Cerámica chorotega: artesanía ancestral y del futuro

Arte cerámico del norte es puesto en valor mediante una beca taller que procura fortalecer esta tradición artesanal milenaria.

Doña Nury Marchena está hondamente conectada con la tradición milenaria de elaborar cerámica chorotega, un legado de sus ancestros indígenas de las zonas guanacastecas que llevan por nombre Guaitil y San Vicente.

Cuando mira hacia atrás, la alfarera no duda del arraigo que siente hacia la cultura de la cual proviene; sin embargo, cuando mira hacia adelante siente temor, pues los niños están olvidando el significado material y simbólico de esta expresión identitaria.

“Ellos no le ponen cuidado a la cerámica; entonces nosotros tenemos que ir inculcando su valor, para que no se pierda. Si nosotros nos morimos esto se pierde”, dijo.

La cerámica chorotega se elabora con materiales cien por ciento naturales y fue reconocida con el sello de denominación de origen en el 2016. (Foto: Mariana Arce)

La cerámica chorotega es el único producto artesanal de origen indígena con estas características que prevalece en la actualidad, como las máscaras borucas y los tejidos ngöbe buglé, por ejemplo.

Conscientes de su valor y con la voluntad solidaria de apoyar los esfuerzos de las comunidades artesanas de Guaitil y San Vicente, la comunicadora Mariana Arce Mercado, el geólogo Diego Guadamuz Vargas y el historiador Marco Garita Mondragón ejecutaron durante este año una beca taller de la Dirección de Cultura del Ministerio de Cultura y Juventud (MCJ).

Los fondos fueron destinados a fortalecer la práctica en su dimensión cultural, así como a promover la comercialización de los productos, ya que, según cuenta doña Nury, la crisis ha alejado al turismo de la zona con la consecuente depresión económica para las 300 personas dependientes de la actividad.

“Es una fuente de ingreso para nuestras familias”, destacó doña Nury, quien se lamenta de que mucha gente haya abandonado la producción de artesanía en busca de otras actividades.

Para doña Nury, es primordial volver a poner en valor esta práctica milenaria. “Lo que queremos es que por medio de los güilas y de nosotros mismos, les vayamos inculcando para volver a como era antes. Ahorita hay jóvenes trabajando con la tradición, se les fue enseñando con una cooperativita que había en la escuela de Guaitil, se les daban clases y hoy la mayoría es artesana”, explicó.

La recuperación cultural se aúna a las necesidades económicas de los artesanos, precisamente por eso la beca tiene un abordaje interdisciplinario que pretende lograr un alcance más integral, según comentó Arce.

La colaboración del historiador y estudiante de Administración, Marco Garita, es fundamental, pues realizó un estudio de mercado en el que mapeó puntos de venta en el área metropolitana y determinó la competencia de otros productos similares a la cerámica chorotega.

De acuerdo con Arce, uno de los mayores problemas que enfrentan los artesanos de Guaitil y San Vicente es que la mayor parte de las ganancias las obtienen los intermediarios. A raíz de esta situación endémica, “les apoyamos en hacer enlaces a partir del enfoque del comercio justo, con Chietón Morén, por ejemplo”, puntualizó.

Asimismo, la relación con el equipo de la beca taller les ha permitido participar en ferias, y promocionarse mediante Procomer en la plataforma en línea de NatGeo, denominada Novica, donde se comercializan a nivel mundial.

Con respecto al aporte del geólogo Diego Guadamuz, el proyecto ha proporcionado estudios para determinar la factibilidad de extraer la arcilla para elaborar la cerámica en otras tierras que no sean aquellas del cerro San Vicente, ya que el terreno es propiedad privada.

Arce explicó que las piezas se producen con materias primas cien por ciento naturales, “desde el barro hasta los curioles, o pigmentos que colorean la cerámica, son extraídos del cerro San Vicente de forma ilegal”. De ahí la importancia de adquirir un terreno para sustraerlos legalmente, asesoría que queda pendiente para el año entrante.

Tierra y ritual

Para los artesanos, poseer una tierra es tan importante como el ritual para obtener los materiales en el cerro, que se transita en una caminata de siete horas en total, según recordó Arce. “Dicen que el pigmento se esconde si uno habla, y que por eso hay que ir en silencio; también por eso tradicionalmente son hombres quienes lo extraen, porque las mujeres conversan mucho”, precisó.

De acuerdo con Arce, el principal desafío para los ceramistas es vencer las asperezas que han surgido entre los dos pueblos, que se consolidaron en la actividad artesanal en los años ochenta y cuyas economías, en un 80 por ciento, se basan en esta tradición ancestral.

“Al inicio había bastante mercado, turistas, pero a partir del 2008 ha venido decayendo  porque los pueblos no están cerca de la playa. Esto los ha hecho perder la esperanza”, reconoció Arce.

Las rencillas entre ellos es causada, además, porque Guaitil está más cerca de la costa y San Vicente tiene el ecomuseo que alberga ejemplares de las piezas. Aun así se unieron en Coopesanguai, cooperativa de artesanos y artesanas, que, aunque estuvo inactiva, en la actualidad es retomada al revalorar la riqueza que tiene esta práctica cultural.

Otro factor de gran peso para la revitalización de la cerámica chorotega es el sello de denominación de origen que logró en el 2016, único producto no alimenticio al que se le ha otorgado en el país.

El reconocimiento ofrece ventajas para comercializar las piezas frente las imitaciones provenientes de Nicaragua o de las grandes empresas chinas; estas últimas incluso extraen el barro del cerro de San Vicente, para producirlas en serie e importarlas como si fueran autóctonas. “Eso ha afectado la economía de la actividad. Pero con la denominación de origen cada pieza irá identificada con un sello, que garantiza su originalidad”, indicó Arce.

Doña Nury se siente optimista pues los artesanos han recibido mucho apoyo, y el sello permitirá que “no nos roben el mandado, porque en algunas partes dicen que los productos son cerámica de Guaitil pero son industriales. Tenemos cinco años de trabajar fuerte, y necesitamos recursos para promocionar ese sello a nivel nacional e internacional”.

El otro frente crucial es la ejecución de un próximo proyecto con el MCJ, para fortalecer el patrimonio artesanal en los escolares de ambos pueblos. “Es una tradición que viene de generación en generación y no podemos perderla; es nuestra identidad en nuestras comunidades”, expresó.

Para la artesana, los asociados a Coopesanguai deben trabajar como empresa para que los niños vuelvan a tomar conciencia de que pueden perder su cultura, y agrega: “irles enseñando historia, cómo elaborar un producto, aprender a pintarlo y pulirlo”.

 

 

 

 

(Créditos: Foto: Mariana Arce)


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