Universitarias Entrevista con Bernal Herrera

“La universidad sigue siendo  un agente de cambio social”

Bernal Herrera es Vicerrector de Docencia de la Universidad de Costa Rica (UCR),lo será hasta el fin de año, cuando se acogerá a la jubilación

Bernal Herrera es Vicerrector de Docencia de la Universidad de Costa Rica (UCR), lo será hasta el fin de año, cuando se acogerá a la jubilación tras 40 años de carrera académica, pero antes que vicerrector, Herrera es un filósofo, un pensador entrenado en la crítica y la duda. ¿Cómo llega un filósofo a un cargo de jerarca administrativo? Y más importante aún, ¿cómo sobrevive un filósofo a ese desafío?

Sobre estas y otras cuestiones conversamos con Bernal Herrera, sobre el rol de la universidad pública como motor  de la movilidad social; sobre su pasión por la literatura de Borges y Arlt; sobre las semanas de 60 horas que cobraban algunos académicos y sobre su desconfianza acerca de que, una parte de los vertiginosos cambios que sentimos en la sociedad contemporánea, son más producto del marketing que de otra causa.

Repasando tu trayectoria te formaste en UCR pero continuaste tus estudios con becas en Harvard, con el DAAD en Berlín y el CSIC en Sevilla y la Fullbright en Duke University, ¿Qué ha significado para vos la educación pública?¿Cómo te impactó?

-Bueno, me impactó muchísimo porque yo soy una mezcla de educación pública y  privada yo estudié en una escuela  pública, en la Buenaventura  Corrales, que en ese momento reunía gente de muy diversas condiciones sociales, ¿verdad? la gente estudiaba allí de acuerdo a su ubicación geográfica y no a su categoría social, después fui a  un  colegio privado  -el Colegio Seminario- que era, de los colegios privados, el más asequible y  donde continuaba esa mezcla social, porque habían becas. Después entré a la UCR y saqué mis títulos en filosofía y después me fui a la universidad de Harvard, que es una universidad privada, entonces, si ves mi formación es con educación pública y privada.

¿Se va a Harvard becado por ellos?

-Me voy con un a beca Fullbright, eran los momentos en que Centroamérica estaba en el ojo de la tormenta, los Sandinistas en Nicaragua y Noriega en Panamá y ciertamente había una voluntad del gobierno Estados Unidos de mantener a Costa Rica en un cierto escaparate y una de esas manifestaciones fue un programa de becas realmente muy generoso, esa beca cubría la totalidad de la matricula de la universidad y la manutención en Bostón.

Así que digamos que la universidad pública y la escuela pública a la que asistí representaron algo muy importante, la UCR todavía es una universidad  a donde viene gente de la casi todos los estratos socieconómicos, posiblemente con exclusión pues de mendigos. Vienen familias en condiciones criticas, hasta gente muy, muy adinerada. A nivel de la escuela y colegio eso se perdió, ahora la gente se agrupa por clase social.

Es un cambio grueso ese..

-Es un cambio muy grueso, tenemos una sociedad que crecientemente se va estratificando y en donde acabamos relacionándolos principalmente con gente relativamente parecida a nosotros y en esa medida la UCR es uno de los espacios que quedan para  que gente muy, muy diferente interactué y creo que eso eso tiene una enorme validez.

¿El sistema lo auxilió?

-Si Claro, el sistema me auxilió, definitivamente no hubiera podido ir a Harvard si hubiera tenido que pagar. Yo llegue en  1987 y estuve  hasta  1993, en en ese momento nada más  me llegaban las copias de las cuentas que pagaba Fullbright y estamos hablando de que un ciclo lectivo costaba ¢22 mil dolares. Por lo demás Harvard es atípica, cuando hablamos de universidades privadas en Costa Rica tendemos a pensar en las universidades privadas que tenemos acá, que son muy distintas de Harvard. Es muy interesante que el sistema de admisión de la UCR y el de Harvard son básicamente el mismo. Son universidades que hacen una selección académica de sus estudiantes y una vez seleccionados académicamente se ve cual es su capacidad de pago y se les da beca de acuerdo a su capacidad de pago. En Harvard también la oficina de admisiones  funciona de manera diferenciada de la oficina financiera. Entonces, la universidad en principio no sabe si la gente que esta admitiendo tiene o no capacidad de pago. Es un modelo muy diferente  a las universidades privadas de Costa Rica en donde quien no tiene capacidad de pago o de endeudamiento, no puede asistir.

En la UCR hablamos del sistema de becas y casi siempre lo que se menciona es la ayuda que esto significa para las personas que reciben la beca y para sus grupos familiares. Lo que no se menciona tanto es que una buena universidad para que sea una buena universidad tiene que tener los mejores estudiantes y el talento se encuentra repartido en todo lo largo y ancho de todos los estratos sociales y entonces becar a la gente con talento no solo beneficia a la persona, también beneficia a la universidad en tanto se este permitiendo que esta se desarrolle y contribuya con la excelencia de la universidad. El sistema de becas no solo da sino que también recibe mucho.

Usted tiene publicados dos libros, ambos sobre la narrativa  hispanoamericana con énfasis en autores como Arlt y Borges que son muy similares en algunas cosas y muy opuestos en otros, ¿qué le interesó de la literatura argentina  de esa época?

-Vamos a ver, Borges me fascinó desde que lo leí, es un autor de una riqueza enorme y me pasó lo mismo con Arlt, yo recuerdo que la primera novela que leí de él fue ‘’El juguete rabioso’’ y bueno, fue como, para mí fue deslumbrante después pasar a “Los siete locos” y a “Los lanzallamas” y yo siempre leía que Borges y Arlt eran como autores opuestos y como que yo tenía la sospecha de que tal vez no era tanta la diferencia, o que estilísticamente son totalmente diferentes pero, estudiándolos, llegue al convencimiento de que son dos respuestas a problemáticas literarias afines. En esa medida fue un estudio muy interesante, porque los dos son autores que yo defino en mis estudios como autores vanguardistas, aunque ninguno de ellos reproduce la textualidad típica de las vanguardias europeas, y eso fue muy importante para mi porque yo había sido entrenado en filosofía en una escuela que me parece que es de alta calidad académica que es la UCR, digamos que un tanto en eurocéntrica o sea siempre muy apegada a estudiar autores europeos, filosofía clásica o moderna, o contemporánea europea y desde esa perspectiva siempre me he acostumbrado a observar la filosofía pues de una perspectiva eurocéntrica. Y acá estudiando la literatura me doy cuenta que, a mi juicio, si yo quiero entender las vanguardias latinoamericanas literarias, necesito tener otro concepto de vanguardia mas amplio, ni Borges ni Arlt publicaron nunca manifiestos como las vanguardias clásicas y entonces llegué al convencimiento que para estudiar fenómenos culturales en América Latina, necesitamos categorías construidas o adaptadas a la realidad latinoamericana. No se se puede aplicar el término “edad media” a China, el término de edad media fue construido para explicar algo de la historia europea y hablar de una edad media China, simplemente porque coincide temporalmente, seria como hablar de la edad media de los aztecas, o sea no tiene ningún sentido, entonces, doblemente interesante, en primer lugar por una cierta ruptura digamos con los marcos analíticos  con los que yo había sido entrenado y porque eso me llevó al tema de la modernidad que es un tema en el que he trabajado por años. Sobre ¿qué significa la modernidad? ¿qué significa decir Estados Unidos es un país moderno?, un país cuyo presidente electo niega el cambio climático, un país en donde todavía posee todo el tema de la supremacía blanca es muy fuerte, no se trata de decir »Estados Unidos no es moderno» pero obviamente que no es moderno en el sentido que  otros países lo son, todo eso derivado de leer a Borges y Arlt  no de lo que se decía sino de lo que yo, tal vez equivocadamente leía, pero digamos que me resultó muy productivo intelectualmente.

Usted es un filósofo en activo, dicta conferencias en distintas partes del mundo, da clases, investiga, ¿cómo aterriza un filósofo en activo en el traje de un vicerrector?

-Esa es una pregunta bien interesante. empecemos con que yo nunca quise administrar nada. Vamos a ver, antes de ser vicerrector mis únicos puestos de dirección habían sido programas de posgrado que son instancias muy pequeñas con pocos docentes y aún en esas instancias la verdad es que siempre puestos de dirección lo hice a petición, fui convocado, nunca dije »pucha a mí  me gustaría administrar esto o voy a proponer».  ¿Qué significó? Para mí, en lo personal, como yo  lo viví, significó tomar decisiones. ¿Cómo hacía para tomar decisiones concretas? Y ¿Cómo tratar de no simplemente reproducir lo que ya estaba dado?

Como ejemplo, todo el mundo daba por asumido que podían poner sobrecargas en sus planes de  trabajo, sobrecarga muy altas, yo mismo  como docente había llegado a tener 75 horas de carga académica, aunque estoy consciente de que nunca trabajé esa cantidad de horas por semana, y entonces plantearme en vez de decir ‘’bueno, es que eso es así’’ decir ‘’bueno, ¿por qué eso es así?’’ ahí empiezan las dudas filosóficas, decir ‘’¿debe ser así?’’ y de un momento a  otro, reflexionar y darme cuenta, por ejemplo, que una jornada laboral de 75 horas o de 60 horas, que es firmada, por la persona que las revisa, por su director o directora académica, por  el decano o decana y por el vicerrector de docencia, tiene un carácter vital, y que esa jornada es ilegal, o sea va en contra del código de trabajo, que establece jornadas máximas, y va en contra de convenios que ha firmado el país con la OIT o si la persona está realmente trabajando las 60 horas, en cuyo caso la universidad está quebrantando sus derechos laborales, o si no está trabajando las 60 horas, en cuyo caso no deben aparecer ahí como laboradas. De esa duda y cuestionamiento filosófico vino la decisión de poner un tope a la sobrecarga académica. Fue tratar de hacer que las cosas, hacer que lo que aparecía en el papel sea lo más parecido posible a lo que sucede en la práctica.

u-60-bernalherrera2En realidad el tema, más que administrativo, resultó un tema, políticamente, muy polémico, muy ácido y muy controvertido.

-Igual que los tiempos adicionales que tienen que ver con toda una reflexión, si la universidad le reprocha ala sociedad costarricense que hay ciertos grupos que tienen a su disposición una serie de recursos que van más allá, muchísimo más allá, de lo que otros grupos tienen y decir si una persona que tiene tiempo completo y hay personas que tienen medio tiempo, ¿será preferible que el que tiene medio pase a tres cuartos? o ¿si el que ya tiene tiempo completo tenga tiempo y cuarto?  O será preferible que otras personas tengan la oportunidad de dar sus cursos. Realmente yo no creo que los tiempos adicionales sea un tema de fondo, pero si establece un intento de distanciarse de lo que se leía como normal, como lo institucionalizado. Y de tratar de cuestionar cosas.

El cambio es una constante antigua, pero en la última década, la velocidad del cambio es vertiginosa ¿está preparada la universidad pública para esta velocidad de cambio?¿Puede la universidad ser agente de movilidad social en esta velocidad de cambios?

-Vamos a ver, esta pregunta uno la puede contestarla en varios niveles, de un lado es completamente cierto que el cambio es vertiginoso, en algunos niveles, o sea, tenemos un cambio tecnológico vertiginoso, pero sabemos que, cuando yo nací y suena como si fuera en el Precámbrico, durante los primeros cinco años de mi vida no había televisión en este país, todavía siendo yo un adolescente, las computadoras eran algo que uno solo veía en películas, entonces, digamos hay un cambio tecnológico realmente vertiginoso.

Ahora, la pregunta es si las conductas humanas van cambiando a esa velocidad, algunas sí, digamos, yo creo que las estructuras familiares, por ejemplo han tenido cambios significativos, mayoritariamente, positivos. Pareciera que hoy en día es mucho más factible tener una vida familiar menos autoritaria, menos patriarcal, pero eso a su vez engendra movimientos, digamoslo así, como neoconservadores, engendra una vuelta atrás, también, el triunfo de un candidato como Donald Trump, indiscutiblemente con todos sus factores es, digamoslo así, la revuelta contra todo un estado, la revuelta de personas que se han sentido dejadas atrás por cambios socioeconómicos, el obrero industrial que vive en un Estado donde la industria ya no está, el hombre que siente que de un momento a otro sus prerrogativas de género están amenazadas, que ya no le puede pegar impunemente a la esposa, el hombre blanco que está acostumbrado a que Estados Unidos era un país completamente dominado por blancos y de un momento a otro le llega un presidente que no es blanco, etc.

Entonces, digamos, que hay un cierto nivel de la vida social a donde no solo el cambio no es tan vertiginoso sino donde hay una resistencia muy fuerte al cambio. Ahora, yo creo que el papel de la universidad consiste en tener un equilibrio. De un lado, no dejarse llevar por ese cambio vertiginoso que en muchos casos es resultado del marketing, ¿realmente necesito yo cambiar el teléfono celular, si el anterior todavía funciona? ¿Necesito realmente todas las funciones del nuevo teléfono celular?  Hay mucho de ese cambio que realmente es marketing.

¿Sos el primero de tu familia en llegar a tener un título universitario?

-De mi familia inmediata yo fui el primero, porque mi hermana mayor entró pero no se graduó.

Para personas que fueron los primeros de su familia en graduarse como universitarios, supuso un cambio en la movilidad social de toda la familia.

– Claro, y eso se sigue dando…

¿Pasar por esta universidad de hoy, supone ese mismo cambio?

-No exactamente el mismo cambio, la universidad sigue siendo  un agente de cambio social. De las personas que se graduaron de esta universidad en los últimos diez años, aproximadamente la mitad vienen de hogares en donde ni la madre ni padre tenían un título universitario, aquí mucha gente que se gradúa no solo ni el padre ni la madre tenía un título universitario, sino que venían de condiciones socioeconómicas muy duras. Ahora hay una realidad más macro y es de cuando yo salí a trabajar, uno conseguía un trabajo estable, hoy en día una persona se gradúa de la universidad y tal vez tenga buenos ingresos, dando asesorías, dando consultorías, pero eso no es un trabajo estable, entonces, digamos, la universidad cumple su función en el sentido de que le permite a gente que, en otro esquemas, no podría estudiar, le permite que estudie, ahí hay un factor indiscutible de movilidad social, pero se insertan en un mundo en el que ya eso, de una u otra manera, no representa la garantía que representaba antes.

Para mucha gente el simple hecho de pasar por la universidad y en especial por la UCR, en donde no es que simplemente lo estudiantes llegan y van a los cursos y a sus clases, ¿verdad? Sino que juntan una cantidad de experiencias educativas, esa gente ya sale impactada.

Pongo un ejemplo del programa Multiversa que echó a andar la vicerrectoría, ese programa a lo que aspira es a generar procesos de enseñanza y aprendizaje que sean muchísimo más variados que la clase magistral, etc. Desde un principio, en primer lugar, ese concepto de Multiversa nos lleva a la idea de que los procesos de enseñanza y aprendizaje se pueden dar por múltiples canales desde un principio, un poco la idea es no nos interesa que eso dependa completamente de la tecnología, no nos interesa convertirnos en una universidad virtual, lo que nos interesa es que las relaciones, por ejemplo, entre el personal docente y la comisión estudiantil sean muchísimo más variadas, para eso se tomaron una serie de medidas como una resolución que ya establece oficialmente que la atención a estudiantes que todos deben de cumplir, se puede realizar a cabo de manera virtual, se pueden hacer consultas a través de redes sociales, a través de correos electrónicos.  Ya no hay que citar a la gente en el cubículo a donde, para empezar, muchos estudiantes no llegan, pero esa gente perfectamente manda un correo, manda un whatsapp, entonces, digamos, como que hay un intento de tener un uso más creativo de las tecnologías.

 

 

 

 

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