Feminismo democrático

Quiero iniciar aclarando que no pretendo dar respuestas definitivas, es más, ni siquiera pretendo dar respuestas.

Quiero iniciar aclarando que no pretendo dar respuestas definitivas, es más, ni siquiera pretendo dar respuestas. Es un ejercicio de heurística. El presupuesto básico del que parto es la democracia, pero no democracia restringida a forma de gobierno, sino democracia como una forma de vivir, como una forma de compartir y generar conocimiento, como una forma de entablar debates.

El feminismo es un proceso de todos los días; hay días que echamos para atrás, nos contradecimos, lastimamos a otros y a nosotras, juzgamos a los demás y nos juzgamos a nosotras mismas. Y todo eso está bien, porque es un proceso de todos los días, porque somos falibles. Nadie es el producto final de sí mismo.

¿Cuándo una mujer se denomina feminista está exenta de crítica? No, porque el feminismo debe ser democrático. No creo que las palabras funcionen como magia, no creo que las denominaciones nos inmunicen. Las feministas debemos ser coherentes porque se lo debemos al feminismo mismo, se lo debemos a las demás mujeres, nos lo debemos a nosotras mismas. Si bien el feminismo no es algo cuantitativo y es absurdo considerarse más feminista que la otra, reitero que el feminismo requiere coherencia. Se es o no se es feminista, no hay intermedios.

El feminismo es incompatible con el racismo, con el clasismo, con la xenofobia, con la homofobia; es incompatible con el odio. Si alguna se declara feminista, pero está en contra de las negras, de las migrantes, de las indígenas, de las pobres, de las lesbianas, no es feminista, porque el feminismo requiere coherencia.

La coherencia no significa perfección, no significa que no podemos equivocarnos, significa que nuestras acciones y pensamientos deben estar encaminadas al cumplimiento de los principios rectores del feminismo. Significa saber reconocer un error, significa rectificar.

No abogo porque pongamos barreras entre nosotras; el feminismo no pide uniformidad de pensamiento, precisamente porque debe ser democrático. El feminismo nos acepta creyentes, ateas, socialistas y liberales, lo que no puede aceptar es que seamos incoherentes, que dejemos a otras mujeres atrás, que no seamos capaces de reconocer y recapacitar sobre nuestros privilegios.

No tengo respuesta a la pregunta de si los hombres pueden o no denominarse feministas, sobre todo creo que, no es una pregunta importante. Considero que es más importante integrar el feminismo a nuestras vidas: cuestionar nuestros comportamientos, cuestionar nuestra educación, reconocer que hemos sido sometidos a falsas dicotomías, comprometerse a realizar acciones correctivas, comprometerse a aprender. La etiqueta es secundaria.

Comprendo que denominarse feminista es importante. Sé que lo simbólico importa, que le quitamos el tabú a la palabra, que motivamos a otras, pero también sé que denominarse feminista no es suficiente.


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