Una ‘travesía por la Isla del Coco’ nunca estuvo tan cerca

Una maqueta 3D y material audiovisual son parte de la exposición “Travesía por la Isla del Coco”, organizada por la UCR en el Museo Nacional.

La Isla del Coco es uno de los principales tesoros naturales de Costa Rica y el resto del Mundo; sin embargo, acercar ese pequeño espacio lleno de biodiversidad a la población es uno de los retos más complicados que ha tenido la ciencia tica a través de su historia.

No obstante, esta fue la apuesta de la Universidad de Costa Rica (UCR) y del Museo Nacional de Costa Rica este año, cuando decidieron unir esfuerzos para acercar esa pequeña isla llena de vida al conocimiento de tantas personas como sea posible.

La Isla, con su exponencial cantidad de especies de flora y fauna (incluidas las 15 endémicas de la zona), se ubica a 532 kilómetros de la costa, un punto de tan difícil acceso que  motivó a científicos y museólogos a traer “un pedacito” a la capital.

Así nació la exposición “Travesía por la Isla del Coco”, un trabajo conjunto del Centro de Investigación en Ciencias del Mar y Limnología (CIMAR) y el Museo +UCR, lleno de información, fotografías y materiales audiovisuales y que, de aquí al 19 de agosto próximo, estará en el Museo Nacional.

La idea principal fue del biólogo marino del CIMAR, Jorge Cortés, quien definió su propuesta como una inquietud que tenía desde hace ya “varios años”, en los que “había estado con la idea de hacer un trabajo para mostrar los resultados de las investigaciones que ha hecho la institución”.

“Queríamos mostrar lo maravilloso, mágico y espectacular que es la Isla del Coco como un laboratorio viviente, pero también todo el fundamento científico y todo ese conocimiento recolectado por especialistas”, señaló.

“Mi sueño con esto era que la gente salga con la sensación de lo maravillosa que es la isla y la importancia de que se haga investigación científica para poder conocer todo esto”, agregó.

Por su parte, la coordinadora del Museo +UCR, Eugenia Zavaleta, añadió que su satisfacción por la propuesta, en la que se intentó hacer el trabajo de las investigaciones disponibles “un poco más accesible”.

“Jorge Cortés se nos acercó, nos buscó y tenía este gran proyecto, nos pidió ayuda y nosotros encantados. Él venía con una idea de que la gente se acercara a la Isla, que la conociera y que se apropiara, ese fue el propósito”.

“Muchos de nosotros posiblemente no lleguemos a ir a la Isla del Coco, pero con esto queríamos hacer que pudiéramos sentirla más nuestra y apreciar eso que hay allí”, puntualizó.

También, el museo universitario contribuyó con todo el campo museográfico, con el que se intentó transportar esos 24 km2  a una sala completa del Museo Nacional.

La idea es que la exposición esté en San José hasta mediados de 2018, año en que se cumplirá el cuadragésimo aniversario de su establecimiento como parque nacional y el vigésimo como Patrimonio Natural de la Humanidad.

La exposición

Sobre el montaje específico de la exposición, el curador del Museo, Eduardo Fiath, comentó a UNIVERSIDAD cómo se buscó conjugar una maqueta, información y material audiovisual como parte de una experiencia conjunta.

Al respecto, comentó que “el reto de crear una exhibición es siempre cómo tomar los temas científicos o abstractos y transmitirlo a un público general”, algo que se intentó solucionar apelando a “las emociones”.

“En realidad, lo que hace que un visitante recuerde una exposición es la emoción que le causa. Más que la información, la gente recuerda aquello que le marcó, aquello que le llamó en el momento”, señaló Fiath.

En esta línea, comentó que entonces la apuesta fue “generar ese aspecto afectivo con la isla, conocida por todos y que siempre ha estado ahí como un objeto mítico costarricense”. “La idea fue tratar de hacer un viaje con el visitante”, concluyó.

El viaje, precisamente, está compuesto por una maqueta, información científica y fotografías profesionales del libro Isla del Coco publicado por Ojalá Ediciones; así como por una serie de experiencias audiovisuales entre las que destacan una maqueta de 6m2 (geométricamente correcta) y una pantalla de 8×3 metros en la que se proyectan vídeos de alta calidad.

“Para la maqueta, se parte de las curvas del nivel de levantamiento de la isla con las que se hizo el modelo 3D por corte digital en los laboratorios de la Veritas. Sobre eso, se proyecta un vídeo-mapping, una técnica reciente en el país”, apuntó el curador.

“Con los vídeos, es un viaje a la isla. Podés ver el externo de la isla, las cataratas y luego te sumergís y podés ver todo lo que sucede”, subrayó.

Para Faith, esto crea una esfera emotiva y envolvente en el visitante, lo que permite “dar sentido a ese lazo afectivo con la Isla, que normalmente no sabemos por qué lo tenemos”. “Finalmente, incluso podés tocar un poquito de la arena de la isla”, apuntó.

Isla singular

Según Jorge Cortés, los 24 km2 y su territorio marino son un espacio único en América Latina y el Mundo, donde “más llueve en todo el Pacífico de América” y existe “una cantidad de especies endémicas muy alto”.

“La cantidad de especies que hemos registrado en la isla son más de 1.800 y eso ni siquiera ha sido posible en Galápagos, que es mucho más grande”, señaló el biólogo. “Es probable que sea por falta de estudios, pero la densidad es muy alta”.

Entre ellos, aseguró que se encuentran “animales grandes”, los cuales tienden a desaparecer primero en condiciones ambientales menos favorables.

“Por eso viene gente y científicos de mucho el mundo (…) podemos ver cómo eran los ecosistemas marinos cuando no había pesca masiva”, agregó el investigador.

Finalmente, Cortés reiteró la importancia de acercar este tesoro a la población tica, de manera que siga comprendiendo y apreciando su importancia, a pesar de estar tan lejos -físicamente- de ella.

“Es una isla que está muy lejana, a más de 500 kilómetros de la costa (…) La idea era eso, traer la isla, primero en San José y luego en el resto del país”, concluyó el investigador.

La isla ha sido estudiada por científicos de las más distintas ramas científicas y sociales, y es parte de la Cordillera Volcánica del Coco: la más grande de Centroamérica con hasta 3.500 metros de profundidad.


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