General (r) Eduardo Aldunate

Los militares no tienen enemigos en la calle

Esta entrevista surgió de una curiosidad, de algo que nadie habla pero que, si se escarba un poco, está en la mente de todos:

En Santiago

Esta entrevista surgió de una curiosidad, de algo que nadie habla pero que, si se escarba un poco, está en la mente de todos: ¿qué piensan los militares de la actual crisis política chilena? Públicamente se sabe poco, o nada.

¿Cómo averiguarlo? Hablando con algún militar que esté autorizado a expresarla. Institucionalmente, las únicas voces autorizadas son las de los comandantes en jefe. Entrevistas difíciles de realizar en las circunstancias actuales y en los pocos días disponibles.

Pero la dificultad no impidió el intento. Surgió la posibilidad de conversar con el general Eduardo Aldunate, pasado a retiro en 2009. Oficial de Infantería, excomandante en diversas unidades del Ejército, segundo Comandante de la Misión de las Naciones Unidas para la Estabilización en Haití (Minustah), el general Aldunate es una figura presente hoy en el debate sobre el papel del ejército chileno en la historia del país.

No solo eso; demanda la participación civil y política en una discusión sobre lo que debe ser la función de los militares en la sociedad actual.

Su carrera está vinculada a un ejército que gobernó e impuso un régimen de terror al país. No omite la palabra “dictadura” cuando se refiere a ese período. Pero su carrera no escapa a la polémica que envuelve cualquier carrera militar en ese período.

Fue acusado de pertenecer a la Brigada Mulchén, un órgano de la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA), responsable de asesinatos y torturas durante la dictadura de Pinochet. Un organismo criminal, de acuerdo con los resultados de investigaciones posteriores sobre esa institución. El general Aldunate lo negó siempre. Investigaciones posteriores lo descartaron.

Sí es cierto que estuvo destinado en la Central Nacional de Informaciones (CNI) que sucedió a la DINA, también declarada organización criminal. «Mientras era teniente, Aldunate fue destinado a la CNI, de enero a noviembre de 1978 y de marzo a julio participó en cursos de inteligencia, no participando en actividades operativas», señaló el entonces ministro de Defensa del presidente Ricardo Lagos, Jaime Ravinet. Fue ascendido a general por la entonces ministra de Defensa, Michelle Bachelet.

Hasta aquí algunos antecedentes sobre la carrera del general Aldunate. Ahora, sentados frente a frente en un café en Vitacura, elegante barrio santiaguino, hago un esfuerzo por calmar mi curiosidad. Lo que sigue es el resultado de esa conversación.

Antes de comenzar el general Aldunate insiste en que habla “desde la perspectiva de un militar en retiro, que no representa a nadie más que a sí mismo”. Lo tendremos presente durante toda la entrevista.

¿Cómo encaran las fuerzas armadas estos movimientos de protesta?

—Yo diría que hay mezcla de sentimientos. Por una parte está la legitimidad de la población de manifestar sus inquietudes; por otra parte, está la forma de esa expresión.

Hay dos aspectos en estas manifestaciones: uno es la gente que legítimamente expresa su disconformidad. Pero al lado surgen expresiones de una violencia inusitada que le hacen mucho daño a la legitimidad de las posiciones de quienes protestan.

Los violentos no caen bien en la sociedad en general. No hay violencia buena y violencia mala. No nos hace bien como sociedad. Una de las experiencias más críticas de la crisis de la democracia en Chile en los 70 fue mirar al que está al frente como un enemigo.

¿Cómo interpreta usted la discrepancia del general Javier Iturriaga –designado jefe de la zona de emergencia que decretó el gobierno al estallar las protestas–, con Piñera, sobre la “guerra” que se estaría librando en Chile?

—Creo que, en un momento la presión, el presidente Piñera se refiere a una grave alteración del orden público. No creo que haya sido su intención señalar que el país estaba en guerra. Evidentemente el tema de los militares en la calle era un intento para bajar un poco la presión. Pero, ciertamente, los militares no tienen enemigos en la calle. Las fuerzas armadas entienden que este no es un tema de más empleo de la fuerza militar, sino que es un tema político.

En esta situación, a las fuerzas militares no les cabe otro rol que dar seguridad, con prudencia. Pero la solución se va a lograr con medidas políticas. Tema político que se reflejó en la actitud del general Iturriaga. Fue prudente en el empleo de la fuerza y en su conducta.

El general Iturriaga respondió al presidente. Dijo que era un hombre feliz, que no estaba en guerra con nadie. Luego dio una breve explicación sobre lo que dijo y se calló. ¿Quién calló al general Iturriaga? ¿Él, el ejército, el gobierno?

—El antecedente que tengo es que el general Iturriaga es un militar muy prudente, con experiencia en el manejo de crisis, como la de los megaincendios en el sur del país, cuando estuvo al frente de las fuerzas militares que actuaron ahí (el general Iturriaga estuvo a cargo de las fuerzas de operación en la localidad del Maule, al sur del país, afectada por grandes incendios en 2017).

Esto refleja un acto de prudencia del general Iturriaga.

¿Cómo evalúa el ejército la herencia del gobierno militar?

—Este no es un tema de conversación en el ejército. En los últimos años en que yo estuve en el ejército, para la inmensa mayoría de los militares el tema político nunca estuvo presente. Es un tema de estudio, de análisis, pero no está en el quehacer del ejército en los últimos años.

El ejército es una institución jerarquizada, en la que tiene un peso muy importante el rol que ha jugado a lo largo de los 200 años de su existencia. No se trata del peso del último comandante en jefe, sino que hay un peso de la historia.

No se trata de elementos de lo que fue el gobierno militar, o de la dictadura, sino de los 200 años de su historia.

Esta actitud quedó en evidencia cuando el presidente Patricio Aylwin (1990-94) convocó elecciones, fueron los militares los que garantizaron su desarrollo.

Pero ustedes fueron quienes “quebraron el huevo” en 1973. Si no lo hubiesen hecho la historia sería distinta…

—Respecto al 73 distingo dos temas: uno fue el quiebre de la democracia antes del 11 de setiembre. El otro fue el gobierno militar o la dictadura. Me parece injusto pensar que las fuerzas armadas quebraron la democracia el 11 de setiembre. En el primer momento no fueron solamente las fuerzas armadas las que incidieron en la quiebra del orden constitucional. Creo que un análisis más sereno nos muestra que fue la sociedad completa.

Pero distingo un segundo juicio sobre lo que fue el gobierno militar o la dictadura.

¿Le gustaría al ejército volver a gobernar el país?

—No hay, en el pensamiento de ningún militar, ocupar un puesto político. No es el rol de los militares estar en el gobierno. Eso es no conocer a los militares. Somos institucionalistas, creemos en la democracia.

En el contexto latinoamericano, las fuerzas armadas en Chile son más institucionalizadas de lo que se piensa. Ver solo el papel que desempeñaron al final del siglo XX distorsiona la visión. Históricamente las fuerzas armadas chilenas tienen un sentido muy republicano.

¿Cómo ve usted la relación entre civiles y militares?

—Tenemos una paradoja. El tema más importante sobre las relaciones con los militares es que los sectores políticos no saben qué hacer con ellos. La naturaleza de las fuerzas armadas del siglo XXI es algo que está por definir. ¿Para qué queremos el ejército? Su contribución no es solo en la guerra, es también en los desastres naturales, en las operaciones de paz.

Los partidos políticos han tenido una elemento común: el desconocimiento y desatención a los temas de la seguridad nacional.

En Chile la nueva ley de presupuesto de las fuerzas armadas la va a definir el Congreso. Pero uno se preguntaría: ¿quiénes van a asesorar a los congresistas para definir eso? Los partidos carecen de asesores técnicos que conozcan el tema de la defensa. Han estado más interesados en la crisis de los años 70.

Veo con cierto escepticismo que los políticos hayan entendido la necesidad de estudiar el tema de la defensa. Los militares han ocupado el rol de definir la política de defensa y eso es algo que no les corresponde. Sin embargo, han tenido que asumirlo porque los partidos no lo hacen.

Muchas veces se lo simplifica, pero es un tema que debe estar en manos calificadas: estudiar las fuerzas armadas, ver cómo deben interactuar civiles y militares. También el mundo académico debe de presentar estudios sobre esto.


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