Universitarias El físico de partículas e ingeniero español está de visita en el país

Javier Santaolalla Camino: “Los divulgadores científicos trabajamos por la democracia y la libertad”

Dictó la conferencia titulada Mi medio Bosón en el Aula Magna de la Universidad de Costa Rica, a la cual asistieron más de 1000 personas en dos horarios y la siguió otro millar por redes sociales.

Cuando anunció que venía a Costa Rica, Javier Santaolalla Camino se puso la camiseta de la Sele. Una semana antes de poner pie en el país, se vistió con una de Cartago que le regalaron en su anterior visita y, con ello, le deseó suerte al equipo de fútbol en su disputa por el campeonato nacional.

“Espero que me reconozcan que algo de suerte les di para que ganaran”, dijo con picardía el divulgador científico de nacionalidad española.

Ciertamente, lo que siente Santaolalla por Costa Rica es cariño: “esta es la segunda vez que vengo y la gente es excepcional, muy acogedora, me hacen sentir como en casa y súper querido. Es un país súper divertido, lo tengo que reconocer. La gente es muy alegre. Tengo una gran conexión con este país”.

“Yo me enamoré de la Física por alguien que transmitió el conocimiento con mucho corazón y lo que espero con mi trabajo es eso mismo que me pasó a mí, poder contagiar a otros de esa pasión. Es un trabajo que funciona en base a compartir y generar emociones”. Javier Santaolalla Camino, divulgador científico.

Y esa calidez tica suele sentirla cuando visita las universidades. Por ello, en esta ocasión, el doctor en física de partículas, ingeniero en telecomunicaciones y divulgador científico hizo parada obligatoria en la Universidad de Costa Rica (UCR), el Tecnológico de Costa Rica (TEC), la Universidad Nacional (UNA) y la Universidad Técnica Nacional (UTN).

A propósito de esta visita, UNIVERSIDAD conversó con él. Este es un extracto de lo dicho durante este intercambio:

En un momento en que las noticias falsas han repuntado y temas que uno pensaría que están superados, como que la Tierra es redonda y no plana, ¿cuán importante es el rol que cumple el divulgador científico?

—En un mundo en que la información está tan abierta, presente en todas partes y cualquiera puede darla, donde todo pasa muy rápido y las cosas cambian, una sociedad informada es definitivamente una sociedad empoderada, porque la información es poder.

Una persona que cuenta con buena información es una persona libre. Por eso es que los divulgadores científicos trabajamos por la democracia y la libertad.

Coincidimos en algo: la divulgación de la ciencia pasa por un proceso de democratización del conocimiento. ¿Es esta una vacuna contra el populismo?

—El conocimiento como tal es una vacuna contra extremismos, visiones conflictivas y lo cierto es que abre la mente. Yo tengo claro que la ciencia no solo es un conjunto de conocimientos, sino que también es un conjunto de valores y principios. Creo que ofrece muchas lecciones que te enseñan a vivir.

Para mí, la ciencia no es un trabajo sino una manera de entender la vida.

También creo que los divulgadores pueden ayudar a navegar en medio de esta paradoja que estamos viviendo, donde tenemos información al alcance como nunca antes, pero aún existe la desinformación e incluso esa cantidad de datos se vuelve abrumadora al no saber dónde exactamente conseguir la mejor información.

—Eso es clave. Todas las generaciones han tenido sus retos y el nuestro es ser capaces de encontrar información en medio de todos los datos que nos arrollan, ser capaces de discriminar qué es cierto y qué es falso, y tener una opinión sólida en medio de toda la desinformación que se genera.

Esto es algo que no lo tenemos en el código genético, la evolución no nos lo ha dado, y es algo en lo que todos debemos ayudar. Padres, profesores, divulgadores y profesionales están llamados a dar luz en medio de toda esta oscuridad.

Con respecto a esta paradoja de la información y en un afán de ayudar a la gente a navegar en ese mar de datos, ¿es esto parte de la función social que cumplen las universidades públicas?

—Tengo una profunda admiración por la institución llamada universidad, porque considero que es el verdadero pilar de las sociedades. Creo que es allí donde realmente se genera este relevo generacional, estos testigos de conocimiento que se pasan a las siguientes generaciones y son los que van a soportar el país. Al final, la formación académica es lo que luego lleva al país a diversificar sus capacidades.

Yo siempre voy a estar del lado de la universidad, siempre voy a querer aportar y apoyarla. Sobre todo a la universidad pública, porque no solo consigue generar conocimiento, sino que además rompe brechas sociales.

¿Es la divulgación científica una forma de rendición de cuentas, más cuando se realiza investigación con fondos públicos?

—Sin duda. Uno de mis principales impulsos cuando empecé como divulgador científico era devolverle a la universidad todo lo que me había dado. Yo estudié en una universidad pública, es decir, mis estudios fueron pagados por el país y sin esa ayuda simplemente ni hubiera podido estudiar.

Soy muy consciente de lo privilegiado que fui. En otras circunstancias no hubiera podido estudiar y me hubiera quedado sin desarrollar todo eso que llevo por dentro. Por eso lo quiero devolver.

La divulgación es mi manera de devolverle a la sociedad esa oportunidad que me dio.

Por muchas razones, una de ellas debido al proceso educativo imperante, las personas suelen creer que la ciencia es ajena, pero lo cierto es que es muy cotidiana. ¿Cómo hacerle ver a la gente eso?

—Yo lo que intento hacer es incluir ciencia en las cosas más cotidianas y en aquellas cosas en que la gente más interés pone. Por eso hablo mucho de la ciencia de las películas, de los cómics, las canciones… porque es lo que a la gente le interesa y se pueden sacar muchas cosas interesantes de ahí.

La ciencia también puede encontrar un hueco en la vida de las personas si logramos que se note esa cercanía.

En ese sentido, ¿cómo hacer para que los científicos se quiten la gabacha y nos ayuden a ver cuán cotidiana puede ser la ciencia?

—Creo que es importante trabajar desde la propia ciencia, los propios científicos. Sentir que es necesaria esa transmisión de conocimiento, porque no siempre ha sido así y quizá no se ha hecho de la mejor forma.

Ciencia y sociedad no siempre se han entendido del todo, porque no ha habido una comunicación fluida, y son cosas que es necesario cambiar. Honestamente creo que muchas cosas que no funcionan en la sociedad no dejan de ser nuestra culpa como científicos, y la forma de cambiar las cosas es implicándose.

Con respecto a esto de implicarse y siendo la divulgación una manera de hacerlo, ¿ha visto un cambio generacional? ¿Los científicos más jóvenes están quizá más conscientes de esto y por eso están más anuentes?

—Ha habido un boom de la divulgación científica y estamos viviendo una época dorada de la divulgación en redes sociales. He vivido ese boom al ser una de las primeras personas en entrar a esto de la divulgación y ahora noto que hay cientos de divulgadores en todas partes haciendo cosas muy bonitas y muy interesantes.

Me siento muy orgulloso de ser uno de los padres de ese movimiento.

Habiendo nacido en la década de los 80, supongo que recordará a los grandes divulgadores científicos. Ya después se empezaron a cerrar espacios en los medios de comunicación y ahora, como usted dice, hay un nuevo boom gracias a las redes sociales. ¿El haberse expuesto a la divulgación científica vino a dejarle esa semilla?

—Todos tenemos nuestros referentes. Esa gran frase que dice que “caminamos sobre hombros de gigantes” no solo se aplica a la investigación, se aplica a todo el conocimiento porque, cuando uno se inicia en su camino, recorre territorio donde ya otros avanzaron y obviamente miro al pasado para ver a los maestros, agradecerles por todo lo que he aprendido gracias a su trabajo.

Si bien la ciencia es universal, ¿cuán importante es hacer divulgación con referentes locales?

—Lo es todo. Cada vez que visito un país, trato de entender lo que está ocurriendo, los personajes relevantes… Justo esa es una de las cosas que trabajo mucho para precisamente humanizar a la ciencia.

A veces a la ciencia se le tiene como algo muy frío, muy abstracto, ajeno e incluso se vende a la misma ciencia como algo sin emociones y ¡qué va! Los científicos son personas, con virtudes y defectos, que realizan una actividad humana —como lo es la ciencia— y eso es lo que genera vínculo con las personas.

Las personas pueden enamorarse de la ciencia a través de las emociones que sienten los científicos como la sorpresa, la pasión e incluso la risa. Por eso creo que hay un trabajo importante por hacer.

Con el fin de crear empatía para humanizar la ciencia, ¿es importante contar con nuestras propias voces? ¿Nuestros propios divulgadores que hablen “a lo tico”?

—Pues sí. Estoy muy feliz de venir aquí y espero seguir haciéndolo, pero me gustaría motivar a los locales. Cuando te habla una persona de tu tierra, que conoce tu cultura e inquietudes, puede despertar esos vínculos emocionales con la ciencia y también sirven de modelo a la gente.

Cuando ves a alguien de tu entorno, de tu barrio, esta persona se vuelve ejemplo. Por eso es importante que existan referentes locales, porque abren muchos caminos para las personas que vienen detrás.

Estudiantes de colegios científicos se hicieron presentes a la conferencia que dictó Javier Santaolalla en la UCR. De su mano, los jóvenes recorrieron la historia de la Física desde Isaac Newton, pasando por Albert Einstein y hasta el CERN. (Foto: Katya Alvarado).

Las partículas de las que está hecho Javier Santaolalla

Javier Santaolalla Camino es doctor en física de partículas y licenciado en ingeniería de telecomunicaciones.

Trabajó en la Organización Europea para la Investigación Nuclear (CERN, por sus siglas en inglés) como becario durante su doctorado y, gracias a ello, colaboró en el descubrimiento del bosón de Higgs, el hito físico más importante después de los aportes realizados por Isaac Newton y Albert Einstein.

También laboró en el Centro Nacional de Estudios Espaciales (CIEMAT) en Francia.

Como divulgador científico, Santaolalla es co-fundador del grupo Big Van Ciencia, el cual realiza espectáculos de stand up comedy. También ha utilizado las redes sociales con el objetivo de acercar la ciencia a la gente; primero en Youtube y ahora en Tik Tok. Se le encuentra como Date un Voltio y Date un Vlog.

Es autor de los libros El Bosón de Higgs no te va a hacer la cama (2016) e Inteligencia Física (2017). Actualmente está preparando su tercer libro, el cual publicará en septiembre.

Su actual proyecto es Amautas (amautas.com), una plataforma de cursos impartidos por profesores universitarios que siguen “su estilo”. “Lo que quiero es que los profesores encuentren, en nuevas formas de comunicación, un vehículo para llegar a más gente”, dice.

De hecho, y durante un mes, los costarricenses podrán tener acceso gratuito a las clases magistrales en esta plataforma mediante el enlace: amautas.com/costa-rica

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