Universitarias

Desigualdades se acentúan entre estudiantes de universidades públicas ante la virtualización

Doce estudiantes de universidades públicas narran sus limitaciones socioeconómicas y de acceso digital para atender los cursos virtuales. Nueve de ellos solicitaron que se protegiera su identidad, algunos por temor a represalias.

50 minutos en bus invertía Warner Núñez desde su casa hasta la Sede Atlántico en Turrialba, antes de que cerraran las universidades por la emergencia nacional.

El estudiante de Música y Ciencias de la Comunicación Colectiva no estudia en esa sede de la Universidad de Costa Rica (UCR), pero era su mejor alternativa para conectarse a Internet y atender sus trabajos universitarios, cuando decidió dejar temporalmente el apartamento que alquila en San José para regresar con su familia a Turrialba y reducir gastos.

Enrique Alvarado alquila un apartamento en San Pedro, pero por la emergencia regresó a su casa en Guayabo de Mora, donde tiene problemas de acceso a internet. (Foto: Enrique Alvarado).

En su casa la señal de Internet del plan de datos móviles es deficiente. Ahora permanece entre semana en casa de un familiar ––a una hora de la suya–– para atender las clases virtuales.

Así como Warner, muchos otros estudiantes de universidades públicas enfrentan desafíos para atender la modalidad virtual: no tienen acceso a Internet, no cuentan con computadora, la señal es deficiente, el estado de su salud mental se ha deteriorado y se suman las complicaciones económicas.

“Las y los estudiantes estamos inmersos en realidades distintas, por lo que vivimos la cuarentena de forma distinta y no estamos bajo las mismas condiciones para recibir clases y aprender realmente”, dijo Gabriel Núñez, estudiante de Sociología en la Sede Rodrigo Facio.

Gabriel es vecino de una zona rural en Desamparados. Según contó, la señal móvil y el acceso a Internet son limitados. Esto ha sido un obstáculo para conectarse a sus clases virtuales, e incluso comentó que se presentó 40 minutos tarde a su primera lección virtual por complicaciones con la conexión.

Las propuestas de Gabriel son similares a las de otros estudiantes: retirar cursos sin costo económico, la no ponderación del semestre o la suspensión del mismo.

“Movilizar recursos para encontrar la forma en que otros estudiantes tengan acceso a tecnología, llámese computadora o tabletas, y que puedan conectarse a Internet y acceder a sus clases”, aportó Enrique Alvarado, estudiante de Ciencias de la Comunicación Colectiva y vecino de Guayabo de Mora.

La situación de Enrique no es muy distinta a la de sus compañeros universitarios: la señal de Internet donde reside es intermitente y hay días en que no funciona.

“La principal limitante es económica”, mencionó. Pese a que cuenta con los recursos tecnológicos, de momento no puede costearse una conexión de mayor velocidad.

Además, para Enrique la atención de clases sincrónicas ––en tiempo real–– como videollamadas o explicaciones en vivo con sus profesores se ha complicado, primero por la conexión y posteriormente por el proceso de aprendizaje en sí.

“Yo aprendo más interviniendo, no solo escuchando; entonces, no poder dar aportes en clase o al menos hablar, me cuesta (…) en casa yo podría leer los contenidos pero no se me graba tanto como si estuviera en una clase”, comentó.

La última directriz emitida por la Rectoría de la UCR el viernes 3 de abril indica que la universidad continuará en modalidad virtual “en todos los cursos que sea posible”.

Por su parte otras universidades públicas, como la Universidad Nacional (UNA), retomaron lecciones virtuales este lunes, tras un período de suspensión para que los profesores trabajaran en planes de contingencia para sus cursos.

El Tecnológico de Costa Rica (TEC) mantiene la suspensión del curso lectivo en todos los campus.

Doce estudiantes de universidades públicas accedieron a conversar con UNIVERSIDAD para comentar sus casos. Nueve solicitaron que se protegiera su identidad, algunos dicen que por temor represalias.

Gabriel Núñez es vecino de una zona rural de Desamparados. Una de sus preocupaciones es la salud mental de los estudiantes que tienen dificultades de acceso. (Foto: Gabriel Núñez).

Complicaciones económicas

A mí me da miedo, porque si la U suspende el semestre y me quita la beca, ¿yo qué voy a hacer? Yo vivo de la beca”, comentó un estudiante de Marina Civil de la UCR que solicitó no ser identificado.

No cuenta con computadora pero, según mencionó, espera que la universidad continúe depositando la beca para regresar desde su casa hasta Limón ––cerca de la sede–– donde podría conseguir una computadora prestada y tiene mejor señal.

Para el estudiante la suspensión no es la mejor alternativa y considera que la universidad podría hacer un esfuerzo por apoyar a los estudiantes con los medios necesarios para continuar los cursos.

“Suena un poco egoísta de mi parte, pero yo tengo temor de que la U nos vaya a dar la espalda a todos si llega a suspender el semestre”, agregó.

Según datos del 2019 de la Vicerrectoría de Vida Estudiantil UCR, alrededor del 75% del total de estudiantes de sedes regionales tienen beca.

“Yo dependo de la beca así que no me sirve dejar todo botado”, dijo un estudiante de la carrera de Gestión Cultural en la Sede del Pacífico.

El estudiante, vecino de Puntarenas, no tiene computadora y no ha podido regresar a su hogar porque allí no cuenta con Internet. Su opción temporal es alquilar en otro lugar pero la falta de computadora lo ha atrasado con los cursos y teme perderlos, en parte porque depende de mantener la beca.

A la dependencia de becas se suman otras dificultades económicas como consecuencia del COVID-19, ya que familiares de estudiantes han visto reducida su jornada laboral o la demanda de sus servicios o sus contratos de trabajo han sido suspendidos. “El trabajo de mi papá disminuyó por la situación”, comentó Enrique, de Comunicación Colectiva.

Además, para atender los asuntos universitarios algunos estudiantes y sus familias han tenido que invertir en pago de Internet o mejora del servicio que ya tenían.

“Mi mamá de hecho tuvo que contratar nuevamente un plan de unos pocos megas (…) ella lo había cancelado porque se quedó sin trabajo y el Internet estaba siendo casi que un lujo en nuestra casa; sigue siéndolo, solo que ella lo está viendo como una obligación a pagar para que yo pueda estudiar”, expresó una estudiante de Ingeniería en Biosistemas de la UCR, vecina de Desamparados, quien también comentó que vive en una zona montañosa donde no hay buena cobertura.

También, la falta de Internet y las restricciones de movilidad han complicado el regreso de algunos estudiantes a sus hogares y, en ocasiones, deben pasar confinados en solitario y lejos de sus familias.

Una estudiante de primer ingreso de la carrera de Dirección de Empresas en la Sede del Pacífico comentó: “alquilo un cuarto cerca de la U, pero la mayoría de mis compañeros de habitación se fueron a sus casas, el lugar no es muy seguro (como para estar sola); además, estaba presentando problemas de salud, por lo tanto decidí regresar a mi pueblo”.

Semestre más corto

La UCR inició las lecciones virtuales el pasado lunes 13 de marzo, sin embargo, esa fecha fue el inicio oficial de las clases en algunas unidades académicas.

Por ejemplo, la Escuela de Estudios Generales ––cuyos cursos matriculan una gran parte de la población de primer ingreso–– suspendió lecciones en el período que comprende del 12 de marzo al 3 de abril y acordó la virtualización de todos sus cursos desde el 13 de abril hasta el 15 de mayo, reduciendo de momento la cantidad de semanas que tiene un semestre regular.

“Mis profesores planean ver todos los temas de esos cursos, sin recorte alguno; dicen van a «compactar la materia», para que los objetivos se cumplan, pero son puntos que dicen «intentarán», porque la universidad les demanda ver todos los temas en las 12 semanas”, mencionó la estudiante de Ingeniería en Biosistemas que pidió no ser identificada.

En la UNA el semestre se extendió por dos semanas más, tras haber sido suspendido por dos semanas para que los profesores presentaran sus planes de contigencia ante un semestre que ya estaba avanzado.

Dos estudiantes de comunidades indígenas de Talamanca narraron su situación a UNIVERSIDAD y solicitaron que se protegiera su identidad.

Ambos ingresaron este año a la carrera de Gestión Empresarial del Turismo en el Campus Sarapiquí de la UNA y presentan problemas de acceso a Internet y recursos tecnológicos.

Al inicio los profesores no conocían el caso, dijo uno de ellos. No obstante, posterior a conocer la situación buscaron los métodos que se adecuaran y han resuelto enviar material vía WhatsApp y correo electrónico.

Sin embargo, el otro estudiante expresó que sus condiciones no le permiten atender muchas de las asignaciones y eso le preocupa, ya que él tiene ganas de estudiar pero no puede.

“No cuento con computadora y mi celular no funciona bien. No tengo luz eléctrica en mi casa para cargar, tengo que ir a pedir a los vecinos”, narró.

Los estudiantes de Talamanca vivían en residencias estudiantiles; no obstante, les solicitaron desalojar por la emergencia nacional y están a la espera de soluciones integrales para su situación.

Por otro lado, en las distintas universidades públicas estudiantes denuncian que los profesores solicitaron trabajos aún cuando se mantenía la suspensión temporal del curso lectivo y que en algunos casos han exigido la presentación de trabajos a estudiantes sin recursos para realizarlos y fijan fechas de evaluación sin haber dado la materia.

Por ejemplo, en las últimas semanas circularon capturas que los mismos estudiantes divulgaron sobre un profesor de la Sede del Caribe, quien al parecer expresó que aquellos que no pudieran continuar con el semestre lo siguieran en otro momento. El caso fue presentado ante la Dirección de la Sede y se resolvió en los días siguentes.

Según Gabriel Núñez, de la carrera de Sociología, y otros estudiantes que compartieron su situación, la asistencia de sus compañeros a las clases sincrónicas ha sido reducida.

“A las dos clases que he recibido no nos hemos conectado ni la mitad de las personas matriculadas, por lo que me pregunto: ¿qué pasó con los demás? ¿Tienen acceso a la virtualidad de los cursos?”, agregó Núñez.

Los mensajes del profesor llevaron a los estudiantes a presentar la situación ante la dirección de la Sede.

Salud mental

Las universidades públicas declararon el 2020 como el año de la salud mental. Así, se comprometieron a articular esfuerzos para prevenir el deterioro psicológico o emocional, propiciar actividades y mejorar el bienestar de la comunidad universitaria.

Sin embargo, en el contexto del aislamiento e incertidumbre por el COVID-19, las dificultades para atender las obligaciones universitarias pueden sumarse a la vulneración de la salud mental del estudiantado.

Según un estudiante de Administración de Tecnologías de Información del TEC, pese a que las lecciones se suspendieron, le preocupa cómo se abordará todo cuando el semestre sea reanudado.

El estudiante vivía en residencias estudiantiles del TEC pero con un día de antelación les informaron que debían desalojar.

“Yo entré un poco en shock porque aunque las dirigencias de residencias justificaron que dejarlas era por nuestro bien, a mí me pareció inseguro hacer todo el viaje hasta Pérez Zeledón”, comentó.

Otros estudiantes aseguraron que el mismo confinamiento les ha afectado y eso influye en sus estudios.

“En mi núcleo familiar se está viviendo mucho el estrés y ansiedad por la misma cuarentena, por la cuestión de que mi mamá está sin trabajo, pues ella es el único ingreso de dinero que tenemos además de mi beca (…) Como estudiante estoy padeciendo bastante ansiedad, porque no hay un espacio que me funcione específicamente para estudiar”, expresó la estudiante de Ingeniería en Biosistemas.

A la espera de soluciones

El estudiantado ha manifestado que exigen soluciones urgentes e integrales para que nadie quede rezagado.

“Para mí la suspensión sería aceptable porque la U nunca ha estado completamente preparada para dar todos los cursos en modalidad virtual (como pretende hacerlo ahora) (…) Estamos siendo conejillos de India en algo que ellos están viendo como una prueba riesgo-beneficio”, expresó la estudiante de Ingeniería en Biosistemas.

Las propuestas son diversas y críticas, siendo una de las más polémicas la suspensión del semestre, aunque destacan entre las preocupaciones la matrícula de cursos anuales, la cercanía entre los ciclos y lo que pueda ocurrir con las becas y horas asistente.

“Sería importante que se tome en cuenta a todos los estudiantes. Si van a impartir clases virtuales pero hay estudiantes que no pueden, que se tomen en cuenta y no se les deje por detrás”, dijo Enrique Alvarado.

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