Universitarias

Exdirigentes de la FEUCR creen que la fórmula de “renovación de oferta electoral + mejor comunicación + mayor vínculo con la UCR” equivale a mayor participación estudiantil

En entrevista con UNIVERSIDAD, Karen Marín y Natasha García, exlideresas del movimiento estudiantil, coincidieron en la necesidad de recuperar la cercanía, la comunicación y el sentido de pertenencia como la clave para revertir la caída en la participación estudiantil.

La participación estudiantil solo se recuperará si se renueva la oferta electoral, mejora la comunicación y se reconstruye el vínculo con la Universidad de Costa Rica (UCR), como un espacio común. Solo así —coinciden exrepresentantes ante la Federación de Estudiantes de la Universidad de Costa Rica (FEUCR)— se podrá revitalizar la vida política estudiantil y devolver fuerza al movimiento estudiantil.

El desplome de la participación electoral estudiantil en las elecciones federativas de la UCR volvió a evidenciarse este año, cuando se registró uno de los niveles de abstencionismo más altos de la última década.

En el marco de esta cobertura sobre el desinterés creciente en el movimiento estudiantil, UNIVERSIDAD consultó a dos voces con experiencia directa en el liderazgo estudiantil: Karen Marín Argüello, expresidenta de la FEUCR en 2023, y Natasha García, exrepresentante estudiantil ante el Consejo Universitario en el mismo periodo. Pese a provenir de partidos rivales (Marín de Alternativa y García de Integra), ambas coinciden en problemas estructurales que hoy profundizan la apatía.

“Cada vez más se pierde ese sentido de estancia con la Universidad. En vez de ser esa casa que se quiera cuidar, trabajar y luchar, es simplemente un recinto de estudio”, Natasha García.

Marín, pronta a graduarse en Enseñanza de los Estudios Sociales, afirma que la baja participación no es un fenómeno nuevo, pero que este año confluyeron elementos que acentuaron la caída.

“Venimos de una gestión federativa erosionada, marcada por el descontento por lo ocurrido con los conciertos de Semana U, la falta de posicionamiento ante temas relevantes relacionados con la Rectoría y una percepción general de poca vinculación con la comunidad estudiantil”, señaló.

A esto se sumó que solo dos partidos lograron inscribir candidaturas. Según ella, esa limitación redujo la capacidad de llegar a más personas y restó dinamismo a la campaña.

Mientras tanto para García, Relacionista Internacional por la Universidad Nacional (UNA) y estudiante de Dirección de Empresas en la UCR, el abstencionismo también refleja un distanciamiento creciente con la Universidad como espacio de pertenencia.

“Cada vez más se pierde ese sentido de estancia con la universidad. En vez de ser esa casa que se quiera cuidar, trabajar y luchar, es simplemente un recinto de estudio”. Marín aporta una lectura complementaria al señalar que buena parte del estudiantado no se entera de que hay elecciones hasta muy tarde, lo que impide conocer planes de trabajo más allá de lo que circula en redes. “No basta con saber qué dicen que harán, sino cómo lo harán”, advirtió.

Desconexión con estudiantes

Ambas identifican, además, un problema común: la desconexión entre las estructuras federativas y la población estudiantil. Según Marín, uno de los obstáculos más fuertes es la percepción de que el movimiento estudiantil “no aporta” y que su papel se limita a hacer ruido. A pesar de que protestar es parte de su historia, insiste en que el movimiento también genera soluciones y propuestas que fortalecen a la Universidad. García también señala que la comunicación ha sido insuficiente y que los esfuerzos de las federaciones y asociaciones no siempre se visibilizan: “puede existir esta errónea percepción de que no se está realizando nada en su sentido literal, pero hay mucho trabajo de muchísimas personas que no se observa o se desconoce”.

Otra coincidencia entre ambas exlideresas es la necesidad de transformar la manera en que se convoca al estudiantado. Marín considera que una campaña más activa podría marcar una diferencia real.

“Convertir la campaña en una verdadera fiesta democrática ayudaría muchísimo: dos semanas llenas de actividades accesibles y con flexibilidad académica para participar”, propone.

García recuerda que, en su experiencia, estrategias presenciales fueron clave para reducir el abstencionismo cuando ella fue candidata. “Se hicieron pasadas por aulas, tanto presenciales como virtuales, se conversaba con asociaciones estudiantiles, se realizaba giras en donde personas se nos sumaban al partido y eran quienes en sus propias sedes hacían actividades para hacer sentir que había un proceso electoral en curso, se hacían cafeteadas y actividades culturales”, entre otras actividades que destacó.

El papel del Tribunal Electoral Estudiantil Universitario (TEEU) también genera lectura compartida. Marín reconoce que el tribunal cumple con su labor técnica, pero señala que la participación no puede recaer solo en esa instancia. Requiere —dice— una articulación profunda entre partidos, asociaciones y órganos federativos para que el estudiantado comprenda cómo funciona el entramado político. García coincide y considera que se deben revisar los mecanismos de acompañamiento a quienes buscan inscribir partidos: procesos rígidos y plazos ajustados, afirma, pueden desincentivar iniciativas que renovarán la oferta electoral.

Ambas destacan que la comunicación constante es indispensable para recuperar la confianza. Marín sostiene que “la representación estudiantil se ejerce estando presentes, no desde la distancia”, mientras García enfatiza que la comunicación debe ser estratégica y articulada con las asociaciones, quienes mantienen el vínculo más directo con la comunidad. Las dos insisten en que la FEUCR y sus órganos deben apostar por relaciones horizontales y abiertas.

¿Cómo revertir la baja participación en el Movimiento Estudiantil?
En sus propuestas finales, Marín afirma que la clave está en reconstruir la cercanía: “El rol es servir y no servirse”. A lo que añadió que cuando la representación se desconecta, la participación se desploma. García coincide y destaca la importancia de fortalecer comisiones, abrir espacios para primer ingreso y promover actividades que devuelvan sentido de comunidad: “La apatía se combate con el acercamiento, con intentar entender a nuestros pares y buscar soluciones con ellos”.

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