Inundaciones, plagas y hacinamiento acompañan a las artes en la UCR

Los estudiantes consideran que existe falta de equidad en la distribución de los recursos.

Mientras facultades como Derecho, Ingeniería, Ciencias Sociales y Odontología han estrenado edificios en los últimos años, las escuelas de Artes se cansaron de lidiar con las condiciones precarias de sus instalaciones en la Universidad de Costa Rica (UCR) y optaron por manifestarse y alzar la voz en busca de soluciones.

La gota que derramó el vaso llegó con las primeras lluvias de este invierno. “Siempre ha habido goteras y siempre se ha caído el techo, pero últimamente pasó a ser peligroso, porque se están inundando los tomacorrientes en donde la gente trabaja con maquinaria pesada”, comentó María Prada, presidenta de la Asociación de Estudiantes de Artes Plásticas (AEAP).

La lluvia ingresó, específicamente, al pasillo donde se imparte la clase de escultura, bajando por las paredes, mojando los tomacorrientes y el router del wifi. “Hemos tenido pequeñas fugas de agua por los bajantes, ese sábado llovió muy fuerte y tuvimos que desconectar todo para salir, el agua se metió muy rápido”, mencionó Sofía Benavides, una de las 14 estudiantes afectadas de los cursos Diseño Escultórico 1 y 3.

El viernes 31 de mayo, el aula de Cerámica se inundó y cuando desconectó su máquina, al finalizar la clase, el enchufe salió mojado, recuerda Benavides.

Según Prada, debido a las malas condiciones de infraestructura, en 2014 la universidad les ofreció construir un edificio nuevo, que se realizaría por etapas, con lo que se solucionarían los problemas inmediatos; sin embargo, no se logró aprobar el presupuesto requerido.

El hacinamiento es un factor en común que tienen las escuelas de artes de la UCR. Las aulas no cuentan con las condiciones idóneas para impartir las clases.

La combinación de agua y electricidad no es una situación nueva en la escuela de artes plásticas, ya que en el 2017 se inundó la caja de breakers y tuvieron que cerrar la escuela por varios días.

“Llegó a un punto en donde, no es que se nos mojan los zapatos, es que hay estudiantes que no pueden usar maquinaria para terminar sus proyectos, porque se pueden morir”, recalcó Prada.

En diciembre de 2017, luego de finalizar el semestre, la Universidad les dio una semana para que decidieran si aceptaban remodelar todo el edificio de ingeniería, que se acababa de desocupar, con el propósito de mudarse, en lugar de ir edificando por etapas su nueva sede.

La representante de la AEAP afirma que en ese momento les prometieron que en aproximadamente un año tendrían casa nueva, con la condición de compartir el inmueble con el Programa Institucional de Inclusión de Personas con Discapacidad Cognitiva a la Educación Superior (Proin) y la Maestría en Ingeniería.

“Nos iban a quedar nada más dos pisos para nosotros y los demás iban a estar ocupados, eso al final no solventaba ninguno de nuestros problemas, porque nosotros necesitábamos más espacio. Dijimos que no”, explicó Prada.

Actualmente, luego de manifestarse en rectoría, los estudiantes de Artes fueron escuchados y se reunieron con Carlos Araya, vicerrector de Administración; Jeffrey Dimarco de Servicios Generales, y Esteban Camacho de la Oficina Ejecutora del Programa de Inversiones (OEPI).

Luego de tres reuniones, a la Escuela de Artes Plásticas (EAP) llegó el anteproyecto arquitectónico que les autorizaba hacer uso de todo el antiguo edificio de Ingeniería. La propuesta recibió la aprobación en asamblea el jueves 30 de mayo, aceptando el compromiso de la OEPI de iniciar la remodelación en un año.

“Nosotros creemos que eso es muchísimo mejor que la opción de hacer un edificio en etapas, porque un edificio en etapas no nos hacía ningún bien inmediato a todos”, comentó Prada. El arquitecto Esteban Camacho explicó que la EAP pasará de tener 3.000 metros cuadrados de área útil a aproximadamente 5.000 metros cuadrados.

Más allá de mejorar las condiciones de toda la escuela, los estudiantes de Escultura y Cerámica necesitaban una solución inmediata que les asegurara finalizar el semestre, por lo que se adaptarán algunas aulas del antiguo edificio de Ingeniería, con el objetivo de brindar el espacio para que realicen sus trabajos finales en las últimas cuatro semanas del semestre.

De momento, los grupos de Cerámica buscan acomodarse en algún espacio disponible en el edificio de Artes, para evitar trasladar los hornos. A través de un comunicado, la UCR informó que de manera inmediata se hará una intervención en aquellos aspectos que resulten problemáticos del edificio actual de EPA.

Artes Dramáticas

A los integrantes de la carrera de Teatro se les facilita comprender las circunstancias que viven los estudiantes de Artes Plásticas, ya que ellos han estado fuera del campus universitario alrededor de diez años. La Escuela de Artes Dramáticas (EAD) se encuentra al costado sur del Edificio Saprissa y, por no contar con seguridad, quienes la conforman han sido víctimas de robos en varias ocasiones.

Según Jagdish Hall, vicepresidente de la Asociación de Estudiantes de Artes Dramáticas (AEAD), cada vez es más el hacinamiento. Ante el incremento en la cantidad de alumnos, el espacio se ha quedado corto, al solo contar con seis aulas para poco más de 200 estudiantes.

Tres de dichas aulas se encuentran en el edificio de la carrera, otras dos están ubicadas en el edificio Antares (a 300 metros de la EAD), espacio que la universidad les proporcionó y que comparten con el Programa Integral de Adulto Mayor (PIAM); el sexto lugar es el aula 16 de la escuela de Artes Plásticas, que han tenido que compartir por varios años.

Uno de los mayores problemas con los que deben lidiar estos estudiantes es la seguridad, ya que al contar con poca iluminación en los alrededores, les han robado bicicletas que estaban dentro de la propiedad y, debido al peligro al que han estado expuestos, la escuela decidió empezar a cerrar el edificio Antares todos los días a las cinco de la tarde.

“Supuestamente, ni la Universidad puede mandar seguridad, ni la municipalidad, ni Incofer, es como una zona de la que nadie se quiere hacer cargo”, aseguró Katherine Morales, presidenta de la asociación de estudiantes. Además de la inseguridad, el edificio principal cuenta con problemas de humedad, al poseer escasa ventilación en las aulas donde los estudiantes pasan en constante movimiento.

Los estudiantes de Artes Plásticas de la sede central de la UCR se manifestaron en la Rectoría, cansados de ver cómo las demás facultades mejoran sus edificios, pero ellos siguen con goteras.

Los cursos de la carrera cuentan con aproximadamente 20 estudiantes, y se les complica la dinámica al no tener el espacio requerido. Según Hall, desde hace seis años les prometen que pronto van a invertir en infraestructura.

“Nosotros tenemos un lote a la par que convirtieron en parqueo y llevan mucho tiempo diciéndonos que eso se va a comprar en algún momento, para hacerle una segunda parte a la escuela que probablemente solventará muchos problemas. Sin embargo, eso creo que está lejos de pasar, no nos han avisado nada de cómo ha avanzado la inversión de la escuela de artes dramáticas”, mencionó Hall.

Al no contar con disponibilidad de las aulas, los estudiantes ensayan en zonas verdes de la universidad, afuera del edificio, bajo la lluvia, en el lobby o en el parqueo cuando no está el carro del director, afirmó Morales. Sin embargo, al trabajar con el cuerpo, los actores necesitan condiciones como piso de madera, para evitar golpes y lesiones.

Debido a la falta de mantenimiento, el techo del Teatro Universitario tiene goteras, hace poco se cayó parte del cielorraso y presenta fallas en la corriente eléctrica, por lo que en reiteradas ocasiones se ha ido la luz durante las funciones, lo que perjudica la calidad de las obras. Este espacio sirve para que los estudiantes presenten sus obras y como teatro independiente.

“La conexión eléctrica del edificio no lo soporta. Si usted está en función y conectan un equipo de sonido o un amplificador afuera, se va la luz. La Universidad obliga a que hayan funciones acá y hay un porcentaje que la Universidad se deja y el público que viene activa este espacio, pero no hay mantenimiento. Este espacio sigue siendo el mismo siete años después”, comentó Morales.

Danza Universitaria

La compañía Danza Universitaria también convive diariamente con un entorno precario. Ubicado en el Edificio Saprissa, este colectivo ensaya sus presentaciones en el Teatro Montes de Oca, inmueble que cerró sus puertas al público por no contar con el personal, ni las condiciones adecuadas.

“Nosotros hemos trabajado durante muchos años en malas condiciones, donde se nos mete el agua, hay plagas de ratas, de cucarachas, no hay ventilación ni luz adecuada”, mencionó Verónica Monestel, integrante del grupo.

Al no contar con cielorraso ni entradas de ventilación, durante el verano los bailarines deben soportar altas temperaturas y en invierno lidiar con las goteras.

Según un estudio de salud ocupacional realizado a principios del 2016, además de las plagas y las filtraciones de agua, el teatro presenta problemáticas: hacinamiento, bodegas saturadas, cables eléctricos expuestos, duchas en mal estado, contaminación sónica externa, no cuentan con salida de emergencia, entre otros.

Los artistas aseguran que la Universidad les ha prometido remodelar las instalaciones, pero nunca han visto resultados. “Nosotros como funcionarios de esta universidad creemos que tenemos el derecho de tener condiciones laborales acordes con lo que hacemos”, afirmó Monestel.

La directora, Hazel González, cuenta que se ha cansado de escuchar promesas de remodelación, pero que nada se lleva a cabo, el espacio sigue siendo el mismo con el paso de los años.

“Tenemos espacios en donde el piso se está hundiendo, hay muchísimo comején, la cabina de luces en este momento está invadida por comején. Ahí no se puede parar uno, porque no se sabe si se va a a venir abajo”, manifestó González, quien encabeza la compañía de danza desde hace 30 años.

Las instalaciones del teatro no cuentan con espacio para guardar vestuarios ni escenografías, que muchas veces son muy caras, pero no pueden conservarlos, luego de realizar sus presentaciones.

En invierno, el linóleo que cubre la madera del Teatro Montes de Oca sufre los problemas de infraestructura que posee el inmueble. La remodelación se estima que costaría ₡300 millones.

El comején se ha propagado por las paredes y el techo del sector de butacas, y debido a la filtración del agua a veces caen partículas del techo sobre la superficie del teatro. “Cuando empieza a llover muy fuerte y estamos trabajando, tenemos que parar porque hay goteras importantes en el estudio, también tenemos goteras en la oficina de la directora”, externó González.

Los problemas de iluminación también obligan a suspender los ensayos, al ser un teatro oscuro y sin entrada de luz natural. “Hemos venido trabajando así durante mucho tiempo, a veces se revientan tubos, de pronto se inunda la oficina. La gota que derramó el vaso fue en 2016, en enero, cuando regresamos, olía a animal podrido y del piso salían moscas”, recordó González.

En la compañía aseguran que después del informe de salud ocupacional la Vicerrectoría de Acción Social se comprometió a realizar una inversión en infraestructura. El piso del teatro está cubierto con un linóleo, que se puso porque la madera está muy vieja y se separó, para evitar que los bailarines se lesionen los pies o se rompan las uñas.

“Hace aproximadamente dos años, la Vicerrectoría de Acción Social puso a disposición de Danza Universitaria el presupuesto correspondiente para la remodelación. El presupuesto está listo, pero tiene que haber coordinación entre todas las partes y no se trata únicamente de acciones emprendidas por la administración”, mencionó Henning Jensen, rector de la UCR.

Según Jensen, para remodelar el Teatro Montes de Oca se necesitaban unos ₡300 millones.

“Yo creo que es importante que exista una sensibilidad y que se entienda que los artistas de la U merecemos condiciones tan buenas como otras áreas, como las de salud, ingenierías, ciencias sociales. Nosotros también somos parte de la Universidad”, concluyó González, quien aseguró sentir que ha faltado equidad en el apoyo que brinda la universidad.

La directora de la compañía explicó que le duele que el tiempo pase. Ya que es incierto si a la próxima administración le interesen las artes. González desea que haya más compromiso de la Universidad, para que la próxima administración tenga que continuar con un proyecto.

“Cuando se pase Artes Plásticas a Ingeniería, en el actual edificio de Artes Plásticas, la decana ha reservado espacio para teatro y para danza universitaria”, explicó Jensen. Según el Rector, el proyecto es reintegrar a las Artes al campus universitario, pero para ello es necesario que las partes trabajen juntas.

 


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