Maikol Salazar: Ayer niño cabécar, hoy maestro indígena

El maestro Maikol Salazar Céspedes, del Territorio Indígena de Chirripó de Turrialba, es uno de los 12 docentes indígenas que se graduaron en la

El maestro Maikol Salazar Céspedes, del Territorio Indígena de Chirripó de Turrialba, es uno de los 12 docentes indígenas que se graduaron en la carrera de Educación, impartida mediante un programa interuniversitario en el que participa la UCR. (Foto Dennis Castro)

Maikol Salazar Céspedes tiene 25 años y todos los días camina casi una hora entre la montaña para llegar a su lugar de trabajo. Dos abecedarios y dos mundos conviven y se recrean en cuatro pequeñas casas de madera y zinc, en un rancho de troncos y paja con piso de tierra.

Con una regla de madera en la mano derecha que sirve de puntero, Maikol se dispone a iniciar su clase de “repaso”. “Así es Tor. Tor es un perro blanco…”.

Es una mañana de lunes y Maikol luce una camisa roja tipo vaquera arremangada, pantalones negros, zapatos de cuero y cabello negro lacio, muy corto.

Los cuatro alumnos sentados al frente en sillas de madera lo miran con atención, que se dispersa con la llegada de los visitantes. Las palabras en español se mezclan con vocablos en un lenguaje que a nuestros oídos suena diferente. Es la lengua cabécar, la primera que Maikol escuchó, aprendió y le permitió descubrir su entorno.

Hoy él enseña desde su propia experiencia y aprendizaje, en un mundo “globalizado”, para que su cultura, la misma de sus estudiantes, no sucumba frente a la inevitable arremetida de formas “externas” de vida.

Este joven del Territorio Indígena Chirripó, distrito de Turrialba, en las estribaciones de la cordillera de Talamanca, concluyó en 2013 la carrera de Bachiller en Educación en I y II ciclos con énfasis en lengua y cultura cabécar.

Él forma parte de un grupo de 12 estudiantes indígenas formados gracias a un programa interuniversitario financiado por el Consejo Nacional de Rectores (Conare), que busca ampliar las oportunidades de participación a la población indígena costarricense en la educación superior pública.

La carrera se impartió en la Sede del Atlántico de la UCR, en Turrialba, y fue pensada con una “visión democrática, equitativa e intercultural”, por lo que se adecuó “al contexto y a las necesidades del pueblo cabécar”, se lee en su descripción.

Las universidades proporcionaron los servicios requeridos por estos alumnos: transporte, alojamiento, alimentación y materiales. También aportaron los resultados de la investigación y abrieron los espacios de capacitación necesarios, explica Hannia Watson Soto, coordinadora de la carrera en la Sede del Atlántico.

De 25 estudiantes indígenas que ingresaron al programa, 12 alcanzaron su meta. Diez hombres y dos mujeres procedentes de Chirripó, de Ujarrás de Buenos Aires (Puntarenas) y del Valle de la Estrella (Limón) constituyeron el grupo denominado Siwa Pakö́, que significa “hablemos en nuestro idioma”.

Esta iniciativa ha tenido el apoyo del Ministerio de Educación Pública.

LA ESCUELA DE GUAYABA YÖKÖ

En la Escuela Guayaba Yökö hay, de preescolar a sexto grado, 42 estudiantes y cinco docentes, uno de ellos es Maikol. Es una escuela rural como tantas otras, de difícil acceso y con recursos escasos, no tiene electricidad ni Internet.

Para llegar a clases, los niños y las niñas caminan por trillos en terrenos quebrados y que en varios tramos se convierten en zanjas. En época de lluvia, la crecida de las quebradas interrumpe el paso.

“Aquí se trabaja más en contacto con los niños, se les puede dar un trato más individual. Se les puede ayudar en las áreas débiles, como en español”, relata Marlene Flores Aguilar, maestra de preescolar de San Joaquín de Tuis de Turrialba.

Marlene viaja a su casa cada semana para compartir con su familia. “Es duro y difícil dejar a los hijos. Uno está con ellos solo los fines de semana. Ellos siempre necesitan de uno y uno de ellos”, afirma.

¿Qué significa para ella ser maestra en una escuela indígena? “Para mí es muy importante. Es una oportunidad y un privilegio que la educación y mi vocación me dan para hacer algo por estos niños, que ellos tengan una enseñanza de calidad y que puedan sobresalir más adelante”, dice sin pose.

Maikol tiene claro que el manejo del idioma español es necesario para sobresalir en el estudio. A él le costó mucho, cuando ingresó a la secundaria en Grano de Oro, cabecera del distrito, se obligó a hablar en español porque de otra manera no hubiera podido terminar el Bachillerato y convertirse en el primer indígena de Chirripó en lograrlo. “Todos se quedaban pegados en una materia o se iban”, contó.

Sus papás no fueron a la escuela. Pertenece a una familia de ocho miembros: cuatro hermanos y cuatro hermanas. Solo él es profesional. Tiene una hermana  cursando Estudios Generales en la Universidad Estatal a Distancia (UNED), otro hermano estudia en el colegio y la hermana menor está en primaria.

Nicolasa García López, como otras madres, valora el hecho de que sus hijas estudian. “Es bueno para que trabajen”, nos dice con las palabras que alcanza a pronunciar en español.

Esta mujer de piel oscura, desdentada, con blusa, falda y zapatos negros tipo Crocs es agricultora. Siembra banano y frijoles que vende a los intermediarios. Ha visitado dos veces San José con el pastor de la iglesia evangélica a la que asiste, el mismo que le recomienda que aprenda español.

LA LENGUA Y LA CULTURA CABÉCAR

En las escuelas de Chirripó hay un maestro de lengua y otro de cultura. La idea es que los alumnos aprendan a leer y escribir la lengua materna y que haya un rescate de las expresiones culturales por medio de la oralidad y del trabajo manual para elaborar artesanías tradicionales.

Para Maikol, hablar en cabécar en la escuela es un imperativo. La lengua es una de las herramientas más importantes para preservar la cultura, “si yo no sé hablar en cabécar, obviamente se me olvida todo”.

Lamenta que las generaciones presentes han ido perdiendo este conocimiento al sustituir las palabras por otras vacías de significado, como mae, que sale muy fácilmente de la boca de sus alumnos.

“Ha habido cambios, pero los cambios son globales, entonces de lo que se trata es de defenderse ante las amenazas exteriores. No podemos tapar el sol con un dedo. Yo no sé hasta dónde va a llegar eso”.


Los graduados

Estudiantes indígenas que completaron la carrera de Bachiller en Educación en I y II ciclos con énfasis en lengua y cultura cabécar:

Greivin Delgado Zúñiga, Deiner Fernández Mora, Amelia Figueroa Zúñiga, Jairo Maroto Jiménez, Elberth Martínez Iglesias, Keivin Morales Morales, Javier Ríos Villanueva, Marvin Ríos Villanueva, Maikol Salazar Céspedes, Reinaldo Segura García, Gerardo Villanueva Zúñiga y Marta Zúñiga Obando.


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