Una vigía contra tsunamis

Silvia Chacón, física graduada de la UCR, fundó el Sistema Nacional de Monitoreo de Tsunamis (Sinamot) con el propósito de alertar y preparar al país ante un fenómeno como este.

El 26 de diciembre del 2004 un masivo terremoto submarino de magnitud 9,4 en el Océano Índico sacudió al mundo. Con olas que llegaron a medir hasta 30 metros de altura, este fenómeno inundó varias zonas costeras en menos de 15 minutos, afectó a 14 países y dejó la terrible cifra de 230.000 muertos, siendo así el tsunami más devastador de la historia.

A pesar de que algunos lugares tuvieron horas para prepararse ante la llegada del impacto de las grandes olas (duró siete horas más después del sismo inicial), la falta de un sistema de alerta de tsunamis en el Océano Índico provocó que muchas zonas costeras altamente pobladas fueran tomadas por sorpresa.

Que Costa Rica no sea tomada por sorpresa por un fenómeno de este tipo es justo lo que pensó Silvia Chacón, física graduada de la Universidad de Costa Rica (UCR), cuando fundó el Sistema Nacional de Monitoreo de Tsunamis (Sinamot) en el 2015, con apoyo de su alma máter y de la Universidad Nacional (UNA), donde también se desempeña como investigadora.

UNIVERSIDAD conversó con Chacón para conocer más acerca de este sistema y cómo se está preparando el país ante la eventualidad de que un tsunami llegue a nuestras costas.

Chacón realizó también un proyecto de mapas en conjunto con la UNA y la CNE para preparar a las comunidades costeras en materia de evacuación del lugar ante la llegada de un fenómeno como este.

¿De dónde surgió la idea de fundar Sinamot?

–Yo estudié en México una Maestría en Oceanografía Física y en Alemania un Doctorado en Ciencias Costeras, y me especialicé en tsunamis. Cuando yo regresé al país, después de la maestría y antes del doctorado, inicié la colaboración con la Comisión Nacional de Emergencias (CNE) para brindarles asesoría en el tema de alerta de tsunamis, porque no tenían un experto ni era algo que se estuviera trabajando. Pero era algo muy informal, no había protocolos ni procedimientos ni convenios firmados.

Cuando yo regreso del doctorado, después de una capacitación que recibí en México y durante la cual se dio un tsunami en Chile, me trataban de llamar y obviamente yo estaba fuera del país y no respondía. Fue entonces que nos dimos cuenta junto con otros compañeros oceanógrafos que había que hacer algo, porque no podía recaer todo en una sola persona.

Con base en esa capacitación, lo que hice fue redactar procedimientos de alerta, de operación nuestros internos, y, en conjunto con la CNE, los capacité a ellos y fundamos Sinamot. Como somos pocos oceanográfos, al menos físicos del país, entonces se planteó en conjunto con la UCR-UNA, porque eso nos permitía tener más apoyo.

¿Por qué más apoyo?

–Por ejemplo, en Heredia siempre hay mucha rayería. Entonces, si ha caído un rayo y se va la luz y estamos en la UNA sin luz, tenemos un respaldo en la UCR. Sería mucha mala suerte que la UCR también estuviera sin luz (ríe). Eso nos permite una mayor confianza.

¿Qué es lo que hace el Sinamot exactamente? ¿Cómo funciona?

–Nosotros nos activamos cuando se recibe un boletín del Centro de Alerta de Tsunamis del Pacífico, que está localizado en Hawái y que sirve también al Caribe, o cuando sucede un sismo costero en Costa Rica. Tenemos ciertos protocolos establecidos y herramientas de apoyo de tomas de decisiones de alerta. Realizamos un análisis para ver si se podría generar un tsunami que afecte a Costa Rica y preparamos un reporte para la CNE. Eso lo hacemos a cualquier hora, porque los sismos suceden a cualquier hora, ya sea madrugada, fines de semana, feriados; en cualquier momento.

Eso es lo que nosotros hacemos. Suena como algo muy ocasional y muy poco, pero para actuar en esos momentos con la rapidez que se requiere nosotros necesitamos estar bien ejercitados en los procedimientos, sobretodo porque, cuando hay una emergencia así, el golpe de adrenalina puede paralizarlo a uno, entonces, si no se está entrenado ni ha realizado simulacros y no tiene ni idea de qué hay que hacer, el tiempo de respuesta es mayor. Nosotros estamos siempre revisando protocolos, hacemos ejercicios internos, colaboramos con la CNE en la organización de ejercicios nacionales…

¿Cuántas personas colaboran en el Sinamot?

–En este momento en la UNA con tiempo nombrado somos tres: Fabio Rivera, Anthony Murillo y yo; y una persona ad honorem, Alejandro Gutiérrez. En la UCR es el director de Imares, Georges Govaere; Henry Alfaro y Manuel Corrales.

¿Qué sucede en el caso de que la alerta de tsunami sea real, de que sí haya peligrosidad?

–Bueno, nosotros emitimos este reporte a la CNE lo más rápido posible, vía correo o teléfono; inclusive, yo ando cargando un walkie-talkie de la CNE para poder asegurarme que me puedo comunicar con ellos. Nosotros les decimos las recomendaciones y por ley ellos son los que deciden qué hacer, pero en general acatan nuestras recomendaciones porque somos el ente técnico científico.

Ahí lo que procede es la activación del Sistema Nacional de Gestión del Riesgo, donde está estipulado que la CNE pasa el detalle de la amenaza y las recomendaciones a los comités municipales que son los que toman las decisiones para cada cantón.

¿Cuánto tiempo dura un tsunami en llegar a la costa?

–Depende. Si fuera ocasionado frente a la Península de Nicoya, va a llegar a las costas de esta península en menos de 20 minutos y al Pacífico Central en alrededor de 40 minutos. Si fuera originado en Colombia o México, puede tomar entre dos y tres horas. Si fuera originado en Nueva Zelanda, por ejemplo, de 14 a 15 horas.

Si fuera originado en Nueva Zelanda, ¿aún así ustedes pueden determinar si el tsunami va a llegar con peligrosidad a las costas del país?

–Sí exacto, porque, aún con esa distancia, siendo suficientemente grande (el tsunami) podría de todas formas afectar.

¿Ha pasado alguna vez en el país un tsunami de grandes magnitudes?

–Sí claro, pero todos los registros son antiguos. Por ejemplo, hay un registro de 1906 que señala que se inundó Playa Potrero a lo largo de dos kilómetros. Hay otro registro de 1950 por el terremoto de Nicoya de ese año. En esa época, en la península de Nicoya el transporte era casi todo por mar, entonces había una lancha que pasaba de playa en playa recogiendo a la gente. Justamente el tsunami fue a la hora que la gente estaba esperando la lancha, entonces mucha gente lo vio y lo reportó, y provocó olas con alturas de dos a cuatro metros. Después en 1992 hubo un tsunami en Nicaragua que tuvo altura de varios metros en toda la zona del norte de Costa Rica. Y en 1991, el terremoto de Limón causó un tsunami que mató dos personas en Boca Matina y que tuvo altura de varios metros, desde Puerto Vargas hasta Panamá.

¿Qué altura puede alcanzar un tsunami?

–Eso depende del lugar, porque depende del potencial sísmico del lugar y cómo esté localizado geográficamente; es decir, si le pueden llegar tsunamis de otras partes del mundo. Por ejemplo, en Costa Rica, que no tenemos capacidad de tener un sismo 9, los tsunamis locales van a ser más pequeños que en Chile, Japón o Indonesia. Pero también depende de las características particulares de cada playa; no es lo mismo Sámara que Jacó, porque una es una playa más abierta y otra más cerrada. Eso es parte de los estudios que nosotros hacemos. En Costa Rica pensamos que un tsunami local no podría ser de más de cinco metros y, de algo que venga de lejos, creemos que no debería de ser más de 15 metros.

A Sinamot le sirve el trabajo de mapas que estamos realizando porque manejamos qué podríamos esperar en las comunidades.

¿De qué trata este proyecto de los mapas?

–Este proyecto inició en el 2015 como parte de un convenio con la CNE y el objetivo es hacer mapas de evacuación por tsunamis para comunidades del Pacífico Norte y Central. Se escogieron 28 comunidades, basados en un índice de riesgo que nosotros elaboramos y esa primera etapa termina en diciembre. La segunda etapa, que cubriría Pacífico Sur y Caribe, inicia en Enero, igual con una duración de tres años.

El proyecto es del departamento de Física de la UNA y la Universidad pone el personal y la CNE los recursos económicos. Estamos coordinando con comités cantonales de emergencias, municipalidades y otras entidades para la planificación, y los mapas los va a imprimir la Comisión, como desplegables.

¿Cómo determinan qué comunidades están en riesgo?

–Nosotros hicimos un índice de riesgo que se compone de amenaza y vulnerabilidad. La amenaza es la parte física, es decir, qué tan fuerte es el huracán o qué tan alto es el tsunami. La de vulnerabilidad tiene que ver con qué tan poblado está el lugar, cuántos turistas hay o si tenemos el hospital frente al mar como el Monseñor Sanabria, por ejemplo. Nosotros hicimos simulaciones por computadora –alrededor de 50 tsunamis por todo el Pacífico–, donde vimos las alturas en aguas profundas frente las costas de Costa Rica. No podíamos hacer la simulación hasta la costa y que inundara, porque no teníamos datos de profundidad del mar cerca de la costa.

Entonces los traíamos (los tsunamis) hasta donde teníamos los datos y ahí veíamos las alturas y lugares donde eran mayores las alturas, porque esta depende de la profundidad y de las características del fondo marino (rocas, cañones, pendientes). Eso nos daba una idea de cuáles comunidades podían tener mayor amenaza, y esto lo cotejamos con la parte de vulnerabilidad, porque, por ejemplo, puede ser una playa donde el tsunami tenga mucha altura, pero sea de un parque nacional donde no hay acceso, entonces no tiene sentido.

También vemos qué tan complicada es la red vial, y con eso hicimos un índice de vulnerabilidad; y, combinados, sacamos el índice de riesgo.

¿Para qué sirven estos mapas entonces?

–Los mapas muestran el área que se inundaría o el área que nosotros consideramos que sería el peor escenario posible de tsunami. Entonces, está el área que se inundaría y hay que desocupar. En la red vial están señaladas con flechas las rutas más eficientes de acuerdo al lugar en el que uno esté. Además, están señalados los puntos de reunión, porque es preferible que la gente busque estos puntos dado que la atención de emergencias se va a dar ahí, y el resto de elementos de un mapa; por ejemplo, los puntos de referencia como iglesia, escuelas, hoteles.

El mapa es una herramienta tanto para locales como para turistas, en el sentido de saber para dónde hay que agarrar en el caso de una alerta de tsunami o de que haya un sismo muy fuerte estando en la costa, pero no debe ser la única herramienta. Se supone que las comunidades deben coordinarse con base en el mapa, hacer un plan de evacuación por tsunamis, porque, por ejemplo, si se da una alerta a las 11:00 p.m. y se dice que el tsunami va a llegar a las 2:00 a.m., la comunidad debe saber, primero, cómo se van a enterar de esto y, segundo, cómo decirle a la gente, porque no les va a dar tiempo de ir puerta por puerta.

El mapa es un primer paso en la preparación de la comunidad.

¿Cuál es la importancia del Sinamot y de trabajar en esto?

–La importancia es lograr que nuestras costas estén mejor preparadas antes tsunamis y no solo las personas que viven ahí, porque los ticos vamos a la playa todo el tiempo y un tsunami puede suceder en cualquier momento. Nuestras playas están creciendo en población y en turismo, y necesitamos estar mejor preparados para evitar una desgracia.

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