómo utilizar bien una plataforma o una aplicación.

Las dificultades se multiplican cuando debe usar, por ejemplo, una careta plástica al ofrecer una clase con un acompañante que no es de su burbuja social.

“En una clase el dióxido de carbono que estaba expulsando me lo estaba tragando porque tenía que hablar y explicar. Era como si me hubieran puesto a correr 300 metros y luego hubiera dado la clase. El aliento, el aire, no sale hacia adelante sino que lo aspirás. Estaba sudando y ahogándome”.

En este periodo de crisis, la agrupación trabaja en un montaje con Teatro La Tropa; consiste en un espectáculo con casi una veintena de coreografías. Para armar las piezas se divide la música y se le entregan a cada bailarín 35 segundos que coreografían y graban con el celular. Luego ponen en común el material a través de WhatsApp y posteriormente viene la etapa de corregir y unir el mosaico.

También les corresponde repasar por separado las coreografías del repertorio, de las cuales una estaba agendada para el 21 de de julio en Teatro al mediodía del Teatro Nacional.También estaban negociando un espectáculo con el Teatro Espressivo.

Torijano presentó, además, un proyecto al fondo concursable Proartes COVID-19 del Teatro Melico Salazar, el cual anunciará los seleccionados en estos primeros días de julio. La propuesta consiste en talleres virtuales de swing criollo y bolero a grupos de niños y adolescentes de El Carmen de Escazú y Aguas Zarcas de San Carlos.

“Es difícil porque no todos los niños tienen Internet en la casa y para otros la conexión no es tan rápida. Además, tienen que instalar la plataforma virtual y no deben mezclar las burbujas sociales”.

La clase tiene una duración de 40 minutos, se hace en pareja y el producto es una coreografía de un minuto y medio de swing criollo y bolero.

“A los chiquillos les encanta el swing”, aseguró Torijano. “El problema es darles el seguimiento, es ponerlos a trabajar en pareja, imaginar que la tengo a la par y que la estoy dirigiendo bien”.

En la danza contemporánea no se requieren dos o más para bailar, pero en el bolero, ese cuerpo a cuerpo es esencial, pues está relacionado con la cercanía de los torsos. “El torso tiene un lenguaje. ¿Cómo voy a estar imaginándome a la mujer invisible donde mi mano hace un movimiento sutil y está indicando que la pierna la está cruzando por delante o por detrás?”

De acuerdo con Torijano, ella pertenece a una generación más sensible, “que le ha tocado algo no del todo desconocido porque una se mete a Facebook y usa TikTok; pero no es lo mismo profundizar en una aplicación como Zoom o Facebook Live. Es como andar en carreta”.

A esto se suma el hecho de que para dar las clases de baile necesita una pareja. “Los salones de baile serán los últimos en abrir, no van a abrir hasta quién sabe cuándo, porque se baila en pareja”.

**En la primera versión de este artículo, el nombre de la compañía La Cuna del Swing Criollo se consignó erróneamente; el nombre correcto de la agrupación es La Cuna del Swing de Ligia Torijano


 

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