Universitarias

Conozca al científico tico que Alemania escogió para liderar varias de sus misiones contra el COVID-19

En diciembre del 2020, el Dr. Andrés Moreira Soto fue escogido para liderar la misión alemana que le permitió a Costa Rica recibir 100.000 pruebas PCR

El viernes 4 de diciembre del 2020 se comunicó la noticia de que Costa Rica recibió una donación alemana de 100.000 pruebas de reacción en cadena de la polimerasa (PCR, por sus siglas en inglés), cuyo valor asciende los 219 millones de colones y que hoy son utilizadas para el diagnóstico del COVID-19.

Sin embargo, quizá lo que usted no sabe es que detrás de esa contribución para la salud pública nacional estuvo un joven científico costarricense que lo hizo posible: Andrés Moreira Soto, virólogo y miembro de la cátedra de Virología Médica de la Facultad de Microbiología de la Universidad de Costa Rica (UCR).

Moreira, quien en este momento está realizando un posdoctorado en el hospital Charité de Berlín (uno de los más renombrados de Alemania y antiguos de Europa), fue el encargado de liderar la misión científica alemana que le permitió a Costa Rica recibir los kits (equipos)

Pero no solo eso. Este científico costarricense también fue seleccionado para dirigir misiones en otros países como Benín, ubicado en África subsahariana, Ecuador y República Dominicana.

“Una de las razones del porqué me eligieron para liderar fue por mi experiencia previa en otras misiones orientadas al mejoramiento, diagnóstico e intercambio científico. Con la llegada del nuevo coronavirus, el jefe pensó en mí para dirigir esta nueva tarea”, comentó el joven.

Su recorrido académico y profesional así lo demuestran. Con tan solo 34 años de edad y siete años de residir en Alemania, este virólogo ya contabiliza el liderazgo de varias encomiendas. En el 2012 empezó a trabajar con enfermedades emergentes.

Cuando llegó a Alemania hizo varias misiones contra el zika en el 2015 y en el 2016 en Brasil. Posteriormente, en el 2017 fue de nuevo a ese país sudamericano para ayudar a combatir una de las mayores epidemias de fiebre amarilla que aquejó a esa nación.

Al llegar la pandemia producto del SARS-CoV-2, su trabajo y estudios dieron un nuevo giro. Su aporte se enfocaría en la respuesta a la pandemia, conocimiento que no dudó en poner al servicio de la salud pública nacional e internacional.

Además de los kits entregados, que fueron parte de un donativo del Ministerio Federal de Cooperación Económica y Desarrollo de Alemania (BMZ), bajo la representación del ministro Federal Gerd Müller, el costarricense impulsó el intercambio de conocimientos.

Andrés Moreira Soto, virólogo, cuando conversaba con el Presidente, Carlos Alvarado, en su visita al país el 4 de diciembre. (Fotografía facilitada por la ODI)

En toda una semana, el científico costarricense y los otros integrantes de la misión —conocidos como el equipo Alemán de Intervención Rápida en Salud (SEEG) organizado por LA Sociedad Alemana de Cooperación internacional (GIZ, por sus siglas en alemán)—compartieron experiencias entre el personal del Instituto Costarricense de Investigación y Enseñanza en Nutrición y Salud (Inciensa), la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS) y el Ministerio de Salud Pública (MSP).

Entre los temas abordados estuvo el de la dotación de laboratorios, el control de calidad del diagnóstico del SARS-CoV-2, el manejo de pandemias y el monitoreo epidemiológico.

“No solo era entregar insumos, sino intentar ver cuáles eran las deficiencias y las necesidades de cada país”, agregó Moreira.

Con un limitado tiempo, pero gran disposición, este investigador nos regaló unos minutos para entrevistarlo. A un científico tan dedicado al tema del COVID-19, no se le podía dejar ir sin antes preguntarle por tres aspectos claves que hoy inquietan al mundo de la ciencia: los efectos a largo plazo de la enfermedad, los casos de reinfección y los potenciales falsos positivos por COVID-19.

 

Dr. Moreira, me llama la atención su preparación. Usted es un veterinario de base, graduado de la Universidad Nacional (UNA) y desarrolló su maestría en la Facultad de Microbiología de la UCR con énfasis en virología. ¿Cuál fue el motivo por el cual escogió a Alemania para desarrollar sus estudios de doctorado que, justamente, hoy lo llevan a liderar varias misiones contra la pandemia?

—Cuando empecé en la UCR la maestría en Microbiología, llegué a donde la Dra. Eugenia Corrales Aguilar. Ella me preguntó qué iba a trabajar y yo le respondí: coronavirus en murciélagos.

La Dra. Corrales Aguilar me apoyó. Fue una espinita que tuve, que me pareció importante y dije: «tengo que ser especialista en coronavirus».

Desde que empecé a buscar información sobre coronavirus en murciélagos me aparecían demasiadas publicaciones del Instituto Clínico de Bonn.

El Dr. Christian Drosten, que es el codescubridor del SARS 1, era el director del Instituto. Empecé a trabajar en mi proyecto, lo incluí por medio de la UCR e inicié un contacto con el Dr. Drosten para mostrarle mis resultados.

Luego, le pregunté si tenía espacio para un doctorado en la Universidad Clínica de Bonn. Él me dijo que sí y me incluyó en el equipo de trabajo. Así inicia mi contacto con Alemania y, ahí mismo, saqué mi Doctorado en Medicina Experimental con énfasis en Virología”.

-¿Y qué resultado arrojó esa primera investigación de coronavirus en murciélagos realizada en Costa Rica?

—Los coronavirus que encontramos en los murciélagos de Costa Rica están muy lejos de los coronavirus humanos. Es decir, se registraron muchos, como es de esperar, pero están muy lejanos, en cuestión genética de los coronavirus que enferman a las personas. Entonces, muy probablemente nunca lleguen a causar nada en la gente, porque son muy específicos de los murciélagos. Estas son buenas noticias”.

Ahora bien, Dr. Moreira, hoy usted es parte del Charité de Berlín. ¿Cómo llegó ahí si estaba en el Instituto Clínico de Bonn?

— El Dr. Christian Drosten encontró otro trabajo y se cambió de la Universidad Clínica de Bonn a la Universidad Charité de Alemania. Todo el equipo se pasó con él, incluido yo. Eso fue en el 2017, que era el año en el que estaba terminando mi doctorado. En ese momento, estaba haciendo las gestiones para regresar al país, pero se me generó otra espinita, sentía que, por una extraña razón, debía estar en el Charité.

Pensé que tal vez necesitaba un poco más de experiencia y concluir algunos proyectos iniciados sobre Costa Rica. Luego, vino la pandemia y seguí acá”.

Cuando llega la pandemia, ¿qué papel le piden a usted ocupar para atender la emergencia en Alemania antes de iniciar las misiones internacionales?

—Cuando China secuenció el virus y lo hizo público a todo el mundo, fue una locura. Un día después, el Charité sacó el famoso protocolo Berlín y lo distribuyó en toda Alemania. Estábamos igual que el resto del mundo: no sabíamos sobre la transmisión del virus.

Entonces, a mí me piden ser parte del equipo de respuesta y apoyar en la vigilancia y comportamiento del nuevo coronavirus. Poco o poco, y gracias a las medidas tan estrictas de distanciamiento social y uso de mascarillas, bajamos la curva. No me quiero imaginar qué hubiera pasado si no hubiéramos tenido todas estas reglas de salud pública”.

 En su caso particular, ¿qué fue lo que le sedujo de ese país europeo y cómo resaltaría la importancia del vínculo entre Alemania y Costa Rica e, incluso, con la misma UCR?

—Lo que me sedujo es que Alemania está a la vanguardia de todos los métodos de investigación y diagnósticos en lo que concierne a los coronavirus. El SARS-CoV-2 no fue la excepción. Alemania es uno de los países líderes en temas científicos y eso se vio reflejado en la pandemia. El Hospital Charité, donde trabajo, se convirtió en un hospital de referencia para la Organización Mundial de la Salud (OMS).

En cuanto al vínculo, creo que para Costa Rica es sumamente provechoso. Desde que inició la pandemia, estuvimos en contacto con los científicos del Inciensa y hasta participamos en la secuenciación de los primeros genomas del SARS-CoV-2 del país.

En el grupo de trabajo, del que soy parte, bajo el liderazgo del Dr. Drexler, estamos muy fuertes en lo relacionado con la cooperación científica en la región latinoamericana. Dicha colaboración inició desde la epidemia del Zika y de fiebre amarilla.

Precisamente, ¿ese el motivo por el cual ustedes promueven la donación de 100.000 kits de pruebas PCR para Costa Rica?

—Sí. Antes de hacer las misiones hay siempre un diálogo entre las partes alemanas y el país al que iremos. No solo es entregar insumos, sino intentar ver cuáles son las deficiencias y las necesidades de cada país.

En el caso de Costa Rica, fueron 100.000 kits, pero también se dejaron otros kits para hacer validación dentro del laboratorio. Ahora, se tiene la idea de hacer más misiones, posteriormente, en caso de que se necesiten otras cosas”.

Usted mencionó que Latinoamérica posee deficiencias muy parecidas en el marco de la pandemia. ¿Cuáles son esos faltantes que caracterizan a la región y que hacen a Costa Rica no ser la excepción?

—En un momento fue la deficiencia de reactivos para hacer las PCR. En otra ocasión, ha sido la falta de capacidad para escalar la cantidad enorme de muestras que se tenían que hacer por día. Otro ha sido la generación de nuevos tipos de diagnósticos como los kits rápidos.

Según el comunicado de la Casa Presidencial y del Ministerio de Salud, ustedes tuvieron un fuerte intercambio científico durante toda una semana. Me gustaría saber más sobre ese intercambio y a qué acuerdos concretos se llegó.

—Se habló de ayudar con un laboratorio de bioseguridad tipo 3, muy necesario para el estudio del virus, el aislamiento en cultivo celular y hacer análisis de serología (sangre) para ver si una persona tiene anticuerpos o no.

Asimismo, se discutió sobre cómo mejorar el diagnóstico, usar otros métodos como las pruebas de antígeno, además de promover un laboratorio más seguro para el operador y el diagnóstico per se (por sí mismo).

De igual forma, hablamos de nuevas posibilidades para generar información científica relevante en la toma de decisiones de salud. Por ejemplo, en el caso de la vacuna, definir la población prioritaria y dónde iniciar la vacunación. Ya para esto hablamos con el ministro de salud, Daniel Salas, quien ha hecho un gran trabajo.

En el intercambio de conocimiento estuvieron funcionarios de la UCR, específicamente del Laboratorio de Virología y el Centro de Investigación en Enfermedades Tropicales (CIET-UCR). Una fue la Dra. Eugenia Corrales Aguilar y el Dr. David Loría, quienes han sido fundamentales en la respuesta y en dar asesoría. También con la CCSS y el Inciensa de diferentes facultades.

¿Considera usted que la labor realizada por Costa Rica es digna de felicitar en algún aspecto? Si es así, ¿cuál sería el motivo?

— Claro que sí. Dentro de los aspectos a felicitar es que Costa Rica no se ha dejado influir por las dificultades económicas que esta pandemia trae.

Ya sabemos que es algo difícil para todos los países y, en especial, para el sector turístico. Hasta agosto del 2020, el país fue ejemplo mundial con la baja cantidad de casos. Fue todo un referente centroamericano de control de la enfermedad.

 

¿Y cree que Costa Rica debe mejorar algo en relación con su respuesta de atención contra el COVID-19?

—Sí. Como pequeñas cosas de laboratorio, más soporte a la ciencia y mejorar la comunicación científica efectiva con la población general.

Lo anterior es sumamente difícil, empezando porque trabajamos con algo que no se ve. La mejora para Costa Rica es simplificar y mejorar la comunicación científica para que la población acate y pueda entender mejor el porqué de todo lo que está pasando”.

Dr. Moreira, simplemente no lo puedo dejar ir sin hacerle algunas preguntas adicionales que siguen inquietando a los científicos y es lo conocido como long COVID-19: un término en inglés para las personas que siguen con síntomas del COVID-19 cuando ya no tienen el virus activo en el cuerpo. ¿Se tiene alguna información nueva que ayude a explicar el porqué se da esto?

—Esto todavía está en investigación. Se ha visto que es algo muy individual. Hay un artículo científico que explica que las personas con long COVID-19 poseen una respuesta diferente. Entonces, es algo relacionado con el sistema inmune de la persona. Es una situación complicada y se están haciendo muchos estudios para conocer el perfil inmunológico de la persona con long COVID-19”.

¿Podría esa respuesta inmune tan individual influir en los casos de reinfección que son cada vez más recurrentes?

—No creo que los casos de reinfección sean más recurrentes. Pienso que si buscamos algo lo vamos a encontrar. Cada vez tenemos mejores herramientas para buscar y, para algunos investigadores es muy importante encontrar casos de reinfección.

Ya hemos visto casos de coronavirus ocasionales que enferman a las personas y luego estas se recuperan sin ningún problema.

Es aún difícil saber si es un caso de reinfección, pues solo se sabe con la secuenciación de genomas completos y muchos análisis filogenéticos. Varios casos de reinfección, incluso, podrían ser por contaminación entre laboratorios”.

Hay un artículo científico publicado por el Centro para el Control y Prevención de Enfermedades de los Estados Unidos (CDC) que relata cómo los estudios de seroprevalencia pueden estar sesgados por otros agentes que circulan en zonas tropicales, incluyendo nuestro país. ¿Cuáles son esos otros agentes que pueden estar causando falsos positivos de COVID-19?

—Bueno. Lo primero es tener claro qué es la seroprevalencia. Cuando un paciente se enferma por COVID-19, primero tendrá el virus en las vías respiratorias, generará un aumento del virus y luego se va a transmitir. Posteriormente, viene el sistema inmune que producirá inmunoglobulinas (anticuerpos que se detectan en las pruebas de serología).

Las primeras inmunoglobulinas que suben son la inmunoglobulina A (IgA) y la inmunoglobulina M (IgM). Después de unos cuantos días, sube la IgG (la defensa a largo plazo del organismo). Esa respuesta inmune IgG queda por mucho tiempo.

Nosotros lo que hacemos es detectar esas inmunoglobulinas para saber cuántas personas de la población han estado expuestas sin saberlo. Entonces, los estudios de seroprevalencia son para tener un estimado poblacional de cuántas personas se han infectado.

Hay muchos test (pruebas) para medir los anticuerpos. Algunos de ellos, que nosotros hemos probado en África, tienen reacciones inespecíficas. Esto quiere decir que detectan COVID-19 cuando no hay. Por ejemplo, malaria, zika y dengue. Estos son los agentes que circulan y que pueden estar causando sesgos. En el caso de Costa Rica son el dengue y el zika.

Por esa razón, desde el Charité estamos trabajando en saber cuál es el algoritmo diagnóstico para tener seroprevalencia real en una población. Esto no significa más que una dificultad diagnóstica para ver qué porcentaje de la población verdaderamente ha resultado infectada.

Vinculado con lo anterior, ¿cree que las pruebas rápidas en Costa Rica tengan algún futuro en el país? Lo pregunto porque la PCR sigue siendo el estándar de oro.

—Costa Rica tiene una estructura bastante buena para realizar PCR y la cantidad necesaria. Las pruebas rápidas son tan solo una herramienta que no reemplaza a la PCR. Es decir, son una ayuda para lugares y poblaciones específicas en donde se puedan usar. La PCR sigue siendo la mejor prueba para detectar el virus.

 

Ir al contenido