Futuros arquitectos de la UCR y comunidades marginadas atienden carencias

Estudiantes de la Escuela de Arquitectura de la UCR trabajaron en la atención de necesidades de infraestructura, en conjunto con varias comunidades marginales del

Estudiantes de la Escuela de Arquitectura de la UCR trabajaron en la atención de necesidades de infraestructura, en conjunto con varias comunidades marginales del Valle Central. (Fotos: cortesía grupos del curso de Gestión y Formulación de Proyectos)

Juan Pablo Moya, estudiante de Arquitectura de la Universidad de Costa Rica (UCR), se siente orgulloso de que su primera obra constructiva −realizada junto con sus compañeros de carrera− sea un pequeño refugio para que los vecinos de Los Guido de Desamparados puedan tomar el bus de una forma más cómoda, segura y en un lugar más agradable.

El orgullo de Moya proviene del reto que significó para él y sus compañeros de carrera, desarrollar varios proyectos como parte del curso “Formulación y gestión de proyectos”.

Divididos en cuatro grupos de trabajo, se sumergieron en las realidades sociales y las necesidades de infraestructura de algunas comunidades en riesgo social del país, para emprender con ellos diagnósticos, buscar en conjunto soluciones y hacer algunas de las obras planeadas una realidad.

Aparte de Los Guido en Desamparados, los distintos grupos del curso trabajaron en El Erizo de Alajuela, Juan Pablo II, La Deportiva y Pocosol de Alajuelita y San Vicente de Tres Ríos. Todas ellas, comunidades con múltiples problemáticas en materia social y comunitaria, con personas con muchas ganas de colaborar para mejorar su calidad de vida.

“Los estudiantes lograron entender muchas de las realidades, se unieron con miembros de las comunidades y, lo más importante, interiorizaron y tuvieron conciencia de las diferentes necesidades de arquitectura que tienen. Además, adquirieron conocimientos para ser traspasados a otros estudiantes de la carrera”, afirmó el arquitecto Manuel Morales, docente a cargo del curso.

El pasado 30 de agosto, bajo un fuerte sol del medio día, Alicia Uribe, vecina de Los Guido, conmovida de alegría, cortó la cinta de inauguración de la estructura de la parada de buses en esa localidad. Recordó que ese lugar antes era terreno abandonado, donde la gente llegaba a botar basura y atraía a personas con vicios.

Ahora ella y otros vecinos están satisfechos no solo por la parada, sino por las relaciones de cooperación entre vecinos que quieren un barrio más bello, así como estudiantes con ganas de que su proyecto trascienda la nota de un curso académico.

ALAJUELITA, LA UNIÓN, EL ERIZO

Por otro lado, en Alajuelita existen tres comunidades que, a pesar de situarse en territorios cercanos, no tienen comunicación entre sí. Uno de los grupos que trabajó allí impartió pequeños cursos de salud ambiental y creación de huertas; producto de su trabajo, ahora las tres comunidades cuentan con un lugar adecuado para tirar los desechos y clasificarlos.

Kathy Zheng, integrante del grupo a cargo de este proyecto, se mostró esperanzada de que tras los talleres de reciclaje, la creación de huertas y el basurero comunitario que construyeron en estos barrios de Alajuelita, las comunidades puedan tener más comunicación y trabajar juntos para resolver problemas comunes.

Mientras tanto, para llegar a algunas viviendas de San Vicente de Tres Ríos −cantón de La Unión−, sus habitantes tenían que subir altas pendientes sobre peligrosas gradas ‘hechizas’, de tierra y lastre.

Esta situación fue detectada y calificada como prioritaria por otro de los equipos. De ahí que el trabajo realizado todos los sábados de 10 a.m. hasta pasadas las 6 p.m. concluyó en una primera etapa el pasado 31 de agosto. En un acto simbólico, el grupo de estudiantes −junto con miembros de la comunidad− inauguró las gradas y aceras hechas en concreto, que facilitarán y mejorarán el día a día de sus pobladores.

“Una vez que tuvimos el contacto con ellos y detectamos algunas problemáticas, les dimos a escoger dos proyectos para realizar: uno, arreglar el parque de la comunidad; el segundo, reparar las gradas, pues cinco tramos −de 200 metros de pasos peatonales que comunican las viviendas− estaban sumamente deteriorados”, explicó Stephanie Rodríguez, parte del equipo.

Este grupo contó en el apoyo de otros estudiantes de topografía de la UCR, con su ayuda pudieron elaborar los planos para organizar los proyectos. “La idea es que una vez que finalicemos nuestra etapa, los vecinos continúen unidos para seguir con los demás tramos”, expresó Rodríguez.

Otro objetivo para los futuros arquitectos fue El Erizo de Alajuela, un barrio que desde afuera se comenta que es conflictivo y peligroso.

Lo cierto es que los estudiantes que se acercaron allí descubrieron que está lleno de personas trabajadoras, abiertas a transformar su humilde barrio, aunque sus habitantes tienen problemas comunes.

Con ellos se logró la reparación de gradas en alta pendiente, la construcción de sendas peatonales y la canalización de aguas negras. Además, el grupo encargado de esta zona sembró árboles con especies nativas frutales.

ESCUCHAR Y TRABAJAR

En varios barrios intervenidos, los estudiantes se dieron cuenta de que algunos de los vecinos estaban cansados por las visitas de otros estudiantes universitarios, con iniciativas que desaparecen una vez terminados los respectivos cursos, o de universitarios que no se involucran con los pobladores, sino que solamente llegan a imponer lo que desde la academia se cree correcto y no toman en cuenta a los pobladores.

Para fortuna de los vecinos de todas las comunidades, durante meses ellos fueron escuchados e involucrados en los planes por ejecutar.

“Yo tengo más relación con los vecinos de Los Guido que con los vecinos de donde vivo; esta gente (los pobladores) nos ha tratado como familiares, y más que enseñarles algo, nosotros somos los que hemos aprendido demasiado y debemos estar agradecidos con ellos”, confesó Silvia Camacho, estudiante involucrada en el proyecto.

Más que solo analizar, involucrarse y proponer, los cuatro grupos de trabajo idearon las gestiones municipales y administrativas necesarias para emprender los proyectos, así como buscaron la colaboración de varias empresas privadas y organizaciones, para obtener los materiales necesarios para las estructuras, materiales de construcción y pintura.

“Algunos de ellos se llegaron a llamar arquitectos sociales”, comentó Morales, quien considera que las nuevas generaciones de arquitectos deben conocer más opciones de hacer arquitectura, que no necesariamente son los proyectos de tendencia actual y con mucho presupuesto, que dejan una visión elitista a la sociedad sobre lo que es arquitectura.

Algunos de estos futuros arquitectos hicieron ver que la experiencia en estos proyectos les ha ayudado a cambiar su forma de ver la carrera que cursan, pues comprendieron que el mejor aprendizaje se da en la práctica.

Los estudiantes se encuentran organizando una exposición de todos los proyectos juntos que se llamará “Proyectos Semilla”, en la cual invitarán a los vecinos a venir a la Universidad para que puedan compartir sus historias y que se llevará a cabo Jueves 18 de Septiembre, a las 6:00 pm, en la  sala de exposiciones de la Escuela de Arquitectura.

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