Ciencia para salvar al arte descubrió dos nuevas especies de hongos

El descubrimiento se produjo gracias a un proyecto del Ciprona de la UCR junto al CENIBiot del Centro Nacional de Alta Tecnología.

Un equipo de científicos de la Universidad de Costa Rica (UCR) y del CENIBiot (laboratorio del Centro Nacional de Alta Tecnología Cenat-Conare) fue llamado hace dos años a investigar qué especies de hongos estaban deteriorando unas obras de arte del siglo XIX pertenecientes a la colección de la Escuela de Artes Plásticas de la UCR.

El objetivo, propuesto por la química Geraldine Conejo, era que si se conocía específicamente qué tipos de hongos estaban afectado estas litografías, obras de arte, ella podría entonces crear compuestos químicos más específicos para atacar esos hongos y proteger las obras.

Las dos nuevas especies de hongos encontradas fueron llamadas por los científicos Coniochaeta cipronanaPericonia epilithographicola.

La sorpresa llegó cuando, luego de tomar las muestras y analizarlas en el laboratorio, los científicos encontraron que dos de las 21 especies de hongos contenidas en las obras no se encontraban en ninguna base de datos del mundo. Habían dado con el descubrimiento de dos nuevas especies de hongos para la ciencia mundial.

Una vez confirmado esto, se hicieron todos los procesos de reporte para que estas especies quedaran debidamente inscritas a nivel mundial, en GenBank (base de datos de secuencias genéticas de los Institutos Nacionales de la Salud de Estados Unidos), CBS-KNAW (la colección más grande de cultivos de hongos y bacterias) y Mycobank (base de datos de la Asociación Internacional de Micología).

Además, al ser especies nuevas descubiertas por primera vez, los científicos tuvieron la oportunidad también de darles un nombre.

“Cuando son especies nuevas, tenemos la posibilidad de darles un nombre y ahí viene una de las cosas bonitas del trabajo. Uno se le dedicó al Ciprona, Coniochaeta cipronana, y el otro es Periconia epilithographicola justamente por la litografías, un nombre que relacione de dónde fue aislado”, contó el químico y biólogo molecular encargado del proyecto, Max Chavarría.

Este hallazgo se encuentra ahora revelado en un artículo de libre acceso publicado a principios de mayo en la revista Scientific Reports.

PROCESO DE DESCUBRIMIENTO

La investigación de este proyecto contemplaba el análisis de un total de 13 litografías de varios artistas europeos del siglo XIX, entre ellos Bernard Romain Julien (1802-1871), las cuales presentaban un gran deterioro debido, entre otras cosas, a la acción de los hongos.

“Estoy trabajando un proyecto de investigación para desarrollar un producto para atacar los problemas de deterioro que tienen las láminas causadas por la acidez y por la acción de los hongos. La primera etapa era identificar cuáles eran esos hongos para luego poder probar el producto de manera específica”, detalló al Cenat Geraldine Conejo, investigadora de la Escuela de Química y del Instituto de Investigaciones en Arte, de la UCR.

Para poder realizar este análisis, los expertos utilizaron la técnica de hisopados, que consiste en tocar ligeramente las obras con hisopos para posteriormente ponerlas en medios de cultivo específicos y usar otra serie de técnicas para determinar qué especie de hongos son.

Una vez hecho esto, los científicos pudieron caracterizar 19 de las 21 especies encontradas con técnicas genéticas, que consiste en tomar fragmentos específicos y compararlos con bases de datos para saber qué especie es.

“Sin embargo, con dos de ellos no salía nada. Entonces tuvimos que recurrir a otras técnicas morfológicas, que ahí nos ayudaron muchísimo Priscila Chaverri y Efraín Escudero, y con caracterización morfológica lograron determinar que esas especies eran nuevas”, indicó Chavarría.

Según el investigador, otro aspecto muy interesante del trabajo es que no solo se encontraron dos especies nuevas, sino que también se descubrió que esos hongos se han adaptado a vivir en condiciones muy pobres de nutrientes, porque se alimentan únicamente de papel. Eso significa que estos hongos han desarrollado una actividad lignocelulósica, que consiste en degradar la celulosa que puede ser interesante para otros procesos biotecnológicos, por ejemplo, con residuos agroindustriales. Esto debido a que la pulpa de celulosa es la materia prima para la producción de papel y también está presente en los desechos agroindustriales.

“Aquí tenemos un gran problema con los residuos de piña, de caña de azúcar; todos estos son desechos que son un problema de contaminación ambiental y que se ha buscado herramientas de cómo aprovecharlos o eliminarlos. Entonces, por ejemplo, este tipo de hongos que crecen usando este tipo de sustratos, podrían ser interesantes para una potencial aplicación”, manifestó Chavarría.

CIENCIA PARA EL ARTE

El trabajo realizado en conjunto por los científicos del Ciprona y del CENIBiot tiene varias aristas de importancia, pero quizá el más atractivo es el uso de la ciencia para la preservación y conservación del arte.

Salomón Chaves, restaurador de la Escuela de Artes Plásticas de la UCR, destacó el valor académico de esta colección, la cual fue adquirida en 1897 en el Taller de Vaciados de la Reunión de Museos de Francia. La colección consta de cerca de 1.000 litografías agrupadas por series temáticas.

Chaves y su equipo iniciaron el proceso de rescate de las obras en el 2014 y ya tienen cerca del 98% restauradas. El experto afirmó que estas investigaciones científicas son de gran ayuda para la labor de restauración de obras tan antiguas.

“El objetivo del producto que trabaja Geraldine es disminuir la acidez en el papel y frenar el avance de los hongos o incluso matarlos. El daño que producen los hongos es irreparable, pues cuando estos empiezan a digerir la celulosa esta se vuelve frágil y se quiebra de modo que se hacen grandes huecos y manchas en el papel. La investigación del CENIBiot fue clave para identificar cuáles eran esos hongos”, indicó al Cenat el experto.

Por su parte, Max Chavarría manifestó a UNIVERSIDAD que el trabajo tiene varios componentes importantes: uno biotecnológico, que es el interés de ese tipo de actividad biológica; uno de biodiversidad, porque se están reportando dos nuevas especies; y uno de protección del arte de Costa Rica, porque gracias a este estudio se van a poder desarrollar algunos compuestos químicos que más selectivamente ataquen a estos hongos para poder proteger en mejor manera estas obras.

Esto último es justamente el paso que sigue en la investigación: comprobar si los compuestos químicos elaborados por Conejo sirven verdaderamente contra estos hongos.

“Los compuestos que tiene Geraldine nosotros los vamos a probar ahora en el laboratorio contra los hongos, para ver si los mata. Si vemos que los mata o reduce su crecimiento, ya podemos decir entonces que este compuesto puede utilizarse en la propia obra de arte. Es mejor hacer esas pruebas en el laboratorio que ponernos a hacerlas sobre las obras, ya que al tener los hongos aislados podemos probar mejor los compuestos para ver si se puede reducir el biodeterioro”, concluyó el científico.

El artículo sobre el estudio se puede encontrar en la revista Scientific Reports bajo el nombre “Two new cellulolytic fungal species isolated from a 19th-century art collection”.

 

 

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