Campeón de Ajedrez para no videntes:

Rolando Gamboa, el comandante que dirige su ejército sin ver

Rolando Gamboa integra la selección nacional que competirá en octubre en el Campeonato Panamericano que se realizará en Costa Rica.

“Peón, eva, cuatro”, anuncia en voz alta Rolando Gamboa, mientras detiene el reloj que atestigua la partida de ajedrez que se encuentra disputando. Él es el coronel de un ejército de piezas que se moverán en dirección a las coordenadas que indique por la siguiente hora, aproximadamente.

Gamboa es el vigente campeón nacional en la categoría de no videntes y, durante el 2019, deberá defender su trono. Cantar e identificar coordenadas tales como “caballo-César-seis” o “torre-Ana-tres” ha sido parte de su vida durante los últimos ocho años.

Oriundo de San Francisco de Dos Ríos, desarrolló su introvertida personalidad mientras jugaba fútbol y videojuegos con sus vecinos por las tardes y, de vez en cuando, una partida de ajedrez, pero sin mucho conocimiento del deporte ni sus estrategias. “Desde pequeño aprendí a mover las piezas, por ahí de los seis años, pero nada más como por jugar”, recuerda Gamboa.

‘‘“De hecho fui aprendiendo de mi rival, porque él cantaba su jugada y yo decía: ‘si él cantó eso es porque esto es como una tabla de excel de filas y columnas’, entonces empecé a cantar jugadas y confirmar que así era”

Rolando Gamboa, campeón nacional de ajedrez en la categoría de no videntes

El interés por el mundo de los peones, alfiles y caballos se despertó en la infancia, época en la que sus padres compraban juegos de mesa y el de tablero cuadriculado sobresalía porque representaba una mayor complejidad, en comparación con los demás, asegura este profesional en soporte técnico.

A sus 10 años, la inocencia de la niñez le impidió entender la dimensión de lo que le estaban diciendo cuando le diagnosticaron retinosis pigmentaria, una de las causas más comunes de ceguera en el mundo. Una noticia inesperada, porque en su familia nadie había padecido de esta enfermedad hereditaria. Según los especialistas, se generó en la unión genética de los padres, a pesar de que no descendían de la misma familia.

“Al que se le detectó primero fue al del medio, que es siete años mayor que yo y al ser algo genético, nos hicieron exámenes y se confirmó que los tres lo tenemos. Entonces, yo lo sabía pero no lo padecía todavía”, explica el menor de tres hermanos.

El proceso de pérdida de la visión daría sus primeras señales a los 12 años. Con el inicio de la adolescencia, y el tradicional cambio hormonal, Rolando empezó a tener dificultades para ver la bola, cuando jugaba baseball con sus compañeros en educación física.

“Cualquier época es fea para perder la vista, pero en la adolescencia con el colegio es un poco feo porque uno quiere estar de igual a igual con los compañeros y los amigos, y se siente excluido de ciertas cosas por no ver”, recuerda Gamboa.

Con el paso de los años, los profesores tomaron medidas como cambiar de pizarras verdes a negras, para ayudar con un mayor contraste, a que su estudiante pudiera leer la materia. Sin embargo, debido al ritmo degenerativo acelerado, lo que funcionaba en un grado, al siguiente debía cambiarse.

Durante los últimos años de secundaria y el tiempo que estuvo cursando informática en la Universidad de Costa Rica, estudió con la ayuda de personas que le leían la materia de los libros. Además, aprendió braille y se adaptó para realizar sus evaluaciones de manera oral.

En junio de 2011, recibiría una llamada telefónica en la cual lo invitarían a participar en el Campeonato Centroamericano de Ajedrez para No Videntes, que se llevaría a cabo en Costa Rica. La organización buscaba personas no videntes que supieran jugar ajedrez y que estuvieran dispuestos a representar al país. Gamboa reconoce que no es lo ideal que un deportista inicie su carrera a los 28 años, pero aceptó la invitación.

Casi 13 años después, aquel joven que había abandonado los tableros, las torres y los reyes por no poder verlos, conoció el ajedrez adaptado y retomó el interés. Como si la vida sobre el tablero cuadriculado que había puesto en pausa, de pronto regresaba, y junto a ella, la oportunidad de representar al país.

El torneo lo tomó como escuela, para aprender a leer el tablero con sus manos y entender las nuevas características de un mundo que ya conocía. “De hecho fui aprendiendo de mi rival, porque él cantaba su jugada y yo decía: ‘si él cantó eso es porque esto es como una tabla de excel de filas y columnas’, entonces empecé a cantar jugadas y confirmar que así era”, explica Gamboa.

En una partida de ajedrez adaptado, cada jugador usa su propio tablero y sólo él lo manipula. Por esto, cada vez que se hace un movimiento de piezas, se debe cantar la coordenada, para que el rival realice el movimiento en su tablero y vaya estableciendo su estrategia.

En las orillas, los tableros adaptados tienen señalado en braille las filas de la 1 a la 8 y las columnas de la A a la H (asignándole un nombre a cada letra, para que no haya confusión al pronunciar las que suenan similar), siendo estas Ana, Bella, César, David, Eva, Félix, Gustavo y Héctor.

Además, en la mayoría de los sets, las piezas negras tienen un distintivo sobre ellas -suele ser la cabeza de un clavo pequeño- para diferenciarlas con el tacto y todas tienen un pequeño pin debajo, para insertarlas en el orificio que posee cada cuadro del tablero, superficie donde los cuadros negros sobresalen tres milímetros más arriba que los blancos. También, para controlar el uso del tiempo, cada jugador deberá usar un audífono que conectará al reloj y así llevar el control de sus minutos restantes.

Dos años después de ese campeonato, se fundó la Asociación Deportiva de Ajedrecistas Especiales, afiliada a la Federación Central de Ajedrez, y  se empezaron a organizar las competencias nacionales, con participantes en dos categorías: baja visión y no videntes.

“Tenemos que desarrollar mucho la parte mental, los videntes también lo hacen, pero no tanto como nosotros, porque ellos tienen la facilidad de poder ver el tablero todo el tiempo. Aunque se les olvide la posición, con solo una mirada ya saben donde están. Entonces, nosotros sí desarrollamos un poco más que ellos el juego mental”, explica Gamboa.

Según este campeón nacional, quien ha competido en torneos panamericanos y centroamericanos, el ajedrez tiene muchas estrategias que ayudan en la vida; por ejemplo, cuando se juega se está pensando dos o tres jugadas adelante, no solo la siguiente, lo que permite analizar las consecuencias inmediatas o a largo plazo de sus decisiones. Además de potenciar la memoria.

Actualmente, planea seguir participando, pero con el objetivo específico de entretenerse, poco a poco piensa ir dejando de lado la exigente competitividad. No sin antes disputar el campeonato panamericano de octubre que se desarrollará en Costa Rica.

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