Parasitosis: el mal silencioso que aqueja a comunidades rurales a lo largo del país

Trabajos realizados con niños de las zonas indígenas de Chirripó y San Vito muestran tasas de prevalencia de parásitos de hasta un 80%.

Prevenir y combatir la parasitosis a través de la educación para bajar las tasas de prevalencia de parásitos en las poblaciones estudiadas, este es el principal objetivo del Trabajo Comunal Universitario (TCU) Prevención de parasitosis en comunidades vulnerables, que lleva adelante la Facultad de Microbiología de la Universidad de Costa Rica.

El proyecto es coordinado por el microbiólogo Javier Mora Rodríguez junto al médico y biólogo Alberto Solano Barquero. A ellos se suma también la colaboración del técnico Cristian Fonseca.

Tanto Mora como Solano conversaron con UNIVERSIDAD sobre el impacto que tiene este proyecto en las comunidades con las que trabajan, distribuidas en distintas zonas del país.

Algunas de estas son los distritos de San Vito y Sabalito, en la provincia de Puntarenas, y Sixaola, en la zona de Limón.

 

Las parasitosis son relaciones patológicas entre un parásito y su hospedador. Este proyecto se centra en el estudio de las parasitosis intestinales.

“La prevención de parásitos en estos lugares se enfoca en información sobre medidas de higiene, sobre qué son los parásitos y cómo afectan a la salud, además de la forma en se pueden transmitir y prevenir”, afirmó Mora.

Esto se consigue a través de las charlas que se realizan en cada una de las comunidades con las que se trabaja.

En cuanto a los efectos nocivos para la salud que provoca la parasitosis, Solano señaló lo peligrosos que pueden ser los parásitos en el desarrollo de las personas, especialmente en los niños.

“Estamos hablando de niños que están en la escuela, que están desarrollando todavía su cerebro. El tener intensidades de parasitosis altas va a influir negativamente en la adquisición de nutrientes y de un desarrollo físico y cognitivo normal”, mencionó.

También hablaron sobre la gran diferencia que se vive en la lucha contra los parásitos cuando se analiza la tasa de prevalencia de estos en las personas que viven en zonas rurales y se compara con la de población urbana. Por eso enfatizaron que una de las metas de este proyecto también consiste en concientizar sobre esa diferencia.

“En zonas urbanas con buen acceso a servicios de salud, la epidemiología lo que dice es que la incidencia de parasitosis es muy baja, cuando en zonas indígenas y rurales, el panorama es muy distinto. Sí hay un alto grado de parasitosis que se está descuidando mucho en esas poblaciones”, explicó Mora.

Como principales causas de estas altas tasas en las comunidades estudiadas, Solano señaló dos factores que tienen gran incidencia: las limitaciones existentes con respecto al acceso a agua potable y el acceso a letrinización.

“En estos lugares, el acceso al agua potable es bastante complicado. Es frecuente observar que en las comunidades indígenas la gente utilice pozos, que en muchas ocasiones utilizan aguas superficiales, que están muy contaminadas” afirmó.

Solano habló sobre una posible relación directa entre la cultura de estos pueblos y la propagación de parásitos.

Por ejemplo, en el caso de las letrinas, explicó que en muchas ocasiones es posible que la falta de estas no se deba únicamente al impedimento económico, sino también al aspecto cultural de algunas de estas regiones, donde se suelen construir letrinas de hueco, o en ocasiones, la gente también opta por hacer sus necesidades en el suelo.

Así pasa también con el calzado, pues señaló que otros de los medios que tienen los parásitos de invadir a su huésped es a través de la piel y, debido a que en algunos de estos sectores las personas acostumbran andar descalzas, es probable que también sea un factor que incide en la tasa de propagación.

“Esa parte es muy importante investigarla más, de qué tanta incidencia tiene el peso cultural en favorecer riesgos para la parasitosis”, dijo.

Tanto Mora como Solano son enfáticos con la importancia de no interferir con la cultura de los habitantes de estas regiones en el desarrollar el proyecto.

“La idea es tratar de ir a concientizar sobre estas cosas haciendo el menor impacto en su cultura, tratar de no interferir con sus costumbres, sino simplemente informar y tratar de concientizar de la manera adecuada, sin interferir con la cultura de ellos”, aclaró Mora.

Mora explicó que también se han encontrado con algunas dificultades en este proceso. Considera que el mayor obstáculo al que se han enfrentado ha sido la forma en que se maneja el tratamiento de las parasitosis a nivel del sistema de salud nacional.

Afirmó que el procedimiento usual consiste en dar un tratamiento uniforme a todas las personas, donde dan un mismo desparasitante de forma masiva.

Esto en ocasiones puede terminar siendo poco efectivo o hasta contraproducente, ya que muchas veces los desparasitantes no son los adecuados para ciertos parásitos. En ocasiones hasta pueden llegar a provocar que estos desarrollen una resistencia al medicamento, al no ajustarse el remedio a cada caso específico.

A esto se suman los problemas que han tenido en cuanto al seguimiento y tratamiento de las personas afectadas por los parásitos en las zonas de estudio. Los resultados de los análisis realizados se suministran a los Ebais de las respectivas zonas para que se encarguen de tratar a los afectados. Pero en distintas ocasiones este proceso no se ha llevado a cabo de manera efectiva.

Mora y Solano sostienen que esto varía dependiendo de la zona y del Ebais encargado del lugar, ya que, mientras que en algunos de los sectores se les da a los pacientes el tratamiento correspondiente, a la hora de volver a algunas de las zonas de estudio, las comunidades le manifiestan a los coordinadores que nunca les hicieron entrega de los medicamentos.

La forma en que el proyecto busca lidiar con esto es con la implementación de un nuevo sistema en el cual se le hacen llegar a cada paciente los resultados de sus análisis, para que los utilicen a la hora de ser atendidos en los centros médicos de acuerdo con su diagnóstico.

En cuanto al impacto en las comunidades de estudio, sostienen que es un parámetro difícil de medir, debido a la cantidad de factores externos que los afectan.

Explicaron que al volver a las comunidades en estudio se puede apreciar que las personas sí se encuentran informadas. Los niños son conscientes de la existencia de los parásitos, de medidas de prevención e incluso aprenden a reconocer los síntomas que estos provocan.

Perspectiva estudiantil

Olivia Chaves y Rebeca Cáceres, ambas estudiantes de Nutrición, compartieron su experiencia durante el tiempo que participaron de este TCU.

“Siento que este proyecto le da la oportunidad a uno de trabajar con población que, si no fuera por esto, uno realmente no tendría contacto. Dentro de las carreras de salud, uno realmente no ve población indígena, no trata con población indígena”, afirmó Chaves.

Rebeca Cáceres considera que fue una experiencia enriquecedora, al punto de que decidió realizar su trabajo Final de Graduación (TFG) con población indígena, enfocado en su estado nutricional.

Ambas estuvieron de acuerdo en la importancia del trabajo que se realiza con este proyecto y que, pese a las limitaciones que pueden presentarse en las comunidades que dificultan su situación, la tarea que realizan al ayudarles a informarse es necesaria y de gran importancia.

“Desde la parte académica, personal, fue un choque con realidades que uno realmente no conocía. Se trata de ir a lugares con acceso muy limitado, entonces uno se queda impactado de la necesidad que hay en esos lugares y de la falta que hace llegar ahí”, concluyó Chaves.


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