Kathleen Merikangas, especialista estadounidense:

“Hemos descuidado la importancia de las conexiones sociales”

La salud mental suele ser un eslabón de la vida que muchos descuidan, con el agravante de que la sociedad actual es sumamente competitiva

La salud mental suele ser un eslabón de la vida que muchos descuidan, con el agravante de que la sociedad actual es sumamente competitiva y en una época en que no hay tiempo que perder. Por eso no debe extrañar que la depresión ocupe uno de los primeros tres lugares de discapacidad global según los reportes de la Organización Mundial de la Salud; incluso, los estudios aseguran que va en aumento, acompañada de otros desórdenes, como la bipolaridad.

La doctora Kathleen Merikangas, investigadora sénior y jefa de la rama de investigación genética epidemiológica del programa de investigación intramural en el Instituto Nacional de Salud Mental (NIMH) en Estados Unidos, expuso sobre este tema en el simposio “Psiquiatría genética, 25 años de historia”.

Dicho foro tuvo lugar el pasado 28 y 29 de setiembre en la Universidad de Costa Rica, organizado por el Centro de Investigación en Biología Celular y Molecular (CIBCM). Algunos de los temas analizados fueron: trastorno afectivo bipolar, esquizofrenia, trastorno obsesivo-compulsivo y neurocognición.

Merikangas se refirió a la psiquiatría genética −su investigación más reciente− y los alcances de la psiquiatría en la salud mental y a los cambios que ha habido en la población por las transformaciones en el ritmo de vida de las últimas décadas.

A continuación, se ofrece un extracto de su entrevista con UNIVERSIDAD.

 

Durante las últimas décadas, el estilo de vida se ha acelerado. Tomando eso en cuenta, ¿cuáles son los rumbos que la psiquiatría debería seguir?

−Una manera de hacerlo sería en el sistema educativo. Empezamos la escuela cada vez más temprano; sin embargo, sabemos que el desarrollo biológico después de la pubertad busca levantarse tarde y si hay algo que podemos hacer para prevenir problemas en la salud mental es asegurarle a la gente un adecuado descanso.

Por otra parte,ya no tenemos familias extensas y las personas se mudan en promedio tres veces. En la cultura latina es muy importante tener familias extendidas, esta es parte de la explicación de que en Estados Unidos tengamos el mayor aumento en depresión, por lo que dices del aceleramiento de la sociedad, pero también por la pérdida de la familia extendida y la cultura de apoyo que está en ella, que puede ayudar a la gente a crecer y prevenir consecuencias de sus enfermedades.

 

Varias de sus investigaciones tienen como población de estudio a jóvenes. ¿Cree que es el público al que se debería dirigir? ¿Está relacionado con la medicina preventiva?

−Bueno, sí. De alguna forma pienso que es interesante el tipo de prevención que tratamos de hacer: (los estadounidenses) gastamos más dinero en prevención de abuso de sustancias que en cualquier lugar en el mundo. El desorden bipolar ocurre usualmente en los 30, así que la razón por la que nos enfocamos en personas jóvenes es porque, si podemos identificar manifestaciones tempranas, podemos evitar la adicción y la enfermedad; una vez que la tienen, esta se resiste a cambiar con el tiempo, pero no creo que podamos ir y tratarlos de manera temprana.

¿Cuál es su posición ética en cuanto a la investigación experimental para el estudio de desórdenes mentales?

−La mayoría del tiempo ves que las personas tienen la subrayada razonabilidad, y raramente desarrollan nuevos desórdenes; de hecho el experimento más natural ahora es sobre el aumento del uso de la marihuana, pero la marihuana es uno de los más importantes causantes de psicosis, esquizofrenia y ataques de pánico; así que pienso, desde una perspectiva pública, que si están tratando de provocar desórdenes en personas que nunca los tuvieron es una seria preocupación ética, pero la gente tiende a hacerse esto ellos mismos.

En la actualidad ¿cuál es el modelo por seguir en atención psiquiátrica?

−Pienso, en la práctica, que hay un gran foco en la genética e investigación sobre el cerebro. Eso es un esfuerzo extremadamente importante y no debe ser minimizado, pero yo creo que al mismo tiempo hemos descuidado la importancia de las conexiones sociales. Muchos de los casos en los que una persona mentalmente enferma sale y mata otros son de persones que habían renunciado a la escuela por su condición y luego fueron separados de su familia; tenemos que mirar cómo podemos unir y educar a las familias, para que reconozcan las condiciones que pueden surgir.

¿Cuál es el espacio que se le debe dar a las terapias alternativas o la fisioterapia dentro de las soluciones en la psiquiatría?

−Siempre empiezo por esos enfoques y luego se siente que la discapacidad de alguien no necesariamente requiere medicación, así que combinas las dos. Si quieres una mejoría duradera ahí son importantes esas opciones. Incluso para personas con psicosis severa, que requieran medicación, necesitamos que hagan terapia de vida, para ayudarles adaptarse a su enfermedad; así que pienso que es esencial que hagamos ambas. Muchos de los principales psiquiatras y psicólogos están de acuerdo en que necesitamos poner esto junto; solo darle una píldora nunca será la única respuesta.

¿Cómo abordan o se debería abordar el tema de la tecnología como método de aislamiento en cuanto a salud mental?

−Estas tecnologías pueden ser usadas sabiamente, pero es importante que lo hagamos de manera muy cuidadosa, que la persona y que nosotros (los psiquiatras) entendamos que se deben saber los riesgos y los beneficios, porque si estoy en tratamiento con una persona por teléfono, estamos a 8 horas de distancia y luego se convierten en suicidas; si no están cerca, entonces no puedo cuidar de ellos. Así que es bastante importante que cuando se usen estas tecnologías pensemos que pueden ser dañinas, que pensemos en el tipo de cosas que podemos esperar, planear y prevenir.

¿Las nuevas tecnologías podrían funcionar como medios para la autodiagnosis?

−Creo que el pensamiento público tiene que ser muy cauteloso, porque hay muchas páginas de Internet con información errónea. Si las universidades y el sistema educativo pudieran apostar por estas páginas, entonces sería una herramienta muy poderosa, y concuerdo en que necesitamos profesionales que puedan detectar lo que hacen estos sitios y la información que brindan.

Usted mencionó el trastorno bipolar como una enfermedad más común de lo que se percibe. Este es un patrón que se sigue aun en las enfermedades más comunes, como la depresión; psicólogos hablan de una normalización del dolor y el sufrimiento, una sociedad insensible. ¿Hablamos de un fenómeno de nuestro siglo?

−Muchos de los desórdenes mentales que estudiamos fueron conocidos a través de la historia, así que no son productos de una nueva sociedad, pero se manifiestan diferente porque los desafíos que tenemos son muy diferentes de los que se tenían en el pasado. Lo que es interesante de nuestra época es que vemos que la depresión es más común en países con más recursos. Ya no tenemos que hacer muchas cosas por la división profesional; por lo tanto, no tenemos la misma actividad física, las familias no son las mismas; tendemos a perder el sueño otro tipo de cosas cuando nuestra vida y sociedad se aceleran.


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