Investigadora de sismología anticipó probabilidad de sismo en 2012

Terremoto de Jacó confirmaría existencia de monte submarino desconocido

Investigación de Ivonne Arroyo señaló anomalía de bajas velocidades sísmicas que podía generar terremoto superior a los 6 grados Mw (magnitud momento).

Hace cinco años la científica Ivonne Arroyo planteó, en una publicación, la existencia de un monte submarino en el Pacífico Central –desconocido hasta ahora-  y la posibilidad de que este macizo pudiera desencadenar un fuerte temblor.

Arroyo, investigadora de la Red Sismológica Nacional, planteó en esa investigación la probabilidad de que un sismo de magnitud 6,9 pudiera azotar la zona, pues su hipótesis se basa en la posible relación entre el área del monte submarino y la magnitud de un eventual sismo.

Precisamente, el sismo del pasado domingo tuvo su epicentro en la zona estudiada por Arroyo y su magnitud fue de 6,3 Mw (magnitud momento), según la Red Sismológica Nacional (RSN).

Yo  calculé que si toda esa área se movía iba a ocurrir un sismo de 6,9 Mw, pero que, probablemente por otros procesos, no se iba a romper todo, entonces que la magnitud iba a ser menor. Dije que tenía ese potencial pero que no creía que fuera a suceder efectivamente de esa magnitud”, detalló Arroyo.

La investigación fue publicada desde el 2013 y se titula “La zona sismogénica en el margen del Pacífico Central de Costa Rica: Hipocentros de alta calidad de una red anfibia”. Se trató de un trabajo realizado en colaboración con el Instituto Geomar, de la Universidad de Kiel (Alemania), y otros coinvestigadores de la Red Sismológica Nacional (RSN), en medio de un amplio proyecto de investigación de la zona de subducción.

Uno de los principales objetivos fue profundizar y explorar la zona sismogénica entre las dos placas, donde se encuentran los montes submarinos.

Monte Submarino

Los montes submarinos son montañas que se encuentran bajo el nivel del mar. Arroyo los describe como si se tratara de la Cordillera Volcánica Central pero a profundidad.

Agregó que esos montes submarinos funcionan como asperezas, que al romperse generan sismos. La investigación consistió en escanear un área que no se había analizado de esa manera previamente, con el fin de lograr una imagen detallada.

Lo que llamó la atención de la investigadora, fue la detección a través de una técnica denominada  tomografía sísimica de una “anomalía”, cercana a la zona donde precisamente ocurrió el temblor el pasado 12 de noviembre.

Esta “anomalía” es una zona de bajas velocidades sísmicas, que la investigadora interpretó como un monte submarino presente entre las dos placas.

Lepolt Linkimer, coordinador de la RSN, explicó que la tomografía sísmica es una técnica similar a la que se aplica a las personas cuando se someten a un análisis de tomografía axial computadorizada (TAC).

Arroyo planteó la posibilidad de que esa anomalía pudiera ser ocasionada por la presencia de un monte submarino, debido a la similitud de sus características con las de otros montes submarinos alrededor, previamente identificados.

Arroyo planteó la hipótesis de que si se lograba determinar que en el lugar efectivamente existía un monte submarino, el área que este abarca podría llegar a determinar  la magnitud de un eventual sismo que podría desencadenarse tras la ruptura de las placas, tal y como aconteció.

En este caso, la dificultad para confirmar la existencia del monte submarino radica en que la “anomalía” está entre las placas a unos 20 kilómetros de profundidad.

Según la investigadora, la relación que existe entre los montes submarinos y  los sismos es bastante aceptada entre la comunidad científica; sin embargo, aún no se determina con claridad la relación entre el área que ocupa un monte y la magnitud del sismo que puede provocar.

Detalló que fue en la década de los años 90 que algunos científicos empezaron a observar esa posible correlación. Muchos de los descubrimientos se dieron gracias al trabajo que realizaron barcos de investigación, especialmente provenientes de Alemania.

En el fondo del mar

Aseveró entonces que el sismo de Jacó “agrega una pieza más en el rompecabezas”, para determinar la probable existencia de un monte submarino “relativamente grande”.

El proyecto investigativo que encabezó la costarricense fue planteado a partir de su tesis de doctorado y se realizó en el marco de una serie de investigaciones que, en ese entonces, realizaba el Instituto Geomar, de la Universidad de Kiel (Alemania).

En su proyecto de tesis, la especialista  planteó un modelo tomográfico tridimensional de velocidades sísmicas y a partir del estudio de esas velocidades interpretó la estructura de esta zona.

Esto se logra con estaciones sismológicas de fondo marino, que son instrumentos adaptados para que soporten la presión del agua a grandes profundidades. Los sismómetros fueron sumergidos durante seis meses.

“Gracias a este modelo, vimos que en Parrita y Esterillos había un monte submarino muy grande. Nosotros interpretamos lo que se ve ahí, en ese momento creíamos que podía ser como un monte submarino subducido entre las dos placas”, contó Arroyo.

El término subducido hace referencia a una placa tectónica que se hunde bajo otra. En este caso la placa del Coco se subduce bajo la placa Caribe.

Terremoto

Linkimer detalló que el sismo de 6,3 Mw, que sacudió la noche de este domingo al Pacífico Central y se sintió a lo largo de todo el territorio costarricense, se originó en la zona denominada sismogénica, que es donde ocurren los terremotos más grandes en Costa Rica y de hecho de todo el planeta.

El sismólogo destacó como lo más relevante el hecho de que esta es la primera vez que se  presenta un terremoto de una magnitud mayor a 6 grados en la historia de la Red Sismológica Nacional, en la zona de Jacó.

“Han ocurrido otros terremotos en la zona más al norte, como el de Cóbano -que fue de magnitud 7,0 Mw (magnitud momento)- pero teníamos un vacío de sismos importantes en la zona de Jacó, lo cual nos había llamado la atención”, añadió.

Linkimer explicó también que de acuerdo con varias investigaciones, la zona del Pacífico es de mucha rugosidad, y acotó que para algunos investigadores esa característica  implica que  no se pueden generar terremotos de magnitudes muy grandes.

“Esta es una hipótesis que se maneja para el Pacífico Central, lo cual sería ventajoso, porque en primer lugar no tenemos registros históricos de grandes terremotos aquí, me refiero mayores a 7 grados”, subrayó.

Al respecto, enfatizó que, además, se trata de una zona cercana a San José y a la Gran Área Metropolitana, pues se encuentra a unos 60 kilómetros. “Si aquí ocurre un sismo de magnitud 7, los efectos podrían ser muy importantes. La historia sismológica sugiere que aquí no ocurren sismos grandes, no obstante hay que hacer la salvedad de que no se puede negar de todo la posibilidad. La naturaleza nos hace ver que las cosas no son a veces como un piensa”.


Remezón en Jacó

Tras el sismo del domingo 12 de noviembre, la Red Sismológica Nacional (RSN) contabilizó 147 réplicas de magnitudes cercanas o superiores a los 4 grados.

El epicentro inicial se situó a 18 kilómetros de profundidad a 22,4 kilómetros al sureste de la costa, en Jacó, Puntarenas, según el Ovsicori-UNA. El Sistema Nacional de Monitoreo de Tsunamis de la Universidad Nacional (Sinamot-UNA) descartó cualquier afectación por oleaje inusual o tsunamis.

En cuanto a daños en instalaciones e infraestructuras, la Comisión Nacional de Emergencias (CNE) confirmó que se registraron daños pequeños, con excepción de algunas comunidades en las que se interrumpió el fluido eléctrico o se registraron inconvenientes menores, como caída de objetos y de repellos de paredes.

Las autoridades confirmaron la muerte de tres personas, todas a causa de infartos. Dos en la zona de mayor impacto en la costa y una en Coronado, cantón josefino.


 

 

 

 

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