Menos autoras cuando hay hombres como “investigadores principales”

Científicas deben superar más obstáculos para publicar en zoología y ecología

Una investigación que analiza publicaciones académicas destaca la importancia de equilibrar las condiciones para hombres y mujeres.

Hace unos años, la bióloga Jennifer Stynoski vio una foto de una vieja conferencia científica en Costa Rica. Era un encuentro de especialistas en herpetología, la ciencia que estudia a los anfibios y reptiles, como las ranas, las culebras y los cocodrilos. Algo llamó su atención en una fotografía tomada en Palo Verde: de 32 personas, solo tres eran mujeres.

“Notamos que en los congresos de herpetología casi no había mujeres y las que habían eran estudiantes”, dice Stynoski , quien es herpetóloga e investigadora de la Universidad de Costa Rica.

Esto no es necesariamente nuevo, porque hay evidencia a nivel nacional e internacional de que hay menor participación de mujeres en campos científicos. Sin embargo, la bióloga ahora tiene nueva evidencia de cómo el género influye en la carrera científica: hay menos mujeres publicando artículos académicos cuando hay un investigador principal hombre.

Si el investigador principal es un hombre, en promedio el 20% de sus coautores son mujeres. Si la investigadora principal es una mujer, 60% de los coautores son mujeres.

Sus hallazgos salieron publicados en un artículo académico en junio en la revista académica PLOS One.

“Nuestros hallazgos sugieren que hay sesgos implícitos y estereotipos que las mujeres enfrentan en laboratorios liderados por hombres y que pueden ser el origen de la exclusión de las mujeres o de carreras truncadas en ecología y zoología”, dice el equipo de autores en la publicación.

“Si los hombres pueden publicar más frecuentemente que las mujeres, están en una mejor posición para competir académicamente.”

Jennifer Stynoski, Bióloga UCR y autora del estudio

¿Cómo llegaron ahí?

Junto con otras tres colegas con experiencia en universidades norteamericanas, Stynoski se hizo una pregunta: ¿qué estará pasando en el contexto de la ciencia latinoamericana?

Decidieron buscar datos en zoología y ecología y se enfocaron en el documento más importante para la vida académica: los artículos publicados en revistas especializadas. Para la comunidad científica, estos documentos crean o destruyen carreras y una publicación puede tardar años. Con frecuencia, la productividad de un académico se mide por qué tan frecuentemente publica y si lo hace en revistas “de impacto”.

Ellas tomaron casi 7.000 artículos académicos publicados entre 2002 y 2016 en 16 diferentes revistas académicas: algunas especializadas en la región y otras de perfil internacional. Por cada artículo, analizaron quiénes eran el equipo de investigación, si eran hombres o mujeres y el género e institución del último autor en la lista, que tiene una importancia clave en el campo.

El equipo de Stynowsky se centró en la figura del investigador principal (IP), la persona que usualmente lidera un laboratorio o un grupo de investigación y trabaja con colegas con menos experiencia. Por ejemplo, en un laboratorio de genética, puede que haya una Investigadora Principal que coordina el trabajo y cinco especialistas con menos experiencia.

Con frecuencia, cuando los nombres del equipo de autores se enlista en un artículo académico, el IP va al final. En la investigación de PLOS One de la que trata este texto, el nombre de Stynoski va de último, luego de sus tres otros colegas.

El dato más revelador es la poca cantidad de mujeres publicado en estos campos. Las mujeres fueron solo el 28% de todas las personas autoras. Aún más, si bien hay un incremento en los últimos años, este fue muy limitado: de 27% en el 2002, el primer año de su muestra, la participación subió a 31% en 2016.

“Todo mundo dice que esto es generacional, pero si solo ha subido cuatro puntos en casi 15 años, entonces yo tengo mis dudas”, dice la bióloga.

Para su sorpresa, encontró poca diferencia entre lo que pasaba en América Latina y en el resto del mundo.Una vez que analizaron los artículos por zona geográfica, había la misma tendencia.

Cuando el PI era un hombre, tenía una fuerte influencia sobre la participación de las mujeres y solo el 18% de sus coautores eran científicas. Cuando era una mujer, esa proporción crecía a 63%.

“Si los hombres pueden publicar más frecuentemente que las mujeres, están en una mejor posición para competir académicamente”, apunta Stynoski.

En Costa Rica, los datos son particularmente negativos para las mujeres. Entre los artículos analizados que tenían un investigador principal hombre en el país, la mediana estaba en 0. Eso sugiere, explica Stynoski, que una parte importante de la muestra no tenía ninguna mujer.

Mentoría

Un elemento que las autores del estudio destacan es que es crucial que las estudiantes y científicas más jóvenes encuentren modelos a seguir en otras académicas de alto nivel. Para eso, las instituciones científicas tienen que abrir más espacios.

“En ecología, un campo donde hay sobrepresentación de mujeres estudiantes y subrepresentación de mujeres en altos niveles académicos, es crucial tener investigadores principales mujeres para retener a más académicas jóvenes”, escribieron en PLOS One.

A nivel global, el colectivo 500 Científicas busca empoderar a las mujeres para que logren todo su potencial en la ciencia. Una manera fundamental de hacerlo es mostrar modelos a seguir: si yo como mujer joven interesada en ciencia veo a científicas destacando en el campo que me gusta, voy a pensar que se puede hacer.

Cuantas más mujeres líderes puedan ver las niñas, incluyendo en ciencia, más fácilmente se imaginarán en estos puestos. Sin embargo, va más allá de solo tener “más mujeres”, sino que también hay que considerar la diversidad dentro de la visibilidad, como explicó la oceanógrafa Melania Guerra para un especial publicado en UNIVERSIDAD en marzo.

“Si es una niña indígena que ve a una mujer indígena haciendo ciencia o una niña negra ve a una mujer negra hacer ciencia, entonces ella también puede verse ahí”, dijo Guerra en marzo.


¿Qué puedo hacer?

1. Tener claro quién está publicando qué en mi grupo de investigación y si hay un balance entre las labores entre hombres y mujeres, de modo que no publiquen ellas menos que ellos.
2. Apoyar a las científicas en períodos de embarazo y maternidad y darles a los hombres las mismas oportunidades de licencia de paternidad, para equiparar condiciones.
3. Dar espacios a mujeres y apoyarlas para que puedan continuar con su carrera, aunque a veces implique sacrificar algunos privilegios.


 


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