Universitarias Proyecto 21.388

UCR recomienda no aprobar proyecto de ley de cannabis y cáñamo

Autoridades de la Escuela de Medicina, Escuela de Biología y el Instituto de Investigaciones Farmacéuticas (Inifar) señalaron peligros e inconsistencias en el proyecto.

A partir de distintos criterios emitidos por especialistas del Instituto de Investigaciones Farmacéuticas (Inifar) y las Escuelas de Medicina y Farmacia, la Universidad de Costa Rica (UCR) tomó la decisión de recomendar a la Asamblea Legislativa la no aprobación del proyecto de Ley del cannabis para uso medicinal y terapéutico y del cáñamo para uso alimentario e industrial (21.388).

Los cuestionamientos de los expertos, apegados en mayor medida en lo que respecta a la utilización del cannabis, giran en torno a la indebida diferenciación entre productos de “uso terapéutico” y “uso medicinal”, los pocos usos clínicos comprobados que posee la planta, riesgos para la salud, el autoconsumo, entre otros.

UNIVERSIDAD entrevistó a los especialistas de las instancias mencionadas, quienes explicaron con mayor profundidad los señalamientos que presentaron en los diferentes criterios.

Peligros para la salud pública

En el criterio de la Escuela de Medicina se advierte seriamente sobre la definición que hace el proyecto de “uso terapéutico”, donde se indica que este se da cuando el producto se destina a tratar algunas condiciones que “no requieren supervisión o autorización médica”.

“Esto entra en contradicción con los principios y políticas de atención a la salud, expone a una situación de riesgo individual (que puede ser grave) y adolece de una evidente, razonable y clara contextualización: ¿cuáles son las enfermedades que no requieren control médico?”, dice el documento de los médicos.

Al respecto, la especialista en farmacología clínica y catedrática de la Escuela de Medicina de la UCR, Desirée Saénz Campos, explicó que la apertura de ese espacio genera un riesgo ya que el cannabis “es de un uso delicado, sobre todo por los efectos sobre el sistema nervioso central y por su riesgo de generar adicciones y tal a la población”.

“Es de un uso delicado (el cannabis), sobre todo por los efectos sobre el sistema nervioso central y por su riesgo de generar adicciones”, Desirée Sáenz-Campos, catedrática de Medicina.

También, el farmacéutico Marvin Gómez, quien apoyó al Inifar en la redacción de su criterio, coincide en que es pertinente diferenciar entre uso “médico” y “terapéutico”:

“Terapéutico, medicinal, médico; es bajo prescripción de un profesional en medicina y dispensado por un farmacéutico en una farmacia porque si se llegara a dar que hay algún medicamento, sea importado o que se pudiera fabricar en el país, probablemente va a tener que entrar en la categoría de o psicotrópico o estupefaciente, porque son sustancias que tienen acción en el sistema nervioso central”.

Gómez, docente de la Facultad de Farmacia, señala otra circunstancia a la que se debe poner atención: el autoconsumo.

“El asunto es que deja esa posibilidad de que la gente en el autocultivo para uso personal con fines medicinales vaya a hacer empleo inadecuado, porque una de las cosas difíciles es, por ejemplo, cómo dosificar, cómo saber con precisión cuánto se va a consumir”, dijo el académico.

Otro problema puntualizado por el especialista en farmacia es que no se especifique la vía de administración, pues los riesgos varían entre cada una de las formas de consumo. Citó de ejemplo que la vía inhalatoria es “una buena vía”, pero debe hacerse a través de la vaporización y no del fumado, ya que este último se asocia con problemas graves, sea cual sea la cosa que se fume.

“Ya sea culantro u orégano, cualquier cosa de origen vegetal va a tener productos de combustión que son muy peligrosos, que son muy tóxicos”, sentenció Gómez.

Es por eso que para la Facultad de Medicina es “impensable” la autorización para “la industrialización directa por parte de la misma persona productora para la elaboración y comercialización de productos de uso médico o de uso terapéutico”.

La médica Sáenz Campos explica además que “el procesamiento de plantas medicinales no es anárquico; también tiene una serie de procedimientos, una serie de controles”. Es por eso que la docente de Medicina resalta que aquí “no estamos hablando de un tecito”.

El farmacéutico Gómez añadió “si se va a usar con fines medicinales tiene que hacerse de acuerdo a los estándares de manufactura, de seguridad, de calidad, también de evidencia científica, es decir, con estudios clínicos controlados y pasar todas las etapas que pasan los medicamentos”.

Entre tanto Daniel Briceño, docente de la Escuela de Biología, manifestó que “faltan estudios mucho más detallados, estudios clínicos para ver el efecto que puede tener el cannabis y los cannabinoides sobre la salud a corto y mediano plazo”.

Briceño comentó que no se conocen muchos de los efectos que puede tener a nivel de salud los diferentes usos y derivados, ya que el cannabis tiene una gran cantidad de moléculas diferentes:

“Usted puede recetar algo para un determinado padecimiento de la persona, pero usted no sabe si otros derivados cannabinoides pueden tener otros efectos inesperados”, afirmó el biólogo.

Pocos usos clínicos

Los especialistas señalan que los usos que tiene el cannabis para fines medicinales son muy limitados, por lo cual esa no puede ser una justificación para intentar aprobar el proyecto:

“No es que sirva para todo, no es que haya un montón de aplicaciones […]Todos los usos que a la gente se le quiera ocurrir, no, eso no existe. Hablando científicamente, no hay un montón de usos como para decir: es que se usa para tantas cosas que por eso es tan importante tener acceso masivo a esto”, manifestó la doctora Sáenz Campos.

Según Gómez, los usos del cannabis se limitan prácticamente al tratamiento del dolor para personas que utilizan medicación anticáncer, para náuseas y vómitos que generan esos mismos medicamentos, para dolor espástico y para problemas epilépticos.

“No es así como la gran panacea, el gran beneficio que ellos creen que el cannabis medicinal va a servir para un montón de cosas”, añadió el docente.

El académico también agregó que, si bien no son muchos los beneficios, tampoco “hay que ponerse más papista que el Papa a cerrarse a la posibilidad del uso del cannabis, siempre y cuando se haga con estudios”.

Ante ello Briceño pone el énfasis en la importancia de realizar estos estudios: “Hay que tener evidencia suficiente como para decir que tiene un efecto sobre la salud a corto y mediano plazo. No hay que dejarlo tampoco a la libre, esto tiene que ser bajo la supervisión de un médico y cuando ya no hay opción en el tratamiento de ciertas enfermedades. No se puede dejar que cada quien se lo autorecete”.

Falta de asesoría de calidad

Otro problema que se señala en el criterio de la Escuela de Biología es que “el proyecto carece de un estado de la cuestión en cuanto a las plantas como tales y su uso como medicamento”.

Para Briceño, uno de los errores más graves es que en un mismo proyecto se mezcle el uso del cannabis con fines medicinales con el tema industrial de la producción de cáñamo:

“Deberían separarse esos dos temas. En este proyecto falta el asesoramiento profesional. Es algo delicado”, dijo el académico.

En esto coincidió Gómez, quien aseveró que hay muchas faltas: “Viéndolo desde la parte farmacéutica o médica me da la impresión de que, o no tienen asesores profesionales en esa área o los asesores no son muy buenos, porque mezclan cosas”.

Por su parte, Saénz Campos coincidió en que la propuesta carece de un buen asesoramiento: “Hay una gran debilidad en este proyecto, entonces es amenazante”.

También se solicitó un criterio a la Facultad de Ciencias Agroalimentarias, a lo que el decano Luis Felipe Arauz respondió: «Comunico mi criterio favorable al proyecto antes indicado, sin observaciones al mismo».

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