Cuatro mujeres y un camino salado como el mar

La nueva novela de Arabella Salaverry repasa la historia de las mujeres, de su propia familia y de la diversa cultura caribeña.

“Estoy justamente en el Caribe, así que aquí tengo todo el tiempo del mundo”. Es fácil intuir una sonrisa del otro lado de la línea cuando la escritora Arabella Salaverry atiende para conversar sobre Rastro de sal, su nueva novela.

El libro ve la luz bajo el sello de Uruk Editores y la presentación se lleva a cabo este mismo miércoles 24 de junio a través de una transmisión en línea, como manda la cotidianidad pandémica, en este caso por la vía de un Facebook Live de la Librería Internacional, a las 4 p.m.

Son cuatro historias de cuatro mujeres en cuatro generaciones distintas, “unidas por un por un hilo común que es un mandato que hace justamente la primera Candelaria”.

Se trata de una de dos protagonistas que llevan ese nombre. Esta primera de ellas es una joven casi adolescente de mediados del siglo XIX, originaria de Cartagena de Indias, y enfrascada en “esa búsqueda de libertad desde la prisión de toda la estructura social que se impone a las mujeres”.

Es una muchacha “ahogada por todos los convencionalismos”, obsesionada cada día más con la búsqueda de su libertad, de la que le susurra de manera casi implacable el mismísimo mar Caribe y su aliento salado. El problema, como resume Salaverry, es que “la libertad que busca tampoco le resuelve nada”.

La historia no oficial

Salaverry ha desarrollado una carrera bastante prolífica en la que ha abarcado tanto novela como poesía y cuento, y la institucionalidad nacional le ha reconocido un par de veces con el Premio Nacional de Literatura Aquileo J. Echeverría.

Rastro de Sal, además, tiene la particularidad de incorporar muchos elementos históricos. Para empezar, recurre a la historia de su propia familia. Esta Candelaria es basada en el personaje real de su tatarabuela y su trayecto de Cartagena a Limón, quien junto a su esposo fundó el primer asentamiento en lo que por entonces era la comarca de Moín.

A partir de ahí las referencias históricas cobran mayor peso, pues la narración se entrelaza con la construcción del ferrocarril y con la presencia de personas migrantes de Italia, de la población china, de los afrodescendientes que llegan de Jamaica; “aunado todo esto a la frustración personal del personaje que nunca encuentra realmente su libertad, porque siempre la busca desde afuera”, acotó la escritora.

Por ello, el trabajo en esta novela implicó investigación histórica. “Los primeros colonos que llegaron a Limón fueron colombianos y alemanes, italianos llegados a asentarse primero en Moín y luego se trasladan a Puerto Limón; entonces, toda esta historia trato de rescatarla, porque en los anales de la historia oficial no aparece nada de esto”.

Informó que entre las fuentes consultadas figura el texto Crónicas para una historia de Limón, de Elías Zeledón.

Pero, en todo caso, el hilo conductor de estas vidas en Rastro de sal llega a ser la reflexión sobre “los procesos que viven las mujeres en nuestras sociedades y que no han cambiado mucho en definitiva, a pesar del paso de los años”.

Al fin y al cabo, la propia Salaverry reconoce que en su literatura es constante la preocupación por la condición de la mujer. “A pesar de todos los pataleos que hacemos, sustancialmente las cosas para la gran mayoría no han cambiado mucho e incluso para el último personaje, que ya es contemporáneo. Su problemática tal vez es distinta a la de las anteriores, pero sigue con esa inconformidad y esa ansia por algo que tampoco sabe definir muy bien qué es, pero es la búsqueda permanente en la que estamos sometidas las mujeres y tiene que ver con momentos históricos”.

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