Farmacéutica de UCR recibió premio por investigación en medicación múltiple

Estudio en adultos mayores le valió el reconocimiento al Mejor Póster Científico en el Congreso Mundial de Estudiantes de Farmacia organizado por la IPSF.

Una innovadora investigación sobre prescripciones inapropiadas en adultos mayores costarricenses le valió a la recién graduada de la Universidad de Costa Rica, María Laura Bonilla Acosta, el premio al “Mejor Póster Científico”, otorgado en el 64 Congreso Mundial de Estudiantes de Farmacia por la Federación Internacional de Estudiantes de Farmacia.

Dicha investigación la hizo destacar en Mendoza, Argentina, durante el Congreso contra competidores provenientes de universidades de Líbano, Polonia y Catar, donde fue la única representante latinoamericana en la competencia.

Y no es para menos, porque su investigación tiene una gran relevancia para la forma en que se desarrolla la medicación de adultos mayores en el país y plantea una serie de estrategias para establecer una mejora directa en estas prácticas, con lo que genera una oportunidad para que los farmacéuticos se conviertan en agentes de cambio en la atención de estos pacientes.

El estudio desarrollado fue parte de su práctica profesional dirigida en el Programa de Atención Farmacéutica del Paciente Crónico, ubicado en el Hospital San Juan de Dios, la cual es una de las modalidades de graduación que ofrece la UCR para obtener el grado de licenciatura.

Entre los principales resultados detectó que por cada médico prescriptor, para cada adulto mayor, el paciente suele aumentar en dos el total de medicamentos que recibe.

UNIVERSIDAD conversó con María Laura Bonilla, quien explicó los principales resultados de su investigación, el proceso que desarrolló y lo que esta premiación implica para su carrera.

¿En qué consistió su investigación?

–Mi investigación se concentró en el estudio de adultos mayores a 65 años con cinco o más medicamentos en la consulta del Programa de Atención Farmacéutica del Paciente Crónico del San Juan de Dios.

En ese programa se ven pacientes hospitalizados y de consulta externa. Ambos tipos de pacientes se incluyeron en el estudio y de acuerdo con cada una de las poblaciones, saqué las variables.

Lo que hice fue caracterizar variables sociodemográficas como edad, número de médicos prescriptores de medicamentos, número total de medicamentos prescritos, tanto en el hospital como en otros centros de salud que reportaran los pacientes. Esto porque la población del San Juan de Dios incluye áreas como Desamparados, Alajuelita, Santa Ana, entre otros, y bien pueden ir a las clínicas o al hospital a recoger medicamentos.

Entonces anotaba todos los medicamentos que reportaban los pacientes y llamaba a los centros de salud para corroborar las informaciones.

También tomé en cuenta el índice de morbilidad, que da un peso a los diagnósticos de los pacientes; esto está relacionado con padecimientos que tienen como cáncer, hipertensión, hongos en las uñas, alopecia y cefalea, entre otros. Por otra parte, incorporé las variables clínicas, tomando en consideración herramientas internacionales para reconocer prescripciones inadecuadas, como los criterios Beers que son válidos para Estados Unidos y los Stopp/Start que son utilizados en Europa, en el caso de estos últimos se enfocó en los Stopp para reconocer los medicamentos que son riesgosos para el paciente, reducirlos o quitarlos en caso necesario.

Estas herramientas se utilizan en la literatura internacional, pero no en la nacional, lo cual podría ser un reflejo en la práctica local para prescribir a los pacientes adultos mayores; y, aunque se ha demostrado que son muy útiles para reducir riesgos, casi no se usan en el país.

En la investigación fue posible determinar las prescripciones inapropiadas de medicamentos y cuantifiqué cuántas se daban por paciente.

¿Cuáles fueron los resultados más relevantes de su investigación?

–Obtuve muchos resultados, los más interesantes salieron del análisis de asociación: a mayor cantidad de médicos prescriptores, mayor cantidad de medicamentos tendrá el paciente y casi significativamente tendrán mayor cantidad de prescripciones inapropiadas, sobre todo en el caso de aquellos que son atendidos en consulta externa.

Parte del análisis que entablé es que existen debilidades en el sistema, pues aunque se sabe que este tipo de pacientes requieren ser vistos por diversos especialistas, no necesariamente hay una revisión integral de todos los medicamentos que derivan de esas consultas.

Esto puede poner en riesgo su salud, puede suceder que no comprendan bien cómo tomarlos todos o que algunos tengan interacciones con otros y entorpezcan su acción; incluso podría llegar a hospitalizarse un adulto mayor por un mal manejo de los medicamentos. Hay resultados negativos asociados.

¿Cuáles son los medicamentos más relacionados con prescripción potencialmente inapropiada?

–Los que son más riesgosos son los benzodiacepinas, como diazepam, clorazepam, entre otras que se utilizan para la ansiedad, los trastornos obsesivos compulsivos, los ataques de pánico y para el insomnio, que es lo más común. Es importante medir este tipo de medicamentos, pues después del umbral de las cuatro semanas, los pacientes, por lo general, experimentan más perjuicios que beneficios, pero es difícil que lo dejen porque genera adicción.

¿Y en su investigación, por cuánto tiempo tenían la medicación en promedio?

–Algunos la tenían durante años. Es un fenómeno interesante porque a pesar de que existe mucha literatura hay una gran tendencia a seguir prescribiendo estos medicamentos que crean adicción; aunque es claro que, en ocasiones, como el trastorno de pánico son beneficiosos, pero cuando se trata de insomnio el perjuicio es mayor a largo plazo.

¿Qué otros elementos detectó en su investigación?

–También fue posible detectar que el uso de antihistamínicos de primera generación tenía una presencia alta, a pesar de que en la literatura internacional no son tan recomendados. Su principal uso es para procesos alérgicos y antiinflamatorios.

El asunto es que los de segunda generación son más modernos y provocan menos sueño; además los de primera generación se relacionan con efectos negativos, pues llegan al sistema nervioso central del cerebro y producen efectos en la cognición a largo plazo; es decir, en las habilidades psicomotoras, por lo que provocan riesgo de caídas. También es normal que se usen como coadyuvante del sueño.

Un limitante metodológico fue que no tuve acceso a los expedientes de los pacientes, esto es una desventaja porque los pacientes no siempre conocen todos los diagnósticos.

¿Cuáles fueron las recomendaciones de la investigación?

–Plantee estrategias para que como farmacéuticos podamos disminuir estas prescripciones inapropiadas. Una de ellas podría ser algo tan simple como producir un brochure informativo, con los posibles efectos negativos, el tipo de prescripción y las terapias alternativas que existen y entregar este material a los equipos de salud y pacientes.

También hacer un abordaje interdisciplinario de los polimedicados, para que exista una coordinación y un equipo interdisciplinario con los diversos especialistas que dan atención a los adultos mayores, para que juntos aborden estrategias para identificar factores de riesgo, medicamentos a intervenir y buscar el mejor resultado.

También incorporar esquemas de prescripción para poder ir quitando de a poco medicamentos, sobre todo aquellos que son adictivos y que afectan el sistema nervioso central.

Además, acompañar en la implementación de terapias como higiene del suelo, restricción del tiempo en la cama y terapias que no implican medicamentos para que logren calidad del sueño.

Por último, capacitar a los especialistas en la implementación de test para determinar el deterioro cognitivo y dar un seguimiento del efecto negativo que están teniendo los medicamentos a largo plazo y hacer recomendaciones.

¿Durante cuánto tiempo llevó a cabo la investigación?

–Por seis meses, que duró mi internado, que es la práctica profesional de la universidad.

¿Qué implica este premio para usted?

–Para mí era suficiente con participar, pero ha tenido una respuesta tan positiva que implica que sí podemos ser agentes de cambio, tenemos las herramienta y el deber por ser más activos en el equipo de salud. Podemos dar nuestro aporte, detectar cosas que no se han detectado antes, mejorar la salud de los pacientes y evitar que efectos negativos se produzcan.

Es bueno para el paciente y el sistema de salud, y es una prueba de que los farmacéuticos tenemos las herramientas para aportar a la salud de los adultos mayores.


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