Henriette Raventós

Investigadora de Costa Rica fue elegida para integrarse a las grandes ligas de la genética

Raventós fue electa –por 600 científicos de todo el mundo– para incorporarse a la Junta Directiva de la Sociedad Internacional de Genética Psiquiátrica.

Es una leyenda en el campo de la genética, participó del equipo que investigó un padecimiento único en el mundo: la sordera de los Monge, un mal auditivo que presenta una población localizada en los alrededores de la ciudad de Cartago, y es investigadora del Centro de Biología Celular y Molecular (CIBCM) de la UCR.

Se llama Henriette Raventós Vorst y la acaban de convocar para que se integre a las grandes ligas de la genética psiquiátrica mundial.

Será parte de la Junta Directiva de la Sociedad Internacional de Genética Psiquiátrica (ISPG), integrada por investigadores y académicos de todo el mundo y cuya sede principal está en Tennessee, Estados Unidos, una organización de médicos, investigadores, genetistas, trabajadores sociales y estadísticos que estudian sobre genética psiquiátrica.

Raventós es egresada de la carrera de medicina de la Universidad de Costa Rica, es profesora e investigadora de la Sección de Genética de la Escuela de Biología e investigadora del Centro de Investigación en Biología Celular y Molecular (CIBCM), de esta misma institución.

Raventós es graduada de Medicina de la Universidad de Costa Rica (UCR) tiene una maestría en bioquímica, una especialización en genética humana por la Universidad de Berkeley (Estados Unidos) y fue electa por la votación de más de 600 científicos de diferentes países.

UNIVERSIDAD conversó con ella sobre su trayecto en genética y este nuevo importante nombramiento.

¿Cómo nació su interés por la genética?

–Yo estudié medicina y cuando trabajé en los hospitales se me hizo muy complicado la atención de los pacientes, me producía mucho sufrimiento. Entonces, después de hacer el servicio social, decidí entrar a una maestría en bioquímica; eso fue en el 87, cuando se estaba discutiendo el proyecto de secuenciar el genoma humano completo. Durante la maestría de bioquímica lo que hice fue un estudio genético sobre la sordera de los Monge, porque era el tema más sexi del momento. Ahí seguí, y por razones familiares, porque en mi familia hay trastorno bipolar, fue que me empecé a meter más en la genética de los trastornos mentales.

¿Por qué estudiar genes?

–Era una época de gran ingenuidad, entonces decíamos que si encontrábamos los genes de todas las características humanas íbamos a poder entenderlas. Con el tiempo nos dimos cuenta de que era ingenuidad y que la mayoría de las características humanas son una mezcla entre genes, factores del desarrollo embrionario y del ambiente, que incluye todo: desde la nutrición, características socioeconómicas, aspectos de vulnerabilidad psicológica, violencia, etc. Entonces ahora es mucho más madura la posición donde lo que uno hace cuando estudia genes es estudiar esa interacción genes-ambiente.

Me cuenta que el interés de entender las enfermedades mentales tuvo que ver con un trasfondo familiar. ¿Las enfermedades mentales son genéticas?

–Prácticamente todas las características humanas nacen de esta interacción entre factores de susceptibilidad genética más factores ambientales. Sabemos que en los trastornos mentales también hay un componente genético, porque el riesgo es más en unas familias que en otras y porque la concordancia entre gemelos idénticos versus gemelos diferentes es mucho mayor; lo que indica que sí, que los genes juegan un papel. Pero en gemelos idénticos, si fuera solo genética, la concordancia debería ser del 100% y no es así, y eso confirma que no es solo genética, que tienen que haber factores del desarrollo embrionario o del ambiente como factores culturales, sociales, psicológicos, que hacen que algunas personas disparen esa genética y otras no.

¿Hay alguna forma de tratar las enfermedades mentales estudiando y trabajando estos mismos genes?

–Antes, y todavía ahora, hay algunas compañías que dicen que uno va a poder detectar cuáles son las personas que están en riesgo. Eso, para nosotros los expertos, es cada vez más complicado, porque lo que contribuye cada una de esas variantes es muy poquito. Lo que nosotros estamos haciendo más bien es encontrar esas variantes para entender la fisiopatología, cómo se suman los factores ambientales y también para identificar un nuevo blanco terapéutico que pueda servir para hacer nuevos medicamentos. Pero, definitivamente, para prevención y promoción lo importante no son los genes sino los factores psicosociales.

Hablemos acerca de la Sociedad Internacional de Genética Psiquiátrica. ¿Qué es lo que hace esta sociedad exactamente?

–Esta sociedad empieza hace como 25 años y nosotros desde hace muchos años somos parte porque su objetivo es justamente lo que hacemos nosotros: empezar a buscar cuáles son las variantes genéticas que contribuyen al riesgo de los trastornos mentales. Cada año se reúne, tiene su congreso, son como 600 miembros, y desde hace como cuatro o cinco años se formó una comisión que lo que buscaba era aumentar la diversidad.

En este caso estamos hablando de diversidad de países que tradicionalmente han participado menos en investigación genética, que son los de mediano y bajo ingreso.

¿Qué significa para usted ser la única representante de América Latina en esta Sociedad?

–Nosotros generalmente los fondos que usamos son de la Unión Europea, o Gran Bretaña, o el Instituto Nacional de Salud, y siempre tenemos un colaborador de esos países. Por como se dan los recursos, el investigador principal generalmente es de esos países ricos; entonces quedamos como en una situación de desventaja porque aunque contribuyamos como pares científicos en igualdad de condiciones científicas, a nivel administrativo no es así. Por eso yo pensé que si empiezo a participar más en organizaciones de índole de gestión científica o política de la investigación, uno puede ir cambiando esa situación y ver si nosotros podemos formar redes de investigadores de América Latina.

¿Cuál ha sido su rol en esta sociedad hasta el momento?

–Desde hace muchos años nosotros presentamos conferencias y desde hace cinco años soy miembro de esta comisión de diversidad, donde tenemos conferencias telefónicas cada tres meses, y durante los últimos cinco años hemos tenido un foro de discusión en la reunión anual sobre cómo aumentar nuestra participación y qué hemos estado haciendo.

¿Qué es lo que busca impulsar desde este nuevo puesto en la Junta Directiva?

–A mí lo que me incomoda es que muchas veces nos buscan a nosotros solo para enviar muestras. No es el caso de Costa Rica porque desde que empezamos la investigación en los 80 nosotros ya teníamos lo que se llama “acuerdos de transferencia de materiales”. Nosotros desde que empezamos no mandábamos muestras sin tener un acuerdo de transferencia de materiales.

Eso no ha sido así para muchos otros países, entonces lo que sucede, por ejemplo con algunas enfermedades que eran muy prevalentes en algunos de estos países, es que venían investigadores de Estados Unidos o Europa al país, reclutaban a las personas que tenían una condición, se llevaban su ADN y luego la publicación científica salía solo a nombre de ellos. Y si se desarrollaba algún kit de diagnóstico para esta condición, también los beneficios eran solo para el país desarrollado.

Es una situación que a mí y a muchas otras nos ha molestado, porque creemos que uno tiene que defender sus recursos genéticos y que si nosotros vamos a participar en investigación tenemos que desarrollar las capacidades locales y defender nuestros recursos, ser autores en los proyectos de investigación y que al final la población que se beneficia de la investigación sea la población que contribuyó con sus datos y su información. Que haya un retorno en los avances al conocimiento a la misma población que fue estudiada.

Eso es como tratar de hacer esta red en los países de mediano y bajo ingreso, hacer más cursos, más entrenamiento, que haya más recursos y que usen estos instrumentos que hemos usado nosotros, de acuerdos de transferencia de datos y materiales.

La Junta Directiva está compuesta por un mínimo de seis personas, más el Presidente y Vicepresidente. ¿Hay equidad de género? ¿Cómo siente que está el papel de la mujer en la ISPG?

–En esta Sociedad en particular, y en muchos otros congresos donde he participado a nivel internacional, ya se ha visto el cambio. Lo que sucedía hace diez años, que casi todos los expositores o los de la Junta Directiva eran hombres, ya se ha equilibrado. Sí hay equidad de género, sí hay representación de mujeres en todas las mesas donde uno escucha y participa y en los proyectos de investigación en los que yo participo también. Antes yo era la única mujer y ahora ya somos varias mujeres y varios hombres en los consorcios internacionales.

Lo que no ha pasado es que seamos de países de mediano y bajo ingreso. Muy bien que se hable de igualdad de género, pero no estamos hablando de dónde todavía hay una desigualdad importantísima, que es que esas mujeres son de países de alto ingreso.

Cada vez vemos a más mujeres que se interesan por carreras relacionadas con la ciencia, tecnología, ingenierías. ¿Qué se necesita para llegar a altos cargos, como lo está haciendo usted ahora, siendo mujer de un país de bajo ingreso?

–Yo pienso que… realmente yo tuve todos los privilegios que uno puede tener. Yo nací en una situación económica holgada, se asumía que uno iba a la universidad, yo podía estudiar lo que quisiera, tenía una mamá holandesa que me apoyaba en cualquier cosa que estudiara… Entonces yo no creo que yo sirva de ejemplo para hablar del tema (ríe), creo que hay que hacer estudios más sistemáticos para entender la situación en Costa Rica, de dónde están justamente las trabas para salir adelante.

Yo diría, pero de nuevo, en base a experiencia de lo que me cuentan colegas y sin que haya un estudio sistemático, que mucho depende del cuido y maternidad, que sigue siendo una labor principalmente femenina.

Justamente usted, que es una mujer en el campo científico, ¿considera que sí ha cambiado la situación de las mujeres en la ciencia, que sí se han abierto más oportunidades?

–Sí se han abierto más oportunidades pero todavía no estamos ahí, falta todavía mucho. Por ejemplo cuando estábamos analizando los premios científicos que se dan cada año, uno compara los currículos de hombres y de mujeres y ve que existe todavía una brecha. Mi hipótesis sería que esa brecha ocurre porque hay más obligaciones extra para la mujer que para el hombre.

Para terminar, ¿en qué proyectos se encuentra trabajando actualmente?

–Nosotros en este momento tenemos varios proyectos. Es un grupo de investigación de 15 personas, entre psiquiatras, biólogos, psicólogos y estudiantes, en el Centro de Biología Celular y Molecular (CIBCM) y en la Escuela de Biología de la UCR.

Tenemos un proyecto en el que estamos secuenciando el genoma humano completo de unas familias costarricenses que tienen trastornos mentales. Eso lo estamos haciendo en un consorcio internacional donde hay familias de Estados Unidos, familias hispanas, de Escocia y Sudáfrica, para tratar de encontrar variantes que aumentan el riesgo para estos trastornos.

En otro nos dieron unos fondos para estudiar la relación entre la genética y el ambiente; o sea, si podemos identificar factores de resiliencia que hacen que algunas personas, aunque tengan factores de riesgo genético, sean resistentes o resilientes a desarrollar la enfermedad.

Hay otro estudio que acaba de terminar una estudiante de maestría, Daniela Ugalde, que trata de ver a nivel celular cómo funciona una mutación específica que habíamos encontrado en una población en Costa Rica. Estamos trabajando en diferentes proyectos desde estos laboratorios universitarios.

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