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Claudio Cabezas: “A mis 70 años pienso que todavía estoy demasiado joven para estudiar”

El artista y pintor conversó con UNIVERSIDAD sobre su regreso a las aulas después de más de 40 años ysobre su nueva exposición de arte

Claudio Cabezas es un pintor costarricense y actual estudiante de la Universidad de Costa Rica. Después de haber dejado a medias la carrera de artes plásticas hace más de 40 años por motivos personales, decidió que era hora de volver a las aulas para conseguir la ansiada licenciatura.

A sus 70 años, Cabezas es todavía un estudiante sobresaliente, con notas arriba de 9. Actualmente se encuentra terminando los únicos cuatro cursos que le quedaron pendientes para obtener la licenciatura: Repertorio, Seminario de Realidad Nacional I y II y Francés.

En sus primeros años de Universidad, Claudio fue compañero de destacadas figuras que luego serían reconocidas con el Premio Magón, como Jorge Jiménez Deredia, Pedro Arrieta, Manuel Vargas y Aquiles Jiménez.

También, apenas a los 17 años fue director de arte de la empresa  Yanber S.A. y dueño más tarde de su propia empresa. En la Universidad, fue presidente de la Asociación de Estudiantes de Bellas Artes y más tarde profesor de Artes Plásticas, Artes Gráficas y Diseño Publicitario.

Después de abandonar sus estudios para dedicarse a la familia y la empresa que estaba creando, Cabezas decide volver a sus 70 años a las aulas de Bellas Artes, a concluir lo que comenzó. Junto a esto, inaugura también la que considera la exposición de arte más importante de su vida: Migración Fragmentada.

¿A qué edad comenzó su pasión por el arte?

-Como a los cinco años. En realidad, me sentí siempre con cierta habilidad de hacer manualidades. Mi papá a los cinco años me regaló un banco de carpintería para una Navidad, con todas las herramientas habidas y por haber. En esa Navidad, papá nos regaló a mi hermano menor y a mí unas maquinitas de tren como las que salían en canal 7 inicialmente, entonces ya con el banco de carpintería, sin saber leer ni escribir, hice los vagones del tren de mi hermano y los míos. Eso me estaba indicando una cierta habilidad. En la escuela seguí dibujando y a la edad de 12 años, cuando entré al colegio, me di cuenta de que podía dibujar a otra persona, que la persona quedaba parecida. Entonces eso fue muy interesante. Así comenzó todo.

¿Por qué tomó la decisión de volver a la U ahora, a esta edad?

-Porque me lo debía. “Manda la trampa” quedarme así a tan poco de lograr la licenciatura… Lo que yo quiero es seguir trabajando. Me gustaría dar lecciones en una Universidad, es una alternativa. ¿Por qué no pensar que puedo ser elegible? Con el título soy elegible, sin el título no soy nada.

¿Qué tan difícil ha sido volver?

-Yo llegué al futuro. Entré a repertorio con un profesor excelente. Pero por ejemplo, el profesor dijo uno de los primeros días “bueno, de hoy en ocho tienen que hacer un collage y hablar sobre tales libros” y yo “bueno yo me aprendo el libro y todas esas cosas, pero profesor, ¿qué es un collage?” Y todo el mundo se rio, porque en realidad yo estaba destiempado, totalmente en otro mundo donde mis compañeros era compañeritos bien peinaditos y olorosos a shampoo y al perfume que se echan actualmente, todos muy bien vestidos; ya no eran mis compañeros malolientes, hippies, comunistas de hace 40 y pico de años. Era hasta más viejo que el profesor. Entonces me tuve que enfrentar al futuro.

¿Qué tal ha sido manejar el aspecto de la tecnología?

-Yo me la juego, creo. La gente joven cree que nació con esa tecnología y mentira, cuando hace 35 años empezaron a llegar las primeras computadoras y todo eso yo tuve que aprender, y aprendí un montón de programas. Entonces yo soy un abuelo diferente de mi papá y mi propio abuelo. Sé manejar la computadora. Los abuelos de este tiempo son diferentes.

¿Cree que haya una brecha generacional que impide la comunicación con los compañeros?

 -Es que no empato. No hay forma de que empate con esta generación, pueden ser mis nietos. A pesar de que yo hablo y hablo y me dirijo a ellos y les doy consejos y todo.

Yo me cambié de la clase de los lunes a los viernes y pensé “aquí voy a tener compañeros y por lo menos una cerveza me voy a poder tomar con ellos porque ya es de noche” y nada que ver. En tres cursos yo creo que he tenido como cinco amigos, con costos. Una de dos, o soy discriminado o yo no sé cómo entrarles. Además de que yo vengo por una materia, eso es parte de lo más difícil. Entonces cuando le pregunto a alguien “¿ahora qué vas a hacer?” me dice que tiene que ir a la facultad de aquí y de allá porque están llevando cualquier cantidad de materias y di yo solo estoy llevando una. Lastimosamente mi hija se fue para México, pero era la única con la que me tomaba una cerveza de vez en cuando ahí en el Fito’s. De lo contrario, nada que ver, soy todavía un dinosaurio cualquiera aquí en la Universidad.

¿Cuál es su inspiración, de dónde se inspira para pintar?

-Yo tengo todavía mi pasado revolucionario, considero que mi inspiración es revolucionaria, es social. Mis cuadros tienen un carácter social que posiblemente en este momento no concuerda mucho con lo contemporáneo. Para mí tiene sentido hacer un montón de rayas,  por ejemplo, porque representa nuestro paisaje diario. Las líneas dividen el paisaje virgen a un paisaje lleno de mallas, de hierro, verjas y cables. Entonces yo hablo de que no tenemos un paisaje virgen sino que todo lo vemos a través de líneas.

¿Esta nueva exposición, Migración Fragmentada, de qué trata? ¿Qué quiere reflejar con ella?

-Los problemas de migración siguen y fragmentados por muchas causas, entre la migración y la identidad de las familias, que se fragmenta, por ejemplo. La fragmentación es como el pan nuestro de cada día. Migración Fragmentada son ocho obras individuales que conforman todas juntas el mural. Además de esa hay 15 cuadros, relacionados al tema de la fragmentación. Esta es la exposición más importante que hago.

La exposición de Cabezas, Migración Fragmentada, es del 24 de mayo al 20 de junio en las instalaciones del Centro Cultural Costarricense Norteamericano, en San Pedro. La entrada es totalmente gratuita y las obras están a la venta para su adquisición.

 

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